Julián Della Paolera, Nacho Jeannot y Loló Gasparini siempre fueron un poco los díscolos del rock. Escuchan a The Beatles con la misma pasión con la que analizan las diversas bandas de Luis Alberto Spinetta, pueden decir que Ok Computer (1997) no es "lo mejor" de Radiohead y, al mismo tiempo, conservar un tipo de percepción que sospecha de cualquier etiqueta protocolaria. Tres melómanos de oído inquieto que hacen canciones sobre la industria musical mientras la miran con suspicacia, o eso tratan de escarbar en Te llamamos, el nuevo disco que acaban de presentar con OK Pirámides, la banda que completan Manu Duka y Carmelo Puy.
"Estamos medio jodidos", dice Loló en charla con Billboard Argentina. "Por eso aparece esta idea de 'llamar a la belleza'. Hay que estar atentos a dónde te parás para que no te consuma la boludez, lo falso y lo superficial", agrega. Ese encanto se presenta más bien como una añoranza a los viejos tiempos, que se refleja ya desde la portada con un teléfono analógico, de esos que todavía vivían en las casas cuando llamar implicaba tomarse un segundo para marcar cada número.
"El disco tiene esa especie de pregunta: 'Te llamamos… ¿a quién llamamos?'", explica Della Paolera. "Entonces te empezás a preguntar: ¿la gente está llamando a la popularidad? ¿Al billete? ¿Quién está llamando exactamente?". Una llamada que se lanza esperando alguna señal de vuelta o, aunque sea, la posibilidad de que del otro lado alguien levante el tubo. Con el disco ya girando, el grupo se sienta a hablar de los nuevos sonidos, las decisiones que fueron tomando en el estudio y esa biblioteca de discos que siguen inspirándolos.

Hay una sensación de mayor claridad, incluso de cierta luz, en Te llamamos. ¿Fue una búsqueda consciente?
Loló: Queríamos hacer las cosas de una forma determinada. Fuimos persiguiendo esa idea y, de a poco, fue apareciendo. Cuando ya teníamos las canciones, empezamos a pensar cómo grabarlas, qué forma debía tener ese sonido y con qué personas queríamos trabajar. Fue un proceso un poco más consciente que en otras oportunidades, o menos urgente. La dificultad que uno tiene es que cuando hace algo lo quiere mostrar enseguida. Y esta vez fue un poco dedicarle el tiempo de otra manera. Creo que eso se ve en el resultado. Estamos felices con cómo suena, con el amor que le pusimos. Así que, sí, es un poco más pop y luminoso en todo: desde la lírica hasta la claridad del sonido.
Julián: Siento que elegimos las canciones cuidadosamente. Grabamos un demo y lo tuvimos un tiempo, lo escuchamos bastante para estar contentos con eso. No siempre pasa: muchas veces el proceso artístico es más una catarsis de la inspiración y la composición, y eso también es hermoso. Pero para nosotros -que tocamos la guitarra, que hacemos canciones, que escuchamos música todo el tiempo- era importante ir un poco más allá del oído medio, por decirlo de alguna forma. Entonces dijimos: "Bueno, esto lo vamos a conservar hasta tener una situación, entre comillas, ideal".
Eso fue lo que hicimos con este disco. Tuvimos los demos, esperamos encontrar a la gente adecuada con la que queríamos trabajar, pensamos qué estudio queríamos, qué técnico. Armamos toda la propuesta y recién ahí fuimos a grabar el disco. Y lo loco es que todo eso está en el resultado. Me acuerdo que cuando terminé volví muy orgulloso a la oficina y dije: "¿Ves que usamos bien la plata en el estudio?".
El disco gira en torno a la idea del "disfrute", de tomarse el tiempo para hacer las cosas. Cuando entraron al estudio, ¿sintieron algún tipo de presión por los tiempos de la industria o por la lógica de la viralidad que domina hoy la música?
Loló: Nosotros hace rato que hacemos música, vivimos muchos cambios. Uno viene con un bagaje de un montón de experiencias. Estás abierto a cómo sucede todo hoy, pero a la vez tratás de resguardarte un poco. Hay algo de resistencia en conservar ciertas cosas, sobre todo en relación con la música en sí. Para nosotros eso siempre es lo principal. Estábamos concentrados en hacer eso. No tuvimos ninguna presión. Hicimos lo que quisimos, como quisimos. En ese sentido fue una libertad total. Siempre nos manejamos así.
Julián: El proceso de grabación del disco fue bastante así. Producimos, ensayamos. Después también lo "horneamos". Estábamos ahí, lo grabamos en Unísono, el estudio de Gustavo Cerati, ya sabiendo lo que íbamos a hacer.
Se perciben varios géneros, desde el rock hasta climas más reggae o ambient. ¿Qué estuvieron escuchando y cómo hacen para que esas influencias se integren en un mismo sonido de banda?
Julián: Hay muchísima música que me gusta. Soy realmente fanático de la música. Tampoco voy a caer en esa frase medio automática de que "toda la música es buena", porque no es así: hay cosas en las que directamente no entro. Pero si tuviera que pensar un punto de partida, para mí está en el espíritu original del rock and roll. Y no hablo del rock and roll de campera de cuero y pose, sino del de los años 50, ese impulso inicial. A partir de ahí se abre todo.
Me gusta mucho el reggae roots. Vengo también del dub y de cosas más experimentales. Me gusta la música oscurita como Velvet Underground, los Rolling Stones también. Si nos ponemos a hablar de influencias, podríamos quedarnos toda la tarde.
Nacho: Hay un diálogo bastante abierto. El que compone está permeable a lo que le pueden mostrar los demás. Como un aporte estético de cada uno.
Loló: Claro, cada uno lleva su personalidad. A mí me encanta la electrónica, escucho un montón. Y capaz uno siempre quiere tirar para un lado, pero en realidad eso es lo que genera un sonido propio. No hay un patrón o un género que mande totalmente.

Eligieron "Nos fascinará" para cerrar el disco. ¿Cómo llegó esa canción a ocupar ese lugar?
Julián: "Nos fascinará" es el último tema del disco y quedó como rebotando ahí. Como canción tenía unos acordes y una sonoridad que nos hacían sentir que la letra podía decir muchas cosas, no tenía que ser unidireccional sino multidireccional, en lo que te dispara. En ese plano conecta también con la idea de Te llamamos. Poder hacer un montón de cosas. Decir: "Dulce belleza, te llamamos, ¿estás viniendo?". Y también: ¿nos fascinará hacer un disco de rock?, ¿nos fascinará hacer este disco?, ¿nos fascinará poder reflexionar sobre una obra? Nos fascinará. Nos gustará.
Desde que empezaron en 2013 hasta ahora, la industria musical cambió bastante. ¿Qué transformaciones sienten más fuertes y qué dificultades trae hoy hacer música desde la independencia?
Julián: Es agotador cómo cambió la industria. Encontrarse con la música, entrar en ese mundo, es una decisión muy importante. Es una forma de estar en la vida, de elegir un lugar: ser protagonista, participante, lo que sea.
Hoy se democratizó mucho. Cualquiera puede hacer música, cualquiera puede sacar un disco. En el fondo de su casa, con una guitarra, todos tenemos la posibilidad de ser músicos. Y no hablo de saber afinar o tocar perfecto, sino de cómo cada uno lleva adelante algo propio.
El mundo avanzó en muchas cosas, pero quizá nosotros no avanzamos tanto en cómo manejarlas. Hay un montón de opciones. Siento que es como si hubieran abierto la juguetería y entramos todos, pero no sabemos qué agarrar. No sabemos qué hacer con todo lo que hay.
Nacho: Las redes sociales influyen bastante. Que la gente esté todo el tiempo con el celular hace que todo sea más efímero. Aunque también hay algo bueno en la escena más chica: muchos están volviendo a las guitarras, a tocar. Y eso se valora.