Habrá que preguntarse cuántas de las personas que estaban anoche (miércoles 22 de abril) en el C Art Media gritando cada palabra de "Freaking Out the Neighborhood" saben que, por debajo de esa fachada descuidada, hay una filosofía relativamente ascética que se inscribe en otra matriz cultural por fuera del mundo indie. Se trata del wabi-sabi, una práctica japonesa relacionada al budismo zen, que encuentra valor en la imperfección, impermanencia y austeridad. En fin, en todo aquello que la industria musical suele pulir, optimizar o rechazar. Por eso, a la hora de dar un recital, con el armado de fondo justo (la guitarra de Pedro Martins, el bajo de Pierce McGarry y las teclas de Alec Meen), Mac DeMarco crea un espacio sobre el escenario donde lo fundamental es la relación entre canción y ejecución. ¿El objetivo? reducir para revelar.
Esa contradicción se vuelve más notoria cuando se lo pone en diálogo con su propia imagen pasada. Al inicio de la entrevista, le acercaron un video de 2015 en Buenos Aires, donde aparece lanzándose desde el sector VIP hacia el público, en uno de los shows que dio en Groove. "Nada de eso va a pasar esta noche", responde rápido en charla con Billboard Argentina, previo a su primera fecha en la city porteña. Lo que en otro momento era parte de su identidad artística (el exceso, la cercanía física con el público y la celebración del desborde) hoy queda reubicado en otro plano.
A partir de 2020, DeMarco abandonó el alcohol. Luego, el tabaco y el vapeo, durante el proceso de grabación de Five Easy Hot Dogs (2023). Y, para llegar a su lado más puro, recientemente dejó el café. "Trato de arreglar las cosas en lugar de reemplazarlas", comparte el canadiense, reafirmando todo lo anterior, con una taza de té en la mano, que después apoya en el piso.
En términos coloquiales, "wabi" alude a la simplicidad, mientras que "sabi" señala la belleza en el paso del tiempo en las cosas y los cuerpos. En la vida de DeMarco, eso se traduce en una vida entre Los Ángeles y una zona rural de Canadá, en una granja centenaria a la que se llega en barco. Estudia técnicas de construcción y se interesa en cómo los Amish, comunidad cristiana anabaptista, levantan graneros sin herramientas eléctricas. Comparte esa dinámica cotidiana con su pareja, Kiera McNally, con quien está desde hace más de 16 años. De hecho, su manera de alejarse de las drogas fue "on the road": en vez de recluirse, eligió pasear por Estados Unidos solo en su camioneta, durmiendo en moteles baratos y enfrentando la abstinencia en medio del desierto californiano. Él mismo se ríe de su rutina cuando, con ironía, se define como "un plomero interesado en sistemas de agua".
Con ese trasfondo, la lectura de las canciones de Guitar (2025), la obra que lo trae nuevamente a la Argentina, tiene más sentido. El álbum, realizado en apenas doce días y resuelto de manera integral por el propio artista (composición, grabación, mezcla e incluso la dimensión visual), puede apuntarse dentro de una tradición estética orientada a la reducción de recursos y a la autonomía autoral. Y aun así, esa elección adquiere mayor sentido si se la pone en relación con el proceso previo: descartó un disco completo por considerarlo "excesivamente intervenido" desde el punto de vista productivo.
Su sexto trabajo de estudio juega a achicar el margen de acción a propósito, privilegiando primeras tomas y sosteniendo cierto grado de inmediatez que responde a una toma de posición frente a las dinámicas contemporáneas. La apuesta consiste en permitir que el tema se constituya en su estado más directo, antes de cualquier instancia de corrección o refinamiento que tienda a homogeneizar su carácter. "Ahora es muy fácil hacer cosas perfectas", señala. "Hay muchas herramientas. Tenemos IA, la computadora. A veces la imperfección es encantadora. También puede ser una mierda. Pero ojalá sea encantadora", agrega, riéndose con sus paletas separadas.
Ese mismo sentido orgánico se palpitó en las noches del 21 y 22 de abril. Aunque la visita tenía como eje la presentación de su nuevo disco, el repertorio combinó material reciente con los hits del indie. De Guitar sonaron "Shining" (en la apertura), "Sweeter", "Rock and Roll", "Holy" y "Rooster", en sintonía con clásicos como "Salad Days", "Chamber of Reflection" y "Moonlight on the River". Para los bises, regresó en cuero e interpretó"My Kind of Woman" desde un registro más contenido. Luego se abrió una pausa, que desembocó en el retorno de "Freaking Out the Neighborhood", interpretada por segunda vez como cierre.
En la previa de sus shows, habló sobre el wabi-sabi, repasó a sus artistas de referencia y se animó a poner en discusión algunos discos clave de la historia musical. El video a continuación: