"Bailar es sentimiento, pasión, es la historia, la vida misma". Así lo sentencia un tano de tez bronceada y larga cabellera blanca, mientras una sucesión de imágenes nos traslada a la península itálica: la bandera tricolor, un tablero ferroviario que anuncia destinos como Nápoles y Verona y otras estampas de un Mediterráneo exuberante. Finalizada la disertación sobre las virtudes del movimiento, el hombre plantea la pregunta que da sentido a tanta ceremonia: "¿Qué es bailar o morir?". En cuestión de segundos, Ale Sergi entra en escena, introduce un casete en una consola y pone en marcha la fiesta.
La secuencia inaugura el cortometraje de dieciséis minutos dirigido por Lautaro Espósito y Ale Ruax, estrenado el 27 de octubre como anticipo de Bailar o Morir, el debut discográfico de BOM, la flamante sociedad musical que Sergi integra junto a Lali y Juliana Gattas, su compañera en Miranda! desde hace casi veinticinco años. La historia de esta aventura se remonta a las grabaciones de La Voz Argentina, cuando los tres se entretenían fantaseando con versiones de repertorio ajeno. De varias conversaciones surgió la propuesta de componer un EP de covers y, tiempo después, comenzaron a frecuentar el estudio de Ale, donde trabajaron junto al productor Mauro de Tommaso. "Nos juntamos a hacer canciones y nos sorprendió la facilidad con la que empezaron a surgir las ideas", comparte Ale en conversación con Billboard Argentina.
Piano piano, el juego se les fue de las manos: al cabo de unas pocas sesiones, aquella ocurrencia entre amigos había dado material suficiente para grabar un disco entero. "Boludo, hicimos un álbum. ¿Qué hacemos?", recuerda Lali que se preguntaron cuando el material alcanzó las catorce composiciones. De ese caudal eligieron diez, bautizaron al grupo y comenzaron a perfilar su propio universo visual. "Empezó a gestarse como un personaje nuevo, una especie de monstruo de tres cabezas. El desafío era darle una estética y una personalidad a esa criatura", explica Juliana.

Bailar o Morir, destacan, es "una síntesis perfecta de lo que sienten en sus corazones". Y, a juzgar por el resultado, su química resulta más interesante que la suma de sus nombres. Hoy, 3 de noviembre a las 21 hs, el álbum llega a las plataformas a través de Sony Music con un repertorio que transita entre el italo disco, el dance pop y el house. Sintetizadores, bajos secuenciados y pianos rítmicos recuperan la sintaxis sonora de la electrónica de los ochenta, en una propuesta que deja entrever ciertas filiaciones con el rock argentino.
Días antes del lanzamiento, Ale, Juliana y Lali conversan por teléfono desde distintos puntos del mundo para reconstruir los pormenores de esta sociedad musical. Entre anécdotas del estudio y alguna que otra digresión, las charlas derivan hacia el sexo, los estragos de la edad, la relación histórica del pop con la comunidad LGBTQIA+ y las miserias de la coyuntura argentina. Después de todo, los tres conocen demasiado bien las adversidades de la vida como para andar dando lecciones de optimismo. Prefieren hacer canciones que permitan olvidarse de ellas por un rato. O, como dice Sergi, recuperando un viejo refrán: "Si estás en el baile, hay que bailar".

El título plantea una consigna: bailar o morir. ¿Qué representa para ustedes el baile en esta etapa de sus vidas?
Ale: Bailar es vivir, es moverse, no quedarse quieto. Es ir para adelante, siempre. Es agitar el cuerpo y, de alguna manera, liberar la mente, pero también alimentarla. Creo que esa sensación de libertad que experimentás cuando estás bailando, metido de lleno en la música y compartiendo con otras personas, modifica tu manera de actuar y de pensar. Es algo positivo, que hace bien. Por eso, para mí, bailar es vida. Y el título tiene bastante que ver con eso: vivir o morir. Creo que el baile es algo realmente crucial.
¿Cómo surgió BOM? Lali, en la entrevista que hicimos para tu portada de septiembre del año pasado en Billboard Argentina, ya habías mencionado la posibilidad de hacer un proyecto juntos.
Lali: ¡Manifesté! En ese momento no existía nada. El otro día vi un recorte en las redes y pensé: "Mirá, parece que lo tenía planeado". La verdad es que, cuando estábamos haciendo La Voz, siempre jugábamos en el backstage a imaginar qué canciones nos gustaría versionar. Después pasó el tiempo, yo estuve a full con mi disco No vayas a atender cuando el demonio llama (2025) y seguimos viéndonos como siempre. Hasta que, en una de esas juntadas, surgió la propuesta de hacer un EP de covers y terminamos componiendo temas propios. Una cosa llevó a la otra y, cuando quisimos acordar, ya teníamos varias.
Después, como Juli y yo somos bastante obsesivas con los conceptos y la estética, empezamos a flashear con el universo visual. Queríamos que tuviera algo de Miranda! y de mi proyecto, pero que al mismo tiempo fuera una identidad nueva, propia de los tres. Y creo que lo logramos.
Por lo que cuentan, Lali y Juliana tuvieron un papel central en la construcción de la estética de BOM. Entre sus referencias habituales están Madonna, David Bowie y el cine de Pedro Almodóvar. ¿Qué influencias tuvieron presentes al momento de definir la identidad visual del proyecto?
Juliana: Es todo muy lúdico, muy guiado por caprichos y por las ganas de citar algo que siempre quisimos hacer y que, de pronto, para esto encaja perfecto. Madonna, Bowie y Almodóvar son referencias constantes en las carreras pop de ambos grupos. Pero para este proyecto en particular siempre pensamos con Lali que no predominara ninguno de los dos. Entonces empezó a gestarse un personaje nuevo. El desafío era vestirlo, darle una estética y una personalidad a esa criatura.
En el estudio aparecía constantemente la idea de aprovechar que estábamos uniendo dos proyectos que, al menos acá en Argentina, no necesitan demasiadas explicaciones sobre de qué van. Eso nos permitía jugar desde un lugar un poco más seguro y ser más minimalistas: menos gestos, menos caricaturas, menos chiste. Que todo se entendiera con poco, porque ya había una parte explicada.
Lali: No sé si viste Backrooms, que juega con esa confusión entre lo real y lo imaginario, entre lo tangible y lo artificial. Nos interesaba explorar esa idea, la dificultad de distinguir qué pertenece a la realidad y qué es parte de la fantasía que uno construye en su cabeza. Entonces imaginamos dos universos: uno más ligado a la calle, a lo cotidiano, y otro mucho más fantasioso, donde nunca terminás de saber qué es verdad y qué no. La idea es ir moviéndonos entre esos dos mundos.
¿Qué lugar ocupa el cuerpo en su manera de hacer música?
Lali: Todo. No soy una cantautora que se sienta con la guitarra y de ahí le salen las canciones. Muchas veces parto de una imagen, de las ganas de hacer determinada coreografía o de explorar algún tipo de expresión corporal. No es solamente decir: "Bueno, voy a hacer música para bailar", sino preguntarme: "¿Pero bailar qué?". En mis últimos dos discos, fui explorando sonidos más agresivos, más rockeros. Imagino cómo quiero moverme, qué tipo de show me gustaría hacer o cómo quiero que se vea mi música.
Con Bailar o Morir pasó algo parecido. Los tres somos bastante fanáticos del italo disco y, desde las primeras conversaciones, teníamos muy presente esa referencia. La pregunta era cómo hacer algo de ese estilo, pero argentino. Recuperar esos sonidos más vintage, traerlos a una sonoridad actual y darles algo de nuestra identidad.
En cuanto a lo musical, el álbum tiene una impronta más saturada y explosiva que la que solemos escuchar en Miranda! y Lali. ¿Cómo llegaron a ese sonido?
Ale: Escuchamos mucho italo disco y house. Nos pasábamos bastante música de esos estilos y creo que algo de eso quedó en el álbum, sobre todo en los pianos rítmicos tan característicos del house. Arrancamos con una impronta más electrónica, pero después fueron apareciendo otras cosas. Tenés "Piel" o "Migajas", por ejemplo, que son súper pop.
La verdad es que tampoco nos propusimos seguir un género determinado. El repertorio es bastante variado: hay canciones más pesadas, otras mucho más livianas. Tiene un poco de todo. Y después cada uno lo escucha y lo interpreta a su manera. Eso es lo lindo de la música, que cada quien se la apropia.

Contaron que el proyecto empezó con la idea de grabar versiones de otros artistas. Finalmente, en el álbum quedó "Adonde", de Cetu Javu. ¿Qué los llevó a elegir esa canción?
Ale: Fue Lali quien propuso hacerla. Yo la conozco desde chico, la bailaba cuando salía. A mis 15 años pasaban "Adonde" en los boliches. Cuando empezamos a pensar en el disco de versiones, fue una de las que barajamos y ella insistió bastante. La grabamos durante la primera semana que nos juntamos. De hecho, fue una de las primeras que hicimos en serio, porque hasta entonces habíamos estado probando algunas traducciones y otras cosas, más que nada para jugar. Esta vez respetamos la canción original, tal cual era.
A mí me encanta. Cetu Javu era un grupo bastante peculiar que acá sonaba mucho, aunque casi nadie sabía quiénes eran. Por lo menos, cuando yo era chico, pasaba eso: ponían "Adonde" en un boliche, todo el mundo la reconocía, pero nadie tenía muy claro quién cantaba ni qué decía la letra. Y tenían un sonido muy particular. Sus discos son bárbaros, aunque sacaron solamente dos.
En "Señora" retratan a una mujer que desentona. ¿Cuánto de ustedes reconocen en ese personaje?
Lali: ¡Todo! Si hay alguien señora, soy yo. En realidad, la canción nació de un chiste interno con Juli. Nos gusta mucho el vino, cagarnos de risa, la jarana y ese disfrute medio ridículo de las cosas. Los tres somos bastante así.
Con Juliana decíamos que éramos dos señoras que se hacían echar de los bares. Y nos imaginábamos de viejas, cuando seguramente nos iban a echar todavía más seguido que ahora. De ahí surgió el personaje: una mujer que termina tirada en un bar y pide, por favor, que antes de echarla la dejen terminar de bailar el tema que está sonando. Bueno, somos bastante nosotras. [Ríe].
Pero también hay algo más allá del chiste. Al final, todos estamos un poco rotos, por más que desde afuera parezcamos otra cosa. El bar, la noche porteña, entregarse al alcohol... Son situaciones en las que aparece el ridículo, pero también cierta desidia que todos llevamos adentro y que nos interesaba representar.
¿Cómo fue cambiando su relación con el paso del tiempo y con las expectativas que existen sobre la edad en la industria musical?
Juliana: Tengo un recuerdo muy vívido de un día en el que algo me hizo clic y dejó de molestarme que me dijeran señora. O, mejor dicho, empezó a gustarme, a interesarme esa idea. Me acuerdo de escuchar conversaciones de gente que se quejaba: "Che, me dijeron señora", como si fuera algo terrible. Y un día pensé: "Estoy completamente a gusto siendo una señora". Es como que se suelta algo, se alivia una carga. Y es un placer.
Después empecé a verlo como una oportunidad para crear un personaje, para imaginar cosas. Y mucho más fácil, porque es lo que soy: una señora popstar. Cuando empecé a pensarlo, no había tantas. Ahora se les volvió a dar un poco más de relevancia, o las señoras resurgieron.
Es un disco ligado al deseo y el disfrute. ¿Qué significa reivindicar el goce en la Argentina de hoy?
Lali: Creo que hicimos un disco muy conscientes de que el dance floor, como dice nuestra queridísima Madonna, es el salvador de nuestro espíritu. Es eso que te devuelve la vida un viernes o un sábado, cuando salís a bailar con tus amigos. Y probablemente sea uno de los momentos de mayor libertad de la semana para mucha gente que tiene laburos que odia, vidas difíciles, que no puede pagar el alquiler o que la está pasando como el orto.
Estamos atravesando un momento bastante dark. Hay una violencia sistematizada, instalada en las redes sociales, en las noticias que leemos todos los días. Nosotros tenemos la posibilidad de hacer discos, y queríamos que este fuera uno que la gente disfrutara, que tuviera ganas de escuchar y de bailar, que los DJ quisieran pasar. Que nuestros amigos salieran de noche y nos mandaran un video diciendo: "Boludo, están pasando el tema". Porque hay algo hermoso en esa alegría que genera la música disco, en las canciones que te regalan una buena noche o un recuerdo que te acompaña durante años. Y nos parecía que este era un buen momento para hacer algo así.
Ale: Celebrar es una vía de escape, claro, pero más allá de lo que suceda afuera, siempre fue así. La verdad es que yo no pretendo dialogar con nadie, sinceramente. Me parece que esa fue siempre la propuesta de nuestros dos proyectos. Aunque BOM tiene una sonoridad que fusiona las musicalidades de Miranda! y Lali, el espíritu es el mismo: que la gente venga a bailar y a pasarla bien.
Tampoco hay una búsqueda que vaya mucho más allá de eso. Después, obviamente, cada letra, cada declaración, todo lo que escribís y cantás, la gente se lo apropia y lo interpreta a su manera. Y cuando hacés música que está en sintonía con lo que otros piensan o sienten, de alguna manera terminás dialogando con ellos, pero a través de las canciones.
El álbum cierra con "Vivo del pop". ¿Qué significa para ustedes vivir del pop?
Ale: La canción habla justamente de nuestro trabajo, de lo que hacemos y de lo que vivimos. Es una manera de llevar un poco más allá la idea de vivir de la música, una especie de sublimación de eso, digamos.
Durante años, el pop argentino tuvo que pelear por un reconocimiento del que el rock ya gozaba. ¿Qué sienten que cambió en la manera en que el país mira a sus estrellas del género?
Lali: Algo genial que tenemos los artistas argentinos, y también nuestro público, es que sabemos que somos una mezcla de muchísimas cosas. Somos un pueblo ultra rockero, pero también tanguero, incluso sin saberlo. Tenemos una forma muy particular de darle valor a nuestras costumbres y eso también se refleja en la música, en cómo los géneros se cruzan entre sí.
Algunos artistas logramos -y acá me incluyo con cautela, pero también con orgullo, porque trabajé un montón para eso- hacer un pop que suene como esa música que amamos y que nos hace bailar. Yo tenía esa fantasía desde A bailar (2014), mi primer disco. Quería ser una artista como las que admiraba de afuera, pero también quería que mi música sonara argentina. Hace doce años había cierta idea de que, para hacer pop y tener éxito internacional, tenías que cantar en spanglish. Parecía que, si no incorporabas el inglés, no eras tan pop o no ibas a pegarla afuera.
Hoy miro el resultado de todos estos años de laburo, lo que me regaló mi último álbum y esos ocho estadios de fútbol que jamás hubiera imaginado, y pienso: "Bueno, evidentemente es misión cumplida. Soy una artista pop, soy popular, hago pop y soy mujer". Todo eso junto. Y pude conseguirlo gracias a un público al que le gustaron las canciones, las coreografías, la propuesta de una mujer haciendo este tipo de música. Que también pudo decir: "Che, en Argentina tenemos artistas como las que admiramos de afuera". Pensá en Emilia, en TINI, en todas las pibas que hacen espectáculos enormes, increíbles, que no tienen nada que envidiarles a las grandes estrellas internacionales.
Y yo, además, pude llevarlo hacia algo que siento muy propio, que son esos guiños al rock nacional. Es la música con la que me crié, la que escucho todos los días y que me define en gran parte. Haber podido hacer un disco con esa identidad y que nos haya ido tan increíblemente bien creo que también responde a tu pregunta.

Es un género que tiene un vínculo histórico con la comunidad LGBTQIA+, para la que ha sido un espacio de identificación y expresión. ¿A qué atribuyen esa relación?
Lali: El pop siempre ofreció espacios de libertad y expresión para la diversidad. Madonna, por ejemplo, con su vestuario, sus letras sobre el sexo, el cuerpo, el amor y los vínculos, acompañada por bailarines que representaban distintas identidades. Las alegrías y los dolores, todo llevado a una dimensión muy performática, atravesada por la fantasía, que es una de las grandes posibilidades del género.
Las personas a las que habitualmente se llama "minorías", una denominación que me parece bastante equivocada, encontraron ahí un espacio seguro. Yo considero que la comunidad LGBT es una gran mayoría, aunque se la siga definiendo de esa manera. Por eso creo que existe una identificación tan profunda, casi inseparable, entre ese público y los artistas que hacen esta música.
Ale: Creo que esa identificación existe desde los Beatles. Sucede con el pop, con el rock y con la música en general. Las canciones sirven para escapar de la realidad, pero también forman parte de nuestra personalidad. Todo lo que escuchamos mientras crecemos termina convirtiéndose en algo propio y nos acompaña durante toda la vida. Y ese vínculo se extiende a los músicos que admiramos y seguimos. Es un fenómeno que existe desde hace muchísimo tiempo.
Mucho se habló de la importancia de Miranda! para el público LGBTQIA+, pero ¿hasta qué punto esa relación también contribuyó a definir la identidad de la banda?
Ale: No sabría decirte exactamente cuánto, pero sí que nos acompañaron de la mejor manera desde siempre. Y tampoco sabemos muy bien por qué, aunque fue algo tan natural que nunca nos lo cuestionamos. Bienvenido sea.
Creo que la personalidad de Miranda! se formó en buena medida en las discotecas, los recitales y los lugares que frecuentamos en aquella época. Era el ambiente en el que nos movíamos, del que nosotros mismos formábamos parte. Y no eran espacios exclusivos de un público determinado. Estábamos todos juntos, compartiendo la música y pasándola bien.
¿Qué significó para ustedes compartir este proyecto y qué se llevan de la experiencia de haber hecho un disco juntos?
Lali: Como fan del pop, siento que son artistas que me acompañaron toda la vida. Cuando terminamos de grabar el álbum, los agarré a Ale y a Juli y les dije: "Quiero que sepan que, aunque todo parezca muy profesional y natural por la amistad que tenemos, mi niña está profundamente conmovida con esta oportunidad de la profesión y de la vida".
Y me puse a llorar. Nos abrazamos, nos besamos, como hacemos siempre. Pero claro, ellos son Miranda!, entonces no viven esta experiencia de la misma manera que yo. Para mí, hacer música con ellos es como cursar un máster.
Aprendo muchísimo de la energía vital de Juli y de todas esas ideas locas que tiene. Y de Ale, de sus conocimientos musicales y de todo lo que propone cuando estamos componiendo. Fue una experiencia increíble.
Juliana: Lo que más admiro de ella es el empuje que tiene y la fortaleza con la que encara todo. Y no hablo solamente de lo profesional. Puede ser organizar una cenita, proponer un plan o juntar gente: siempre tiene esa energía para hacer que las cosas sucedan y que quienes están a su alrededor se sientan bien y se diviertan. Lali tiene esa impronta de ir para adelante, de buscar, resolver, flashear una idea y después bajarla a tierra. Y el sentido del humor está siempre presente. Chiste, chiste, chiste. Siempre tengo ganas de estar con ella, de tenerla cerca.