"Mi trabajo es medio mágico, creo en esa cosa milenaria que tiene el ser humano de buscar la magia", analiza Alex Anwandter en diálogo con Billboard Argentina, al cual se conecta desde Nueva York, donde vive hace siete años. El 18 de septiembre se presentará en el Gran Rex, en un concierto que, según adelanta, no sólo tendrá un nivel de producción e invitados inéditos en lo que respecta a sus shows en el país, sino que también será su primero en un teatro argentino. Algo que permitirá mayor intimidad y una narrativa quizás más precisa que las de las performances discotequeras que el público local ya disfrutó en festivales o clubes.
"El show tendrá el nivel de producción al que estoy acostumbrado en Chile, con un rango dramático mucho más amplio de lo que han visto antes. No es sólo la cosa discotequera, es un concierto propiamente dicho, con muchos invitados. Los shows en Niceto tienen una energía mucho más de club; no me puedo poner a tocar guitarra acústica ahí porque no se escucha y la gente tiene otra energía. Un teatro permite otros momentos. Obviamente, habrá baile, pero también un nivel de musicalidad distinto. Tendrá invitados nuevos, locales y de afuera", adelanta.
Letrista, productor y popstar distinguido más allá de la región, el chileno puede llevar a la pista, a través del dancefloor ochentoso, la electrónica suave y un romanticismo sin edad, tanto emociones como ideas complejas que a veces tienen forma de reclamo: convierten a la disco en refugio, en comunidad de resistencia que se ensambla al ritmo indomable y a un baile irresistible.
Sus temas abrazan a todo aquel que quiera divertirse, vivir intensamente. Su música estimula el estado lúcido de la conciencia y el escape al mismo tiempo. Disfrutar y descontrolarse. A continuación, una charla que va de sus 20 años de trayectoria a la industria, el club y la noche; pasando por el amor, la amistad, la magia y la arquitectura de una canción bailable.

Dijiste que la industria musical chilena es prácticamente inexistente, ¿notas contrastes con la nuestra? ¿Qué artistas nuevos de Argentina te parecen interesantes?
Sí, aunque ahora la industria volvió a aparecer un poco en Chile, pero muy enfocada en los géneros urbanos. Eso produjo un efecto interesante, provocó un resurgimiento de la escena indie rockera en Chile que se me hace lindo. Chile es mucho más chico que Argentina y se nota mucho en las inversiones que se hacen en los artistas o su desarrollo. En Argentina, quizás más fuerte que en otros países de Latinoamérica, hay mucha cultura de escuchar a los músicos nacionales. Me encanta lo que están haciendo Juana Rozas, Marttein, María Wolf, que es amiga. De Ca7riel y Paco Amoroso me gustan mucho sus trabajos solistas, creo que más por separado que juntos. Hay mucho talento.
¿Cómo ves la industria musical global? ¿Qué le dirías a alguien que quiere dedicarse a esto ahora?
Los problemas en la industria son los mismos que tiene el mundo: gente multimillonaria queriendo hacerse más multimillonaria pagando lo menos posible a todos los que están abajo, incluyendo a los artistas. Monopolios en los sistemas de ventas de tickets, y ahora también el tema de la IA, que a mi francamente no me preocupa tanto porque confío mucho en la creatividad humana y tengo mucho escepticismo a la capacidad de calidad de la IA. A la vez, es cierto que acortan posibilidades para los músicos, que ya tenemos una vida inestable a nivel financiero o precaria en muchos casos. Pero creo que peor que perjudicar a los músicos es perjudicar la cabeza de las personas: están atontando al mundo a través de ese tipo de productos.
Hago música desde los seis años y no concibo existir sin crear, viene muy de la mano de vivir para mí: la vida entera nutre eso, es un proceso que se autoalimenta. A veces leo un artículo de la guerra civil y digo: "¿De qué mierda sirve lo que estoy haciendo?", pero me recuerdo a mí mismo que no es mi papel cuestionarlo, sino hacerlo. Después, la gente dirá: a algunos, una canción les salvó la vida y a mi me toca agradecerlo. A quienes están empezando, les diría que lo hagan y que sean sí mismos: es lo único que se puede hacer en el arte y al mismo tiempo vale mucho la pena.
¿Cómo es ese primer encuentro entre vos y la que luego será una canción?
Estoy todo el tiempo muy receptivo a cualquier tipo de idea y soy bastante disciplinado, cuando me llega una pienso automáticamente cuáles podrían ser los acordes, la melodía, intento ir a trabajar inmediatamente. Muchas veces salen cosas súper completas si uno aprovecha esa energía que acompañó a la idea original, que no se puede invocar tan fácilmente después. Las mejores canciones me parece que son las que salen de una, tienen algo fluído, una energía interna muy coherente.
Como Picasso, "cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando". ¿Te consideras obsesivo en el trabajo posterior o tratas de mantenerte fiel a la esencia orgánica de la canción?
Es una mezcla. De más chico era más cabrón conmigo mismo y seguía una regla que le escuché a ABBA: si se les ocurría una idea, no la grababan; pero si se la acordaban al día siguiente, era porque era una idea memorable e iba a verse reflejado en el gusto de la gente. Ahora creo que las ideas se pueden trabajar un poco más aunque no sean perfectas instantáneamente. No soy obsesivo, pero si insistente. Voy regularmente a trabajar en algo pero sin forzarlo, como ir regar las plantas. Intento preservar la emoción de lo original.
La vida social, la noche, el club, el amor, ¿dirías que nutren tu trabajo, son necesarios para él?
Fue gracioso pero hace como 15 años pasé una tarde con Giorgio Moroder. Nos contrataron a los dos como DJs para una fiesta en la Cordillera. Conversamos y aproveché para hacerle esta misma pregunta que me haces: me dijo que le gustaba quedarse en casa haciendo música más que nada. La verdad es que a mí me gusta salir, creo que a él también, pero la música bailable tiene más que ver con una arquitectura musical y del cerebro, que de la energía del baile. No soy tan party monster.
¿Qué cosas te inspiran para crear o qué contextos?
En este minuto, Latinoamérica. Somos uno de los pocos lugares del mundo que tiene posibilidad de un futuro benigno. No tenemos afanes imperialistas como otros lugares, no estamos intentando dominar el mundo, queremos fundamentalmente ser felices y tener relaciones interpersonales que nos enriquezcan, y eso es increíblemente valorable para mi. Habiendo vivido un buen tiempo en una cultura muy materialista, consumista e individualista, pienso que estamos re bien enfocados.
¿Es muy distinto en Nueva York?
Sí, son como unos zombies. Nueva York es la sociedad más cosmopolita del mundo, pero al final con el tiempo me di cuenta que, por más estúpido que suene, Nueva York queda en Estados Unidos y eso se siente: la cultura imperialista y consumista está presente en esa gente bien internacional y cool que está ahí también. Participan o se suscriben o en definitiva no la cuestionan ni la pelean, eso para mí es una brecha importante. Hay competencia también, aunque creo que aparece como subproducto del individualismo: está cada uno por su cuenta trepando una escalera de estatus, dinero o lo que sea.
Una de las partes que más llega al alma de tu discografía es esa que manifiesta una forma de vivir y amar intensa, salvaje, eufórica. Con hambre y capricho. ¿Cree Alex en el amor actualmente?
Qué buena pregunta. Sí, pero creo que el amor tiene un espectro mucho más amplio de maneras de manifestarse que las que están socialmente valoradas hoy en día. Me interesan mucho los vínculos de amistad, son súper importantes en mi vida y también a nivel discurso. El amor no se limita a la narrativa Disney de la pareja con la que estás por el resto de la vida. Puede que exista eso, pero me interesan mucho otras maneras de amar.