En Buenos Aires, Lola Índigo pisó otra vez el escenario del Teatro Vorterix y confirmó lo que ya se siente en la calle: su vínculo con el país es real, cotidiano y emocional. Antes de que se enciendan las luces —y narrado ahora, cuando el show ya quedó atrás— la española conversa con Billboard Argentina y dejó frases que explican por qué su presente artístico vibra tan alto.
"Me dijeron que esta es la onceava vez que vengo", dice apenas se sienta, mitad asombro, mitad complicidad con un público que ya la adoptó. ¿Porteña honoraria? Sonríe: "Me acostumbré hasta al mate… A veces le pongo un poco de miel, pero me gusta amargo". En Madrid, cuenta, se lo prepara "con la montañita de yerba y agua para que dure todo el día" y lo comparte con una comunidad cercana: "Tengo muchos entrenadores argentinos y una de mis mejores amigas es de aquí. Hay comunidad".
Hay otros guiños rioplatenses en su rutina. "El dulce de leche me encanta aunque solo lo como cuando estoy acá, no hay que abusar. Las medialunas son increíbles", admite. Y, en la playlist, late el pulso local: "Me encanta el cuarteto. Estoy obsesionada con "Típica argentina" de Nico Valdi… Escucho mucho a artistas de aquí: Callejero Fino, BM… y claro, a mis amigos, gente que me acogió con cariño".
El idilio con Argentina arranca pospandemia. "Fue en 2021… Apenas abrieron los aeropuertos me vine. Fue el primer país", recuerda. El punto de partida tiene nombre propio: "Vine con Tini a Misiones, me invitó a cantar 'La niña de la escuela'". Desde entonces, la frecuencia no baja: "No paré: ¡ya van once veces!".
Tres etapas, una artista
En escena, Lola ordena su universo en tríptico: "La bruja, La niña y El dragón". Lo explica simple y potente: "Hicimos una gira de estadios con tres escenarios, uno por etapa de mis discos. El mayor era el del dragón, el mediano la bruja y el pequeño la niña". Vorterix se vuelve, otra vez, territorio de ese relato visual y sonoro. "Amamos ese recinto… Tiene una magia el Vorterix", confía. Y suma la clave de esta etapa: "Ahora venimos con el dragón y con 'El último viaje', porque esta etapa se cierra. Nos da pena, pero también es un nuevo comienzo".

Ese nuevo comienzo tiene nombre: "NAVE DRAGÓN", álbum donde Lola condensa pop, reggaetón y electrónica en un lenguaje propio. Ella misma lo pilotea: el viaje es lineal, cita su propia mitología y abre juego a colaboraciones de peso. Dentro del tracklist aparecen perlas que justifican su ambición: "MI COLETA", reggaetón lento que coquetea con la cumbia; "SIN AUTOTUNE", nostalgia y cuerdas para unir lo clásico con lo contemporáneo; "Q SOMOS", junto a Kidd Voodoo, en clave de amistad/amor sin etiquetas; y un cierre que mira a la estética Y2K con "YOTELLEVO". En el medio, hits ya probados conviven con la novedad y ajustan el pulso de un año hiperactivo.
Terapia, pausa y sinceridad
La conversación también baja a tierra, sin maquillaje. "Es algo que trabajo en terapia: agradecerle a esa niña, la primera chispa de lo que soy… Necesitaba una cheerleader y mi niña lo sería para mí". De esa honestidad nace la necesidad de frenar: "Dije que me iba a tomar un 'break', que literalmente es un descanso breve", explica. Y aclara, por si hiciera falta: "Yo me hago cargo de lo que digo, no de lo que titulan… Voy a parar porque estoy agotada; es importante hacerlo". Sobre el ruido mediático, no duda: "Frustra que quieras ser clara y aparezcan titulares de clickbait… Igual, sigo comunicando desde la sinceridad".
Un lazo que se celebra en vivo
En Vorterix, el lazo se verifica con el cuerpo. La banda, las visuales y la narrativa de "El dragón" convierten el show en cierre y plataforma a la vez. La artista que un día fue "La bruja" en Akelarre y "La niña" en su etapa de pop dosmilero, hoy es un "Dragón" que protege, empuja y crece. El público acompaña ese tránsito, y ella lo devuelve con escenas de alto voltaje y una entrega que no especula.
Lola Índigo aprendió a volar porque antes eligió construir alas. En la entrevista, deja pistas; en el escenario, las confirma. Entre el mate amargo, el cuarteto, las medialunas y un teatro que "tiene magia", la granadina reafirma este presente argentino en tiempo presente. Y mientras "NAVE DRAGÓN" sigue su ruta, queda una certeza: la historia que empezó con un hechizo y pasó por la niñez ahora ruge adulta, sin perder la chispa. "Nos da pena que esta etapa se cierre, pero es un nuevo comienzo", dice. Y el aplauso en Vorterix —ya pasado, narrado hoy— la empuja hacia lo que sigue.