Una pizza con hongos mal medidos, un trastorno psicótico, meses de rehabilitación y una certeza que se aferraba a lo único que quedaba en pie: la música como mecanismo de defensa. La carrera de Taj Hendrix Sultana, más conocido como Tash Sultana, empezó como una descarga de demonios. Australia, su tierra natal, miraba de reojo su arte; el mundo, con el pulgar hacia arriba, lo recibió sin preguntas. Sin discográficas detrás ni padrinos que le abrieran puertas, empezó a trazar su camino mostrando sus cicatrices al mundo, convencido de que la única forma de no extraviarse por completo era dejarlo todo en su obra, y así, reconstruirse pedazo a pedazo frente a quien quisiera mirar.
En 2015, un video casero donde encadenaba guitarras y voces comenzó a circular en las redes. De repente, alguien que venía del underground australiano se convirtió en la nueva cara del do-it-yourself musical. Tenía 20 años, ansiedad, diagnósticos psicológicos y miedos que no lo dejaban en paz. Su primer EP, Notion, funcionó como un adelanto de lo que quería mostrar en escena, un estilo que llama "real", con tomas grabadas en vivo, porque -según dice- ser auténtico es lo único posible cuando todo alrededor te empuja a fingir.
Su termómetro estuvo siempre en el escenario, allí con un bagaje de pedales, guitarras, trompetas y una voz que se multiplica en loop, convirtió su lado más vulnerable en una experiencia que nos tocó a todos. Esa forma de plantarse frente al público no nació de la nada, arrastra la marca de episodios desoladores; el mal viaje con hongos que lo empujó a casi un año de rehabilitación y, más tarde, el diagnóstico de cáncer a su pareja. Ante cada golpe, la respuesta fue la misma, volver a tocar.
De Melbourne nunca obtuvo el abrazo completo. El "síndrome de Procusto", ese hábito cultural de cortar lo que sobresale, la persiguió desde sus primeros pasos. La celebraban un día y al siguiente la repudiaban, un ciclo que terminó siendo asfixiante. Esa negativa a encajar también forma parte de su identidad, hace poco se definió públicamente como persona no binaria. Su proyecto, explica, está hecho de lo mismo, de "una energía que se mueve sin aceptar moldes, que escapa de los géneros y las etiquetas".
Aquella libertad se reafirma en Return to the Roots, su último EP, donde las tomas de voz en primera pasada, sin retoques, se mezclan con indie pop, rock alternativo y destellos de reggae psicodélico. "Me devuelve a ese lugar inicial, cuando hacía música solo por el disfrute, sin preguntarme si iba a ser un hit", confiesa en diálogo con Billboard Argentina. Ese sonido se hará comprobable el 2 de noviembre en Mandarine Park, cuando el público argentino se deje arrastrar por la precisión instrumental de Sultana en el festival Music Wins.
Volvés con un EP que se llama Return to the Roots. ¿Qué raíces son esas? ¿A dónde estás volviendo realmente?
Al comienzo de mi carrera ni siquiera tenía música publicada. El primer trabajo que lancé fue Notion, que terminó siendo la puerta de entrada para mucha gente gracias a temas como "Jungle" . De esa época me quedó un recuerdo muy particular: un sonido crudo, libre, sin intención de lograr nada más que tocar y dejar que todo fluyera. Era música sin referencias ni comparaciones posibles, porque todavía no tenía otro material editado. Ese fue, en definitiva, el punto de partida de mi sonido.
Con el tiempo vinieron muchos discos más y me fui alejando un poco de esa sensación inicial de hacer música solo por el disfrute. Return to the Roots me devuelve a ese lugar, pero diez años después, con más experiencia como músico y también con una mirada distinta como persona.
En este disco no quise forzar nada, simplemente escribir desde un lugar genuino, hacer música real. Fue bastante en vivo, algunas tomas de voz quedaron tal cual en la primera grabación, porque salieron naturales y sabía que no iba a poder recrearlas. La idea era conectar con una emoción, con un estado, más que pensar en si la canción podía ser un hit o funcionar en el mercado. Saqué esas preguntas de la cabeza y lo basé todo en la sensación.
Cuando hablás de hacer música "real", ¿a qué te referís exactamente en un momento donde casi todo pasa por el filtro del estudio y la edición?
Hoy vivimos en un mundo donde parece aceptable hacer música sin tener un talento real detrás. Hay gente que no practica, no se esfuerza, simplemente abre la computadora y ya está. Sobre todo en el mainstream, donde casi todos trabajan con los mismos sellos, productores y compositores, y al final todo termina sonando igual.
Para mí, la manera más clara de reconocer a un verdadero artista es verlo en vivo. Cuando alguien sube a un escenario y te vuela la cabeza, entendés que sabe lo que hace. No tiene que ser el más técnico ni el más virtuoso: se trata de la vibra, de lo que transmite. Enseguida se percibe si es un artista legítimo o no.
Lo que me alucina es este fenómeno de los músicos de TikTok. Gente que nunca tocó en vivo, pero que de repente se vuelve enorme en la plataforma y, de la noche a la mañana, aparece entre los artistas más grandes del mundo sin haber hecho un solo show. Es como si el orden natural de la música se hubiera invertido.
En "Hazard to Myself" abordás de manera muy directa tu experiencia con la medicación y la salud mental. ¿Qué te llevó a transformar esa vivencia en canción en lugar de guardarla solo para vos?
Todo en mí ya está expuesto, no puedo evitarlo: escribo música a partir de mis propias experiencias. No siempre revelo todos los significados, pero lo que ocurre en mi vida está presente en mis canciones, guste o no, y forma parte de mi historia y de mis decisiones.
Por ejemplo, en mi último EP, Sugar, lo escribí justo cuando empecé a tomar Lexapro por primera vez. Esa medicación me anuló por completo las emociones, no podía sentir nada auténtico, ni alegría ni tristeza; todo era sintético. Durante tres años no lloré y vivía como en mute. Ese proyecto, que precede a Return to the Roots, trataba justamente de eso, componer bajo los efectos de la medicación, lo que, inevitablemente, cambió totalmente la forma en que escribía.
¿Sanaste a través de este EP?
No sé si "sanar" sea la palabra correcta. Para mí, este EP es más bien la primera parte de algo mucho más grande que estoy viviendo en este momento. Es como un capítulo inicial de lo que vendrá después con el próximo álbum.
En una entrevista reciente contaste que "Hold On" surgió a partir de un momento particular, la enfermedad de tu pareja. ¿De qué manera ese tema cambió tu forma de ver la música?
No sé si cambió mi forma de ver la música. Fue simplemente lo único que sentí que podía hacer en ese momento, cuando todavía no teníamos respuestas. Descubrir que tu pareja tiene cáncer no es algo que pensás que te va a tocar a los 29; uno siempre cree que esas cosas les pasan a otros. Pero nadie está exento, es parte de la vida, de la experiencia humana. Y, lamentablemente, hay que atravesar tragedias y situaciones inesperadas, seguir adelante e intentar darle sentido a todo, y a uno mismo.
A veces, ni siquiera podés darle sentido. Hay momentos en los que parece tan injusto que sentís que te ponen a prueba con cosas imposibles. Pero a todos nos pasa en algún momento: enfrentamos dificultades tan grandes que sentimos que nos van a quebrar. Para mí, ese año fue justamente eso: un quiebre constante de quien era. Me di cuenta de que llevaba tres años sin llorar, como anestesiado. Y de golpe, un día, la vida te obliga a sentirlo todo de golpe, aunque no lo hayas pedido. Y no queda otra que atravesarlo.
También regrabaste una canción que escribiste a los 15 y la transformaste en un diálogo con Dallas Green. ¿Sentís que regresar a ese pasado fue una forma de reafirmarte?
Esa canción tiene su historia… Antes se llamaba "Black Science Soul", y sí, la escribí cuando tenía 15 años. Tenía algo especial que sentí que no podía dejar pasar. La melodía es la misma de entonces, pero cambiaron las letras, ahora hablo del paso a la adultez, del famoso "coming of age".
Un día tenés 19 y, de repente, ya estás en los 29, después 30, 31… y todo pasa volando. Mi verso refleja cómo es eso de convertirse en adulto de golpe, en tus veintitantos. En el caso de Dallas, él ya está en sus cuarenta, mucho más avanzado, con una carrera larguísima y la experiencia de haberlo visto todo en la industria. La canción, entonces, termina siendo esa especie de conversación intergeneracional sobre crecer y seguir en esto.
Venís diciendo que la prensa te encasilló en tu canción "Jungle". ¿Cómo se pelea contra el peso de un hit que parece tragarse al resto de tu obra?
Es muy molesto, de verdad, jodidamente molesto, porque ni siquiera es la canción que yo habría elegido como "hit". No la escribí pensando que iba a explotar así. Desde entonces tuve otros temas grandes que probablemente no habrían sucedido sin el éxito de "Jungle".
Al final, con una sola canción que rompa todo podés cambiar por completo tu carrera. No la cambiaría por nada, pero hoy escribo música mucho mejor. También soy una mejor persona, mejor cantante y mejor músico. ¿Por qué no lo sería, después de todo el tiempo que llevo trabajando en esto? Y, siendo sincero, siento que lo mejor todavía está por venir.
Mencionás que Australia no te abrazó como lo hicieron otros países. ¿Creés que hay un problema cultural en cómo tu país trata a sus artistas, o es una deuda que todavía te duele a nivel personal?
Creo que es un problema cultural, sinceramente. En Australia existe algo que llamamos Síndrome de Procusto. Básicamente significa que nuestra cultura no sabe celebrar el éxito ajeno. En cuanto alguien se destaca demasiado, aparecen los haters.
Lo sé porque lo viví en carne propia. No hay otro lugar en el mundo donde me haya pasado lo mismo que en casa: un día te celebran como parte importante de la música australiana, y al siguiente te dicen "fuck you". Eso nunca me ocurrió en otro país.
Y no soy el único. Mucha gente en la esfera pública pasó por lo mismo y habla de esto: músicos, actores, artistas. Es un rasgo cultural bastante tóxico y debería cambiar. No entiendo por qué lo tenemos tan arraigado, pero así es.
Tus shows siempre se caracterizaron por la improvisación y la vulnerabilidad. ¿Qué tan difícil resulta sostener esa transparencia ahora que las giras y el negocio crecieron tanto?
Siento que sigo mejorando todo el tiempo. Improviso, tomo grandes decisiones y también cometo errores enormes, pero aprendo de ambos. Es el mismo proceso que vivimos todos: hacer, equivocarse y seguir adelante.
Llegás a Argentina con un nuevo show. ¿Qué encontraremos en esta presentación?
Creo que lo ideal es que la gente llegue con la mente abierta y sin comparar lo que verá con versiones anteriores de mí. Lo que traigo ahora va mucho más allá de lo que Argentina vio hace años: ha evolucionado y crecido hasta convertirse en una experiencia psicodélica cuidadosamente diseñada.