"¿Qué tan romántica será la muerte cuando me venga a buscar?", se pregunta Antonia Holzapfel en la canción que da nombre al segundo disco de Anttonias. Y, para llegar a formularla, el quinteto primero necesita atravesar once canciones de resentimiento, culpa, deseo y contradicciones amorosas. ¿Qué tan romántica será la muerte? toma la estructura de un duelo para organizar una historia en cinco actos. El punto de partida es la rabia; el destino, una forma de reconciliación con la propia finitud. Entre ambos extremos, la banda se permite explorar algunas de las miserias menos confesables de las relaciones humanas.
El sucesor de su disco homónimo fue grabado entre mayo y agosto de 2026 en Estudios del Sur, con producción de Bastián Grañas y Nicolás Resnikoff, quien también se ocupó de la mezcla. La masterización quedó en manos de Daniel Osorio. Durante esas sesiones, los músicos experimentaron con texturas, efectos sonoros y silencios, mientras incorporaban experiencias acumuladas durante los últimos dos años. El resultado responde a una decisión conceptual: las canciones comparten símbolos y conflictos que adquieren sentido a medida que avanza la escucha.
La idea de un álbum narrativo, en tiempos de canciones pensadas para circular de manera independiente, supone cierta confianza en la paciencia del oyente. Anttonias apuesta por una secuencia en la que cada composición modifica la lectura de la anterior. Los ángeles, el alma, los anillos, la piel y el fuego aparecen como elementos de un mismo vocabulario, aunque sus significados cambian según el momento del relato. La muerte, por su parte, comienza como un deseo dirigido hacia los demás y termina convertida en una posibilidad que el narrador contempla para sí mismo.
Ese desplazamiento queda planteado desde "Verlos morir", la canción que inaugura el recorrido. Su contenido político apunta contra la impunidad histórica y el negacionismo, con una posición que rechaza el olvido frente a determinados crímenes. A continuación, "El dolor" traslada el conflicto hacia el terreno de las relaciones personales: la dificultad de aceptar una separación cuando ambas partes reconocen el desgaste, pero ninguna termina de asumir la ruptura.
El segundo acto introduce una de las obsesiones que atraviesan el disco: la confusión entre amar a alguien y asumir la responsabilidad de salvarlo. En "Por los siglos de los siglos", la figura de un ángel protector sirve para narrar el agotamiento de quien entrega demasiado y descubre que su sacrificio resulta insuficiente. La promesa de permanecer junto al otro, tan frecuente en el imaginario romántico, adquiere aquí un significado menos tranquilizador. El amor puede sostener, pero también consumir a quien insiste en reparar aquello que escapa a su control.
En ese territorio aparece "Honestidad", una de las piezas que permiten comprender el concepto general del álbum. Felipe Sanzana, bajista del grupo, tomó como referencia la relación entre Amy Winehouse y Blake Fielder para construir una historia que también recoge sus propios conflictos internos. El tema aborda la indecisión entre quedarse o partir, pero desplaza el problema hacia una pregunta más incómoda: cuánto de lo que llamamos engaño comienza, en realidad, con las mentiras que nos contamos a nosotros mismos. "Última palabra" prolonga ese desencanto mediante la pérdida de fe en aquello que alguna vez ofreció certezas, desde una relación amorosa hasta las creencias religiosas.

Del amor como sacrificio al deseo como contradicción
A mitad del recorrido, el disco abandona progresivamente la lógica del sufrimiento amoroso para concentrarse en las posibilidades -y los riesgos- de recuperar cierta autonomía. "Espíritu" plantea una discusión interna entre la prudencia y el impulso, entre el miedo a equivocarse y la necesidad de tomar decisiones. La composición avanza de manera gradual hasta desembocar en un estribillo de mayor intensidad, donde la voz de Holzapfel ocupa el centro de esa tensión.
"Te obsesionas con sentir" lleva el problema hacia la gratificación inmediata. La canción aborda la adicción como una forma de deseo que persiste incluso cuando sus consecuencias resultan evidentes. Se trata de otro desplazamiento respecto de las primeras composiciones: el peligro ya no proviene exclusivamente de las acciones de los demás, sino también de los impulsos propios. El relato empieza a reconocer que la libertad puede resultar tan inquietante como la dependencia.
La figura del ángel reaparece en "Un ángel disparó", aunque esta vez con un significado diferente. Sanzana escribió la canción como una dedicatoria a sus padres, a partir del reconocimiento del cuidado recibido y de la posibilidad de tomar decisiones sin perder ese respaldo familiar. El símbolo que antes representaba el desgaste de intentar salvar a otra persona se transforma en una imagen de protección. Es una de las maneras en las que el álbum establece correspondencias entre sus canciones sin repetir necesariamente sus conclusiones.
Pero el conflicto más directamente vinculado con la experiencia de la banda aparece en "Azul". Holzapfel escribió el tema como respuesta a los comentarios sexistas dirigidos hacia Anttonias, especialmente aquellos que circulan desde el anonimato de las redes sociales. La canción pone en discusión las expectativas sobre cómo debería comportarse o sonar una agrupación encabezada por una mujer. Para hacerlo, la cantante recurre a una suerte de sátira de la propia identidad musical del quinteto, imaginando una adaptación de su sonido a aquello que ciertos prejuicios consideran apropiado para un público femenino.
La operación adquiere otra dimensión por el lugar que ocupa Holzapfel como vocalista. En lugar de limitarse a responder a los ataques, utiliza la canción para discutir quiénes establecen los criterios de legitimidad dentro de una escena musical. El cierre incorpora un poema que cuestiona la atribución histórica de reconocimientos a los hombres cuando el trabajo corresponde a una mujer. De esta manera, "Azul" interrumpe el recorrido sentimental del álbum para introducir una discusión sobre género, representación y autoridad artística.
La muerte como última conversación
El tramo final recupera una perspectiva vinculada con la fragilidad de los vínculos. En "Almas contra el tiempo", el guitarrista Oscar Concha parte de un período de dificultades personales para reflexionar sobre la facilidad con la que determinadas certezas pueden desaparecer. La canción trabaja sobre una paradoja: ante la posibilidad del final, la memoria suele regresar al comienzo. Más que una conclusión sobre la muerte, propone una reflexión sobre el tiempo disponible para compartir con quienes forman parte de nuestra vida.
Finalmente, "¿Qué tan romántica será la muerte?" reúne las preguntas que el disco fue distribuyendo a lo largo de sus cinco actos. La letra comienza con una confesión y una despedida: "me confieso al viento / me puedo ir en paz". Hay un pedido de perdón por los conflictos, los desacuerdos y la ansiedad, aunque también una negativa a arrepentirse de todo lo vivido. La aceptación del error convive con la reivindicación de las propias decisiones.
La insistencia en la pregunta que da título a la canción introduce una ambigüedad interesante. La muerte aparece personificada como alguien que viene a buscar al narrador, casi bajo las convenciones de un encuentro amoroso. La repetición importa porque el tema evita ofrecer una respuesta definitiva. Después de atravesar el odio, el engaño y el miedo, la voz parece dispuesta a contemplar su desaparición sin la violencia con la que antes imaginaba la de otros.
El recorrido también encuentra una traducción visual. La banda desarrolló internamente la dirección creativa del proyecto y trabajó con la fotógrafa Claudia Ardid en una serie de imágenes realizadas en el Cementerio General de Recoleta. La elección del espacio prolonga el universo de símbolos construido por las canciones y sitúa la idea de la muerte en el centro de la identidad gráfica del lanzamiento.
La formación se completa con Diego Sanzana en guitarra y Agustín Plaza en batería, junto con Holzapfel, Felipe Sanzana y Concha. Los cinco participaron en la composición de un repertorio que recoge experiencias individuales y las organiza bajo una misma estructura narrativa. Esa convivencia de perspectivas explica parte de las diferencias entre canciones: algunas parten de conflictos íntimos, otras de discusiones sociales y otras de preguntas sobre la existencia.
En definitiva, ¿Qué tan romántica será la muerte? encuentra su argumento en una contradicción. Comienza imaginando la desaparición de los demás y termina preguntándose por la propia, como si para aceptar el final primero fuera necesario revisar las distintas maneras de sufrir, desear y lastimar. Hay una distancia considerable entre pedir que alguien muera y preguntarse cómo será morir. Anttonias dedica once canciones a recorrerla.