"Cuando aparece el título allana el camino. Siempre hay una frase que a uno lo sorprende, le gusta y le da risa", resume Emmanuel Horvilleur sobre el concepto de Mi año gótico, tal como bautizó a su último disco de estudio, editado en noviembre pasado. Es el primer miércoles de enero, cinco días después de que cumpliera 51 años, y estamos refugiados del calor porteño en Avesexua, búnker creativo, sala de ensayo y también estudio de fotografía de Eduardo Dylan Martí, papá de Emma y un histórico del rock argentino. Desde que empezó su camino solista allá por 2002, un año después de la disolución de Illya Kuryaki & The Valderramas, acá es donde cocinó todos sus álbumes, casi siempre con el mismo método: llegar sin nada predeterminado y jugar con su guitarra, con otros instrumentos y también con bases programadas.
"No es un disco gótico por lo que se entiende del término, que es mucho más oscuro, industrial y alemán (se ríe). Mi 'gótico' es más de cómic, más Batman", agrega y razona: "El contexto del mundo, de guerras, de poco entendimiento… Todo eso es gótico, pero a la vez estoy en un yin-yang tremendo porque en mi vida estoy viviendo un año mucho más tierno". Sin mencionarlo de manera directa, se refiere a su renovada paternidad: el 23 de mayo de 2023, justo cuando había cerrado su disco anterior Aqua di Emma y ya comenzaba el proceso creativo del nuevo, nació Marion, la hija que tuvo con la bailarina Evangelina Bourbon. El hecho, inevitablemente, condicionó parte de las letras y el concepto del trabajo.
La sensualidad, en cambio, sigue allí. En estas 10 canciones atravesadas por una nueva nocturnidad, situaciones domésticas, una Buenos Aires en llamas y también incursiones al apacible entorno rural de Luján —a 75 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, donde tiene una casa de campo en la que rodó el audiovisual Pitada en 2021— que conforman una obra con título "de novela", guiada por el funk, el pop y el soul. En todas figura como productor, crédito que comparte con Cítrico, Cachorro López y Martín Allende, según la canción.
No es un disco de featurings, pero se combinó con Fito Páez (en la bossa-pop-homenaje "Caetano"), Ale Sergi y Javiera Mena ("Santo Domingo") y Alex Anwandter ("Ya es tarde"). "Desde Aqua di Emma venimos trabajando en un abanico de canciones muy grande. Es una etapa de experimentación, de investigar el resultado de mezclarme con otros artistas. Incluso tengo canciones grabadas con León Gieco y Rubén Rada que aún no vieron la luz", revela. En esa línea, asegura que "podría entregar un disco de canciones nuevas mañana mismo si me lo exigiesen, aunque en realidad me gustaría hacer algo con mi hermano Lucas Martí".
"El tema con Alex dice: 'Emma tenemos un problema / Siempre hablamos del mismo tema'. Hablar de amor, de sexo, de soledad, del fin del mundo que ya está acá... Hay tópicos en mi música que se repiten, a esta altura. Tengo muchos discos y hay cosas de las que me gusta hablar. Y también hay posturas que tomo para hablar de eso. No me gusta ponerme demasiado solemne. Siempre me gusta reírme un poco, inclusive de mí mismo", dice Horvilleur.

¿Cómo hacés para no repetirte? ¿Qué varas te ponés disco a disco?
No me asusta repetirme. Porque hay ciertos terrenos en los que me siento cómodo y me gustan. Me gusta haber descubierto ciertos ingredientes en esa cocina de la canción, los uso y quedan bien. A veces, cuando escucho artistas que con esos ingredientes hacen algo nuevo... No te digo que me da envidia, pero sí lo admiro. De un tiempo para acá, por lo menos la música que más me gusta, tiene los mismos elementos. El chiste está en la manera en la que los usas, en la que vas resumiendo.
El sexo está muy presente entre tus tópicos y, en este caso, se vislumbra cómo tu nueva paternidad atraviesa esta cuestión.
Sí, pero tampoco es un diario íntimo mío, ¿no? Muchas veces escribo con memoria emotiva, con historias que me cuentan o cosas que se imagina esta cabecita. Pero sí, el sexo siempre fue un motor, tanto en las letras como en lo musical. Hace un par de días iba manejando y escuchaba funk, música disco… No recuerdo bien qué tema era, pero era algo cuasi religioso y sexual al mismo tiempo. Mucha de la música negra que me gusta, de los años 60 y 70, tiene esa cosa de reverencia, de lo sagrado aunque no desde la óptica religiosa, sino de veneración...
Con el cuerpo como templo, quizás.
Claro, sí, de templo, de disfrute, de placer y que también… ¡No se olviden que todos somos hijos de una relación sexual! Bueno, la mayoría: ahora ni siquiera hace falta tener sexo para tener hijos. Pero por lo menos en la música, en lo rítmico y en lo tribal también, el sexo sigue siendo un motor para mi. Obviamente, en esta etapa está adaptado a una vida, tal vez, más de la cotidianidad que juega juega su papel. Ahí aparecieron canciones que hablan desde ese lado. "Tu cara de culo" es una.
"Tu cara de culo en la mañana de hoy es inversamente proporcional a tu culo en mi cara en la noche de ayer", cantás en ese tema. Con unos amigos creemos que perdiste una apuesta y estuviste obligado a meter la frase "inversamente proporcional" en el estribillo.
(risas) Es falso, pero podría jugar una apuesta de esas. No me molestaría tener que poner alguna palabra así. Sí hay cosas que no me gustaría usar, modismos y cosas muy de esta época. Por ejemplo, "cringe". A mí me da "vergüenza", no "cringe". Me daría cringe decir "cringe".
Entonces, "inversamente proporcional" apareció.
Sí. El estribillo se lo canté a mi mujer, directamente, así, literal. "Che, esta cara de culo que tenés ahora en la mañana, no es la misma que anoche. ¿Qué pasó? ¿Con quién soñaste? Conmigo no" (risas). Fue así y nos reímos. Y empecé a joder, a jugar. "Inversamente proporcional" es la frase que termina siendo el pegamento de la canción. Yo ya dije "culo" en muchas canciones, hice uso y abuso de esa palabra. Creo que puedo llegar a la decena de canciones, contando las de IKV y las solistas. Pero bueno, es una parte del cuerpo que siempre me gustó. De chico, seguro que me daría risa. Y de grande... Bueno, también me causa gracia. Incluso, me han piropeado por eso en la calle.

¿Te llevás bien con el personaje "Emma Horvilleur"?
Es una especie de traje que me pongo de vez en cuando, que es divertido y estoy de acuerdo con que el escenario sea un lugar libre donde pasan cosas. Me gusta subirme y cantar "Tu cara de culo", "Tu hermana" u otros estribillos que fueron hechos hace veinte años y que tienen el humor de otras épocas. Llevándolo a otra cosa más doméstica: la noche del sábado sigue siendo una noche de sábado para todos, inclusive. Y a veces, en mi casa, jodiendo, digo: "Son las 11 y media de la noche, ¿nos vamos a ir a dormir? Es noche de sábado, mami". "Bueno, yo me voy a dormir, no sé vos", me dicen. Y yo, bueno… Me pongo cuatro o cinco videos y me voy a dormir media hora después (risas).
En la letra de "Santo Domingo" hay algo de eso, de una transformación en tus noches, ¿no?
Sí. Tiene bastantes lecturas. Cuando la estábamos grabando con Ale (Sergi), decíamos que era una canción muy de resaca, de resacoso. Voy mucho a Luján porque tengo una casa y paso bastante por la Basílica, me la quedo mirando. Y de esas visitas a la Basílica, se me fueron metiendo algunas cosas al disco. Toda esa cosa medio religiosa, que me empata con Rosalía pero más Acceso Oeste (risas), se fue metiendo en la música. Lo mismo ocurre con mis paseos por Open Door, que se cuela en "Manicomio".
¿Cómo se dio "Caetano", tu colaboración con Fito Páez?
Él estaba en España grabando un disco. Tenía una semana libre y, en ese lapso, metió no solo mi canción, sino también otras colaboraciones con otros artistas. De hecho, cuando estábamos haciendo el tema con Ale, Fito estaba cantando un tema para Miranda! ("Igual a nadie"). Aunque lo hayamos grabado a distancia, para mí cerró una historia en común con él: la primera vez que me subí a un escenario con IKV fue en 1990, en la presentación de Tercer Mundo, disco de Fito. Y con Dante cantamos "Fabrico cuero" y "Solo los chicos". Ahí empezó todo. También se trata de un guiño a la música brasilera, que me gusta mucho, y con toda la historia que tengo con Caetano (Veloso).
Tuve la suerte de conocerlo hace unos años, justo en un momento en el que estaba muy fan de él, y terminé en una mesa de Edelweiss después de un show suyo. Yo estaba un poco alejado de él, era una mesa grande, y un colaborador de Caetano, en un momento, le dijo: "Él es de Illya Kuryaki". Caetano me miró y me dijo: "¿En serio? ¿Sos un Illya Kuryaki?". Y yo por dentro: "¿Conoce a Illya Kuryaki?". No lo podía creer. Eso me habilitó a sentarme más cerca, para escucharlo y preguntarle cosas. Fue una noche increíble. Esta canción apareció y es un homenaje medio de costado porque es como una escena: Caetano tocándole un tema a una chica y yo espiando la situación. Cuando la tuve, sentí que Fito era perfecto para acompañarme en esa aventura.

¿Qué tipo de aventura atravesas cada vez que encarás una canción?
Siempre estoy luchando para que lo que salga de uno tenga un poco de todo: de magia, de humor, de no pisar el palito de la demagogia, de que me represente y que no me importe el otro. Me parece que en esta época las letras, a veces, pecan de ser complacientes con los bordes que se van planteando en la sociedad. Esa cosa de lo que se puede decir, de lo que no se puede decir… Todo eso va en contra del acto de escribir una canción o de plasmar una idea.
En definitiva, lo que importa es sentirte libre, como si fuese otra época, inclusive. Y poder divertirte: "Tu cara de culo", que la escribí un poco jodiendo, es de esas canciones que dejan salir un costado mío que me gusta. Trato de seguir en la mía, con la música y con las letras y de seguir buscando una voz. Aún sigo buscando la canción que más me represente.
¿Te das tiempo hoy para cosas que por ahí antes no?
En la paternidad, sin dudas. Estoy en la de disfrutar más conscientemente los momentos con una niña pequeña... Esta vez sí me pasó que, en poco tiempo, sentí que se pasó muy rápido. Pasa muy rápido el tiempo de ser padre de una bebé. Y en dos años, ya tengo una niña que habla, que dice cosas, te confronta y te pide. Eso es increíble.
¿Con André lo viviste distinto?
Ya no me acuerdo tanto. El ya tiene 21 años. Yo sé que también era otro Emmanuel.
¿Qué Emmanuel eras como papá?
Y... yo me separé muy rápido de su mamá (la actriz Celeste Cid). Entonces se dio esa situación de padres separados, de estar mucho y de pronto no estar. Fuimos como nos salió ser en ese momento. André decidía un poco las cosas: "Yo quiero ir a lo de mi papá y voy". Estaba bueno eso, pero ahora mi relación con André es otra. Encaramos algunas cosas de trabajo juntos, compartimos proyectos… Él hace fotografía y está estudiando cine. A veces viene a las giras y va documentando algo de eso.
¿Hay cosas que por ahí a André se las permitías y a Marion no? ¿O al revés?
Cambió la información de ciertas cosas en estos veinte años. Marion es una niña "cero pantallas". Todo el tiempo está con libros. Y la música está muy presente. Está bueno ser un poco consciente de eso. Uno tendría que dejar un poco la pantalla, también. Cuando puedo lo hago. Pero a la vez, también, me gusta meterme a YouTube para ver tutoriales que te enseñan a tocar el bajo de una canción o la guitarra de otra.
Eso me gusta de esta época. Igual, a veces terminás de hacer eso y al toque vas a buscar el celular. Hay que alejarlo, ponerlo en una caja. De hecho, mi primer celular me lo compré cuando me enteré de que iba a ser padre de mi primer hijo. Había que tener un celular por si pasaba cualquier cosa. Antes de eso, dije mucho: "No quiero tener celular". Estaba bueno. Ahora es una mierda.

¿Y a veces te sentís un boludo que está mucho tiempo frente a la pantalla?
Sí, me pasa. Y de pronto digo: "¿Qué estoy viendo?". Lo que no quiero es que me tiren más información de la que quiero. Algo de eso también es parte de Mi año gótico. Esta cosa de verse abrumado con la información. Siento que antes era más fácil identificarse con posturas políticas. Ahora, cualquier cosa que uno dice, es tergiversada. Después, te quedás pensando: "¿Yo estoy bien o estoy mal? ¿O qué?". A veces digo: "Es mejor quedarse callado". Y no porque uno no tenga convicciones. Pero esa discusión, ¿con quién se da? ¿Quién es el otro que te está diciendo lo que te está diciendo? Yo quiero verte a vos y poder discutir cara a cara. Después, es un terreno muy sinuoso en el que cualquiera dice cualquier cosa y no se termina de sacar algo limpio de todo eso, que es lo peor. Es todo ruido.
Al margen de las polarizaciones, ¿te afecta que las discusiones están en ese nivel?
Yo podría decir: "Che, ¿cómo puede ser que haya niños que estén revolviendo la basura?". Y alguien me va a venir a decir que soy un zurdo hijo de puta por decir eso. Está ese tipo de locura. Se perdió el sentido común, realmente. Si pudiésemos recuperarlo un poco, algunas cosas deberían ser para todos. No tendría que haber una bandera que te diga que un pibe no puede tener hambre en un país como Argentina. Sin embargo, vos decís eso y seguro que alguien te va a responder: "No, porque en realidad no es el hambre, sino que...". Nada, punto a eso. No puede ser que un pibe tenga hambre. Eso es violencia. De ahí nace una violencia que después hace que la gente se compre puertas blindadas para que no le roben. Si empezáramos por las cosas más básicas, todo sería de otra manera.

Emmanuel Horvilleur y un asunto llamado IKV: "Somos dos niños con bigotes que van en bicicletas voladoras"
Casi un año atrás, Emma y Dante Spinetta se reagruparon como IKV después de unas ocho temporadas sin tocar juntos. Fue en el festival Buena Vibra y tuvo el comienzo más fallido en la historia del grupo: la intro de "Expedición al Klama Hama" fue casi instrumental, porque no se oían los versos de Emma y Dante. "Nada iba a ensuciar ni opacar esa noche. Nunca tuvimos una técnica tan pro y minuciosa como para ese show. Sin embargo, se apagaban los mics. Pero nos los cambiaron, arrancamos de nuevo y fue increíble", recuerda Emma.
En septiembre pasado dieron una segunda función en el festival Cordillera, de Colombia. Y en marzo próximo retomarán las actividades en cuatro festivales de América: Isle of Light (República Dominicana), Vive Latino (México), Cosquín Rock (Uruguay) y Una Noche (Perú). "Estoy re disfrutando del momento en el que estamos como banda. Me gusta esta cosa de no hablar mucho como IKV, de no hacer notas, pero que se encienda la kuryakillamada y aparezcamos sobre el escenario. Y nada más", define Horvilleur.
De hecho también decidieron no hacer más discos juntos, ¿verdad?
Sí, por ahora la idea es que no. Tanto Dante como yo estamos cada uno con discos nuevos. Pero encontrarnos en los shows, me encanta. Me gusta más esto que no tocar juntos. Se armó con un seleccionado de músicos increíbles: Matías Rada, Pablo González, Carlos Salas, Francisco Fattoruso, Alex Introini, Francisco Azorai... Un bandón tremendo.

Se van a cumplir diez años de La Humanidad o Nosotros, que muy probablemente sea el último disco de IKV. ¿Te gusta, tal vez no tanto…?
A mí me gusta. Los dos discos de estudio que hicimos al volver, Chances (2012) y L.H.O.N., son buenos trabajos con buenas canciones. De hecho, algunas son parte del repertorio. Tal vez más de Chances. Lo que pasa es que ahora tenemos un show de festival, que dura una hora y pico, y la lista es acotada. Si tuviésemos que hacer un show propio, creo que entrarían bastantes de L.H.O.N., un disco que tiene su onda. No nos metimos más en el estudio con Dante. No sé muy bien por qué. O sí sé... Pero bueno, cada uno tiene una personalidad que fue delineando diferente. Tenemos muchas cosas en común con Dante que son kuryaki, pero como solistas somos bastante distintos. Lo cual no quita que nos podamos juntar. Ahora es esa.
¿Qué es lo que más te gusta de los discos de Dante?
En los últimos años logró plasmar, con mucha más certeza, lo que es él. Siempre investigó y siempre es muy inquieto en el estudio, me gusta que lo siga alimentando. Se transformó en un guitarrista único. Yo soy muy fan de los guitarristas que hacen solos, porque yo no sé hacerlos. Entonces veo esa cosa de cuando se prenden fuego y me encanta. Y Dante, para mí, es de los mejores en ese sentido. Es como un auto que va de 0 a 100. Es muy funky y también tiene una cosa muy romántica, cuasi de bolero sangrado.
En ese sentido, somos diferentes: él tiene una cosa más pasional y yo soy más mental, a veces. Me gusta el momento en el que está Dante. Y por eso también a veces digo: "Bueno, me gustaría que volvamos a juntarnos en pos de una canción" (risas). Somos diferentes y la unión de esas diferencias hace que sea Illya Kuryaki.
Sin usar las palabras "hermandad", "amistad" e "IKV", ¿cómo describirías tu vínculo con Dante?
Somos dos niños que desde chicos ya teníamos bigotes. Una vez con Dante, éramos muy chicos, y dijimos de hacer una banda. Estábamos en un campo, tirados, mirando las estrellas. Y dijimos: "Si nos va muy bien, nos compramos una bicicleta cada uno". Y creo que seguimos siendo eso, un poco, ¿no? Niños con bigotes que van en bicicletas voladoras.