"Salgo del fondo, de a poco y pisando la vereda. Ya no me escondo y creo que estoy encontrando la manera", canta Tadu Vázquez, sobre los acordes de una guitarra y una melodía melancólica que le podría calzar a Ernesto Tabárez de Eté & Los Problems. Es una energía musical que lo coloca en otro lugar muy distinto al rol de productor y factótum del sello Gaceta de Uruguay con una crew de artistas rioplatenses que revolucionaron la escena urbana. La visión sonora de Tadu está detrás de los discos y singles de figuras ascendentes del trap como Zeballos, Knak (con el que lograron el récord de tener en diez días un millón de escuchas en Uruguay, un país de cinco millones de personas), Ramma (con el que llenaron el Microestadio Malvinas Argentinas en mayo) y del último álbum de Jorge Drexler, Taracá.
A los 23 años, las cosas pasan rápido en la vida del uruguayo. En breve viajará a Miami para formar parte de un equipo de productores convocado por Rafa Arcaute. El trabajo de Tadu como productor de Gaceta le dio un nombre y llamó la atención de Drexler, que lo convocó a participar de su álbum. "Para mí el productor principal del disco es él, porque es quién entiende con que productor tiene que trabajar en cada canción y eso es lo que hace un productor en realidad", dice en diálogo con Billboard Argentina.
A Drexler se lo presentó su amigo y compañero generacional: Facu Balta, otra promesa de la música uruguaya. Compartieron sesiones en Montevideo y los invitó a viajar a Madrid para trabajar en el disco. Dentro de ese equipo no solo eran los más jóvenes, sino los que aportaron los sonidos más contemporáneos para este proyecto de Drexler ligado al candombe.
"Fue un proceso divino. Una vez le dije a Jorge: 'Aprendí más de lo que hice'. Jorge es un artista que se escuchó en mi casa siempre, entonces fue un sueño. Es cercano y tan crack. Te haces amigo muy rápido. Se borra esa línea entre un artista tan grande y pasas a algo más de colegas porque te hace sentir así. Si me decías hace tres años que íbamos a hacer una canción con un bajo de trap para Drexler, yo te decía que no podía ser", cuenta.
Drexler contó que fue Tadu quién le dio la idea para la canción "Toco madera", primer single de Taracá. "Fue durante un asado que compartimos donde me contó lo que quería hacer con el candombe. Entonces le dije por qué no hacía un tema donde jugara con el doble sentido de tocar madera por la suerte, y de tocar madera, por el candombe. A las dos semanas trajo ese tema maravilloso al estudio", recuerda Vázquez.

Tadu participó como productor, poniendo sintetizadores y programaciones, en otras canciones del disco: "¿Cómo se ama?", "Amar y ser amado", ¿Hay alguien A.í?". De esa colaboración quedaron otras canciones que no entraron, como "El fin y el medio", que salió como single; y "Con quién", tema que fue a parar al disco solista de Facundo Balta.
Hasta que llegó la invitación de Drexler, el camino de Tadu se forjó en la escena incipiente del hip hop uruguayo, subiendo temas desde 2021. Todo comenzó a los 9 años cuando se puso a estudiar percusión. En la adolescencia se pasó a la batería. El rock era su elemento. En esa transición -mientras iba a todos los shows que podía, o escuchaba música todo el tiempo- encontró en la computadora de su padre una aliada inesperada y accesible. Primero con el programa Garage Band inventó sus primeras maquetas. Mientras indagaba en el universo de los tutoriales para trabajar con el FL Estudio, estudiaba piano y producción musical en el Conservatorio Sur con maestros de primera línea como Nacho Algorta (participa en el disco de Drexler dirigiendo el ensamble de cuerdas La Susi Orquesta) y un héroe musical como Gustavo Montemurro (partícipe en las bandas de Jaime Roos y Rubén Rada). Ese aprendizaje le dio otra visión. Tadu es un músico que compone y produce, no al revés.
"Con los años el concepto de productor ha sufrido cambios en la industria musical. Si lo pensás en la época de Charly, Spinetta, Cerati, eran ellos los productores y trabajaban con un ingeniero, pero el productor era el músico. Me siento representado con ese lugar", dice.
Entre los 16 y los 20 años, Tadu no hizo otra cosa que estudiar música y armar beats para enviárselos a otros artistas del hip hop y del trap como Zeballos y Ramma, quien en ese momento vivía en la Patagonia.
"Cuando vi los primeros tres videos de Ramma me pareció un fuera de serie y le escribí para trabajar juntos. Él tenía 16 y yo 18 años. Durante dos años hicimos todo a distancia, pero en 2023 nos vinimos a vivir a Buenos Aires. El desarrollo que tuvo fue tremendo. Eso se reflejó en la música que veníamos creando. Con su último álbum, pasaron cosas locas que son el fruto de lo que se vino haciendo", dice sobre RV, el disco que presentaron durante una gira por Europa.
El uruguayo no parece preocupado por la exposición sino más bien por seguir experimentando. Una cosa lo desvela: poder dedicarle todo el tiempo a su proyecto musical Sanantonio (nombre del balneario en el departamento de Rocha, donde encuentra la paz necesaria para componer y producir), que refleja el lado más personal y rockero de su música.
El disco que viene produciendo en soledad tiene un sentimiento más cercano al de bandas que le gustan, como La Vela Puerca. Lejos de su fama como arquitecto sonoro de las nuevas tendencias, Tadu es un artista más inspirado por el fuego de la canción, la melodía, los tonos menores y el estribillo rockero, que por los beats y las programaciones.
Su material solista es un buen resumen de sus propios gustos musicales. Son siete canciones, envueltas por la frescura de melodías que se pueden tocar en guitarra o en piano. Canciones que podrían formar parte de una rueda en un fogón hippie en la playa, o se podrían cantar en un estadio. Canciones que hablan de la soledad, el paso del tiempo, la búsqueda de la propia identidad, el destino, o la sensación -entre la expectativa y la ansiedad- de ver girar en el aire la moneda.
En la foto del arte de tapa se lo puede ver en una actitud serena con un sombrero de tela que le cubre los ojos. Una campera de jean azul sobre un canguro gris y lo que parece un morral cruzado. De fondo el mar. Podría ser el mismo sombrero que llevaba el personaje de Kung Fu cuando caminaba en medio del desierto de arena buscando la iluminación. El sombrero esconde al personaje, la mirada. El ego está en la sombra para que el foco ilumine la música. El disco todavía espera a salir, pero ya está cocinado en su computadora.
No es un disco de trap.
Lo que pasó es que a mí me acompañó más esa música de rock. Capaz que no existía tanto lo urbano cuando era chico. Ahora veo a un guacho de 9 años y lo que escucha es música urbana. En cambio a esa edad yo me abracé al rock y quedó en mí para siempre. Me salió natural agarrar la guitarra eléctrica. Por ahora, estoy en un lugar incómodo de habitar. Es un lugar en el que sabes la música que podes hacer y cómo puede sonar, pero lo que se ve de vos es algo viejo. Es cuestión de dar el paso con un buen disco. Un proyecto de rock que me representa de verdad, donde puedo decir esto soy yo. Soy Tadu.