"Esta noche vamos a cantar rock and roll", anunció Brian Johnson apenas agarró el micrófono, con Angus Young al lado y el Monumental hecho un mar de gente que se extendía desde el campo y se perdía en las tribunas del fondo. El vocalista parecía tan sorprendido como todos: 70 mil personas al agite de "AC/DC" mientras la banda volvía a pisar Argentina después de casi dos décadas. Su última visita había sido en diciembre de 2009, cuando trajeron el Black Ice World Tour con tres conciertos en River Plate que terminaron inmortalizados en Live at River Plate, el último gran documento en vivo de los australianos.
Diecisiete años es mucho tiempo para cualquier grupo, y para uno que lleva medio siglo disparando riffs, todavía más. En ese lapso murió Malcolm Young, cerebro de la banda; Johnson tuvo que retirarse temporalmente por problemas auditivos; Phil Rudd atravesó sus propios escándalos judiciales; Cliff Williams anunció una despedida que luego quedó en suspenso. Incluso el propio Angus, el joven eterno del uniforme escolar, ya entró en la década de los setenta. La biología, eventualmente, siempre aparece en la conversación.
La razón por la que todavía ocupan el trono del hard rock tiene menos que ver con la edad que con la manera implacable en que siguen subiéndose al escenario. Hay una idea del fútbol que dice que el partido se juega con todo lo que uno tiene. Si uno quisiera entender cómo encaran cada show, la explicación está ahí. Existirán bandas más rabiosas, desatadas o complejas, pero pocas consiguen que toda esa energía termine en canciones que reconocés en segundos.
Y aunque la previa del recital llegaba con dudas, sobre todo después del reciente susto de salud de Stevie Young, internado en un hospital porteño apenas aterrizó en el país para hacerse estudios, la noche del 23 de marzo en River volvió a dar tregua. Dos horas del AC/DC más contundente, abriendo la primera de sus tres presentaciones en el país, con otras dos fechas ya marcadas en el calendario del Monumental, el 27 y el 31.


Parte de esa firmeza tiene que ver con que el grupo todavía tiene nafta en el tanque. Power Up (2020), el disco que da nombre a esta gira mundial, suma canciones como "Shot in the Dark" y "Demon Fire", temas que entran al setlist como un paréntesis entre los hits. De todos modos, el esqueleto del recital sigue apoyado en los históricos de catálogo: T.N.T. (1975), High Voltage (1976), y sobre todo Back in Black (1980). Aquel disco, editado cinco meses después de la muerte de Bon Scott, terminó siendo uno de los álbumes más vendidos de todos los tiempos, solo superado por Thriller (1982) de Michael Jackson.
La renovación parcial de la formación también suma energía extra. Chris Chaney, histórico bajista de Jane's Addiction, se sumó en 2024 y su presencia se siente en ese sonido punk. Junto a él, Matt Laug en batería, otro veterano de la escena de Los Ángeles, completa la base rítmica que mantiene la rueda girando.
Cómo se sacude un estadio
Tras una breve introducción, las pantallas se tiñeron de rojo y el primer golpe llegó con "If You Want Blood (You've Got It)", tocada con la misma fiereza con la que sonaba en Powerage allá por 1978. Desde ese momento el show encontró su ritmo y ya no aflojó más. "Back in Black", "Shot Down in Flames", "Thunderstruck", "Have a drink on me" y "Hells Bells", con esa campana gigantesca bajando desde lo alto del escenario, fueron cayendo una detrás de otra.
Después de los primeros diez temas llegó "Highway to Hell" y el Monumental terminó de prenderse fuego y marcó el arranque de la segunda mitad del show. Enseguida cayeron "Shoot to Thrill" y "Sin City", una detrás de la otra, uniendo dos partes de su historia: la primera como territorio conquistado de Johnson, la segunda como homenaje a los días salvajes de Scott. Luego vino una ráfaga setentosa con "Jailbreak", "Dirty Deeds Done Dirt Cheap" y "High Voltage", que devolvió al grupo a sus años de pub rock australiano.


A partir de ahí el show empezó a girar cada vez más alrededor de Angus. Con "You Shook Me All Night Long" -con la letra alterada para decir "Argentine thighs"- y, sobre todo, "Let There Be Rock", el guitarrista tomó la pasarela como si fuera su patio. A los setenta sigue corriendo de un lado al otro, tirándose al piso y alargando el solo final hasta más no poder.
Los bises empezaron con "T.N.T." y el cierre llegó con "For Those About to Rock (We Salute You)", siguiendo el ritual de siempre: cañones disparando, humo cubriendo el escenario y un estadio entero con cuernos de diablo sacudiéndose. Fue el regreso de una banda histórica que todavía sabe cómo hacer temblar multitudes y que, muy probablemente, acaba de protagonizar el espectáculo de rock más grande que se verá este año en la Argentina.