Glaydon José creció a orillas del Araguaia, en Tocantins, Brasil, escuchando canciones que hablaban de su tierra, de personajes y de historias cotidianas. Muchos años después, ya viviendo en Houston y casado con Diana Marcela, una colombiana, escuchó "La Tierra del Olvido" de Carlos Vives y algo le resultó extrañamente familiar. No conocía todavía a los juglares ni entendía los aires del vallenato, pero reconoció de inmediato una forma de contar la vida que había escuchado desde niño. El acordeón hizo el resto.
La curiosidad se convirtió en una búsqueda. Glaydon llegó a Clásicos de la Provincia y, al descubrir que detrás de aquellas canciones había autores, historias y generaciones enteras de compositores, comenzó a recorrer el vallenato hacia atrás: Rafael Escalona, Leandro Díaz y los grandes juglares. Escuchó durante años antes de atreverse a escribir. Y cuando finalmente lo hizo, encontró una paradoja que terminaría definiendo su propuesta: mientras más profundamente entraba en el vallenato, menos necesitaba esconder que era brasileño.
Sus canciones parten de una premisa sencilla: primero tiene que haber algo que contar. Un personaje, un amor, una conversación, un lugar o una historia que merezca convertirse en canción. La narrativa permanece anclada en la tradición vallenata, pero sus melodías inevitablemente llevan consigo el país del que viene, con influencias del cancionero brasileño de Tom Jobim, Chico Buarque y Cartola. Glaydon resume esa búsqueda en tres ideas: tradición en la historia, sofisticación en la melodía y contemporaneidad en el arreglo.
Quizás ninguna canción explique mejor ese encuentro que "La Culpa es del Vallenato". Décadas después de que Rafael Escalona escribiera "La Brasilera" y aquella historia provocara su propia contestación musical, un brasileño casado con una colombiana decidió entrar en la conversación. Pero Glaydon cambia al acusado: la culpa no es de la brasilera. La culpa es del vallenato, de ese acordeón capaz de despertar amores, nostalgias y despechos incluso en alguien nacido a miles de kilómetros de Valledupar.
En ese camino encontró en el acordeonero, arreglista y productor colombiano Roy Rodríguez a su principal cómplice musical. Juntos han grabado diez canciones, y seis composiciones desarrolladas en esta alianza forman parte de Diana Marcela, álbum de Rodríguez cuyo título nace de la canción que Glaydon escribió para su esposa. La colaboración continuará ahora en un nuevo proyecto discográfico de Glaydon José junto a Roy, llevando aún más lejos ese diálogo entre la palabra, el acordeón y dos tradiciones musicales.
Glaydon José no quiere convertirse en colombiano para escribir vallenato. Tal vez allí esté precisamente lo interesante de su historia. Del Araguaia al Caribe colombiano, llegó al género por amor, se quedó por las historias y comenzó a escribir cuando entendió que también tenía algunas propias que contar. Su apuesta ahora es descubrir hasta dónde puede llegar el vallenato cuando conversa, sin perder sus raíces, con la sensibilidad musical de un compositor brasileño.