Ese primer punteo acelerado, que se lanzaba como un auto a toda velocidad por la avenida Goode Avenue del barrio segregado de St. Louis, donde creció y vivió Chuck Berry, era el sonido que anunciaba el futuro. Era 1958 y Estados Unidos ponía en órbita su primer satélite en el espacio. El riff inicial de "Johnny B. Goode", -un rocanrol afiebrado de apenas dos minutos y cuarenta segundos de duración-, fundó otra época musical para Estados Unidos.
El blues dejaba atrás su morosidad y cadencia sensual, para acelerar las pulsaciones de un riff endiablado y saltarín al ritmo del boggie boggie. Ahí nació una nueva cultura juvenil estadounidense, que se iba a expandir por el mundo, y que iba a tener en la década del sesenta a sucesores como Los Beatles y Los Rolling Stones.
Berry fue el creador de un mundo nuevo con sus letras y un swing personal en su guitarra Gibson, que condensó toda la información que absorbió en su niñez y adolescencia escuchando Louis Jordan, Fats Waller, Bing Crosby, Kate Smith, Louis Armstrong, Robert Johnson, Muddy Waters, T Bone Walker, Nat King Cole, música country como Gene Autry y Kitty Wells, grandes orquestas de jazz y programas de radio con canciones gospel, que adoraban su padres, un diácono de una iglesia bautista y su madre, una soprano integrante del coro.
Con un poco más de treinta años de edad, se transformó así en el arquetipo de una nueva estrella negra del rock -la canción "Johnny B. Goode", habla sobre eso y de cómo seguir adelante, mientras del lado de enfrente estaba Elvis Presley, joven y blanco- pero también forja el arquetipo de un nuevo modo de vida adolescente, que no quería seguir el mandato responsable de sus padres, o que cuestionaba la escuela, los valores y la música de las big bands, las voces formales y las baladas sentimentales. Querían algo más espontáneo y auténtico. Más rabioso.
"Las letras de las canciones de big band no eran actuales, no eran del momento como el rock 'n' roll. Dirigí mi música a los adolescentes. Tenía 30 años cuando grabé "Maybellene". Mis días de estudiante habían terminado hacía mucho cuando grabé "School Day", pero pensaba en ellos. Cantaba para los adolescentes, así que ¿por qué no cantarles letras sobre sus vidas?", dijo el músico.
Chuck encontró la manera de crear otro universo alrededor de ese nuevo imaginario adolescente y con un nuevo lenguaje, incluyendo marcas de autos o heladeras, o de artefactos que podían hacerlo volar como el que menciona en la canción "You Can't Catch Me", donde dice: "Me compré un air-móvil nuevito / Hecho a medida, era un Flight De Ville / Con un motor potente y unas alas ocultas". Lo suyo era la comedia y la fantasía poética.
En sus canciones, estaba inventando un modelo de rebeldía a la manera beatnik (andar sin reglas por el mundo), sin renunciar al espíritu capitalista de Estados Unidos del entretenimiento y el placer. Eran rocanroles sobre autos, chicas, sexo y desventuras mundanas. Entendía la época. Como canta irónicamente en "Roll over Beethoven", otro de los grandes clásicos de sus primeros años: "Ve a decirle a Tchaikovsky las novedades". La novedad era el rock and roll, pero no sería una moda pasajera.
Tres años antes, había grabado su primer suceso "Maybellene" en el sello Chess Records de Chicago, un tema tomado del country al que aplicó en el sonido de su guitarra eléctrica, esa nueva base musical que mezclaba el rhythm & blues(la música que escuchaba y consumía la comunidad afroamericana) y la música country (el sonido de las familias blancas). El reconocido Dj Alan Freed, al que se le acredita la palabra Rock and Roll, fue uno de los primeros que difundió los temas, en un arreglo comercial con el sello, que incluía su crédito en la canción.
El cóctel del sonido de Chuck en la guitarra, acompañado por Johnnie Johnson al piano y Ebby Hardy a la batería, -con los que tocaba desde comienzos de los años cincuenta- también fue irresistible para el resto de la Nación y se bailaba en los salones de St. Louis y en otras ciudades del sur, donde el público estaba dividido por una cuerda por el color de la piel.
"No, entendí por qué, existía el prejuicio. Incluso antes de dedicarme a la música, sabía que los negros hacían pan para los blancos con sus propias manos, pero tocar a una mujer blanca en el brazo estaba prohibido, era un tabú. Estas cosas me intrigaban. ¿Por qué comes de mi mano, pero no quieres que te dé una palmadita en la espalda? . Vi que era una tradición... una creencia que tenían los blancos.", dijo una vez.

Era el hijo de la gran depresión que daba un salto hacia adelante en busca de la tierra prometida, un país sin segregación racial, donde todos tuvieran las mismas oportunidades, siempre a bordo de un Cadillac con la radio encendida a todo volumen avanzado sobre una ruta de Estados Unidos. Así sonaba la música de Berry, como un nuevo sueño americano.
Cuando le decían, una y otra vez, que había inventado un estilo, lanzaba su latiguillo preferido: "no hay nada nuevo bajo el sol".
John Lennon pensaba lo contrario: "Si hubieras intentado darle otro nombre al rock and roll, podrías haberlo llamado Chuck Berry'".
Cuando Keith Richards habló en la ceremonia de ingreso en el Salón de la Fama del Rock and Roll, en 1986, dijo: "Copié cada uno de sus riffs. Este es el caballero que lo empezó todo, en mi opinión".
The Beach Boys utilizaron el motivo principal de la canción de Chuck Berry "Sweet little sixteen", para hacer "Surfing in the usa", uno de sus grandes éxitos.
Angus Young de AC/DC todavía sigue imitando el paso del pato que Chuck inauguró en los cincuenta, y su canción "School Days", sigue sonando en las repeticiones de Los Simpsons.
El abc del rocanrol se puede rastrear en aquella época dorada entre 1955 y 1965, donde grabó para Chess Records, sus eternos treinta clásicos: "Carol", "Little Queenie", "Rock and Roll Music", "Back in the U.S.A", o "My Ding-a-Ling", entre otros.
En una entrevista de 1987, en el programa The Tonight Show con Johnny Carson, el músico contó el adn de su estilo: "Quería cantar como Nat Cole, con letras como las de Louis Jordan, con el swing de Benny Goodman, con Charlie Christian a la guitarra, tocando los riffs de Carl Hogan, con el alma de Muddy Waters".
Era una cámara lúcida que captaba todo y que lo sabía traducir en historias sencillas con cierta ambigüedad. Siempre dejaba lugar en la historia para el oyente. "Recuerdo la canción "Nadine", sobre esa chica que está en una esquina, se da vuelta y sube a un cadillac color café. Era como si nunca hubiera visto un cadillac color café, pero sé exactamente como se ve uno", cuenta Bruce Springsteen en el documental Hail! Hail! Rock 'N' Roll (1987).
Charles Edward Anderson Berry, nació el 18 de octubre de 1926, en el estado de Missouri, en un hogar de clase media, ubicado en un barrio segregado de St. Louis. Fue el tercero de seis hermanos, incentivado por la música desde niño al igual que su hermana que tocaba en el piano música clásica. De pequeño ayudaba en las labores de su casa, cantaba en el coro de la iglesia y se mostraba autosuficiente. Su padre era un gran lector de poesía y Berry tenía al alcance libros de escritores como el poeta afroamericano del siglo XIX, Paul Laurence Dunbar, o clásicos de Edgar Alan Poe. Su madre era aficionada al teatro. Ese era su pequeño mundo protegido que contrastaba con la realidad. Chicos y chicas de la escuela que no podían compartir en una cafetería el mismo banco.
Berry creció escuchando un consejo repetido de su padre: "Si una chica blanca te sonríe, nunca le devuelvas la sonrisa".
En la adolescencia aprendió a tocar la guitarra, pero su vida se descarriló. Estuvo tres años en un reformatorio, por robo a mano armada. Salió a los 21 años. En 1962, fue sentenciado a otros tres años bajo la Ley Mann por haber explotado sexualmente en su local nocturno a una chica de 14 años que había traído de la frontera mexicana y con la que dijo que había dormido desnudo a su lado. En 1979, después de tocar para Jimmy Carter en la Casa Blanca, fue enviado al campo de prisioneros de Lompoc por evasión de impuestos. La justicia caía con más peso sobre él. En su autobiografía escribió que se metía en problemas cada quince años.
Todas esas situaciones marcaron un aspecto de la personalidad pública de Chuck, evasiva, mal humorada y poco condescendiente sobre la situación racial de Estados Unidos, a la que siempre se refería como algo que había estado ahí y seguiría estando siempre.
Decían que Berry era amargado y tacaño. Conocida era su aficción, desde los inicios, a salir a la carretera sin representante, chofer, ni banda. Solía buscar músicos locales en cada ciudad. Incluso hacía noche en los autos que alquilaba y tuvo que lidiar con problemas raciales en el sur del país, donde adolescentes blancos lo amenazaron con bates de beisbol.
Decían que sólo le importaba el dinero. Berry sabía que el dinero le podía dar otra posición en la sociedad. Era una manera de tener una libertad que los blancos nunca necesitaron en un país atravesado por la problemática racial.
Decían que era difícil. El propio Keith Richards, que le organizó un show por su cumpleaños número sesenta, fue víctima de su rudeza, cuando Chuck le corrigió la manera de tocar el tema "Carol", frente a todo un set de filmación: "hazlo de la manera correcta", le ladró.
Cuando le preguntaron cómo se definía, decía que era un hombre sentimental. Se casó a los 22 años con Themetta Suggs, quién lo acompañó hasta el día de su muerte.
Durante una entrevista en 2001, el hombre que había inventado un estilo, que fue encarcelado y acusado de ser un voyeurista de los baños de dama de sus locales, que vio como se destruía su sueño de tener un parque temático interracial, que había vivido su propio sueño americano con todas sus contradicciones, y que seguía girando por el mundo tocando sus clásicos de los cincuenta, contó que manejaba un auto bastante normal, lejos de la vida de una estrella de rock.
"En un Toyota, la policía no te para tanto", explicó Berry. Cuando el periodista le preguntó si la policía aún lo detenía, dijo: "Claro que sí. Me detienen. Me dejan ir después de que ven que soy yo, pero me detienen. Siempre lo han hecho y siempre lo harán".
Chuck Berry, murió el 18 de marzo de 2017, a los 90 años. Sus rocanroles siguen rodando a toda prisa por una carretera infinita hacia la libertad.