Hay una historia sobre Die Toten Hosen contada hasta el hartazgo. Pero que al haberla traído ellos mismos a la memoria reciente, vale la pena la revisión para comprender ciertas cosas. Aparece en su carta de despedida -los Hosen le dicen adiós a Argentina luego de casi cincuenta shows en más de treinta años- y es la cita a su concierto más breve, justamente en estas pampas: treinta segundos.
El punk, el hardcore y sus derivados tienen un amplio cancionero de temas breves, de apenas segundos o un par de minutos. Pero este no era el caso. Ocurrió en 2000, en Museum de San Telmo: apenas sonó la primera nota, una estampida de punks furiosos partió el escenario en dos. Se cortó la luz y Campino, histórico cantante de la banda, tuvo que avisar con un megáfono que no iban a continuar y que repetirían el show al día siguiente con las mismas entradas. "Pero en este país no solo tocamos el concierto más corto de nuestra carrera", aclara Michael "Breiti" Breitkopf a Billboard Argentina. "De los diez mejores conciertos de todos los tiempos, quizás cinco fueron acá".
Al momento de esta entrevista, viernes al mediodía, faltan pocas horas para que los alemanes toquen en el Teatro Vorterix con 2 Minutos como invitados. La fecha se anunció apenas un día antes y se agotó en cuestión de minutos. Funciona como una reunión con ese público argentino que los ama -y al que la banda hace años le devuelve ese afecto- y también como "calentamiento" antes de la gira de despedida. Breiti se sienta en una mesa del Roxy, el bar lindero a Vorterix. Alrededor se mueve buena parte del equipo argentino que acompaña al grupo: Mariano Asch, que organiza sus visitas desde 2002; Bettina, la promotora local; y Juan, que filma un documental sobre esta última gira. Más tarde, la banda completa dará una conferencia de prensa.
Breiti tiene fama de ser el único de los Hosen que habla español. Saluda en castellano, dice que están "muy contentos de estar aquí" y enseguida pide pasar al inglés: "Mi español todavía está muy limitado". El guitarrista tiene 62 años y está en la banda desde el primer día en que enchufaron sus instrumentos en Düsseldorf, hace cuarenta y cuatro años. Fue compañero de colegio de Campino. Según Asch, dentro del grupo es quien se ocupa de las finanzas y también de buena parte del trabajo social: entre otras cosas, del vínculo con Pro Asyl, la organización de ayuda a refugiados que acompaña sus giras desde hace dos décadas. También es el autor del riff de "Hier kommt Alex", que, según contó el diario alemán FAZ, se le ocurrió en un monoambiente del barrio de Flingern.
La despedida es tan expansiva que tiene fechas en el Club Unión y Progreso de Tandil (ya habían tocado ahí en 2022), en La Segunda Seguros Arena de Rosario el miércoles 7 y el Movistar Arena el sábado 10. Llega a 34 años del primer show en Halley y después de 47 conciertos en el país. En mayo publicaron Trink aus, wir müssen gehen!, anunciado como su último disco de estudio. Pero el adiós a la Argentina no significa el final de la banda: el plan sigue hasta fines de 2027, con estadios en Alemania, Austria y Suiza. Después de eso, dice Breiti, no saben nada.

En 2022 dijiste que el día en que la banda dejara de ponerse nerviosa antes de subir al escenario sería el final. ¿Cambió algo en la manera en que se paran arriba de un escenario?
No, para nada. La energía, lo que nos mueve, es exactamente igual que hace 44 años. Nos gusta compararnos con un equipo de fútbol que sale a la cancha y quiere ganar. Quizás no sean los mejores ni los jugadores más hábiles, pero juntos, como equipo, pueden lograr mucho. Esa siempre fue nuestra ambición, y cuando subimos al escenario todavía queremos demostrar que podemos hacerlo bien.
Entonces, ¿qué es lo que sí se terminó?
Lo que cambió es que tengo 62 años, y Campino y Andi tienen dos más. Sentimos que estamos en el último tercio de nuestra carrera y que, de ahora en más, todo es tiempo extra. Durante mucho tiempo vivimos con la conciencia de que todo lo que nos pasaba era un regalo: que tanta gente siguiera interesada en nuestra música, que todavía pudiéramos salir de gira. Nunca lo dimos por sentado.
¿Por qué despedirse de Argentina ahora?
Lo que queríamos evitar a toda costa era que nuestra última visita quedara como la de hace cuatro años. Quién sabe qué pasa dentro de cuatro años, de tres o la semana que viene. En los últimos dos años pasaron muchas cosas que nos hicieron todavía más conscientes de que nunca sabés qué viene después. Argentina es demasiado especial para nosotros como para que un día simplemente dejemos de venir.
Preferimos despedirnos a lo grande. Cuando se lo conté al Ruso Verea, me dijo: "Es bueno darle un buen final a algo". Creo que eso lo resume.
¿Hubo un plan maestro para esta despedida?
No hay realmente una estrategia. Hace veinticinco años que la gente nos pregunta cuánto tiempo más queremos seguir y siempre contestamos lo mismo: tenemos un plan para uno o dos años, pero no sabemos qué pasa la semana que viene. Es lo que sentimos en el momento.
Tenemos un plan hasta finales del año que viene y no tenemos idea de lo que vendrá después. Por la pandemia tuvimos que cancelar una gira acústica: quizás queramos hacerla, quizás queramos tomarnos un descanso, quizás terminar del todo, quizás hacer otra gira eléctrica. Al final del año que viene vamos a ver nuestro estado mental, nuestra salud, nuestra energía y si las ganas de subir al escenario siguen ahí.
Kuddel contó que no le convencía la idea de hacer un último disco. ¿Dónde estabas vos en esa discusión y qué sentís con lo que finalmente salió?
Quien estuvo ahí mientras lo hacíamos sabe que fue una buena decisión (risas). Cada vez nos costaba más encontrar algo nuevo e interesante sobre lo que cantar. Y, siéndote honesto, decir "este es nuestro último disco de estudio" influyó mucho en lo que terminó teniendo: al menos cuatro o cinco canciones hablan de nosotros como banda. Normalmente hay una o dos de esas en un disco, no cuatro o cinco.
"Trink aus", por ejemplo, es bastante seria. "Trink aus, wir müssen gehen" quiere decir algo así como "terminá el trago, nos tenemos que ir". Es lo que le decís a tus amigos a las tres de la mañana, en un bar, cuando ya fue suficiente, y entonces alguien dice: "Bueno, tomemos la última".
Pero otras canciones también hablan de nosotros de una manera más divertida. No todo es melancolía y el resultado final es muy bueno. Estamos contentos.
Andi dijo una vez que no querían terminar como los Ramones, con Joey y Johnny peleándose.
Nuestra historia es muy distinta y ellos son una banda completamente diferente. O sea, fueron una de las razones por las que quisimos estar en una banda, pero esas peleas entre ellos fueron realmente tristes y trágicas. Nosotros tenemos una lealtad básica entre nosotros que hasta ahora fue indestructible.
Los Ramones estaban al final de su historia y ya no podían seguir. Nosotros queremos irnos de Argentina cuando todavía estamos en plena forma y que la gente nos recuerde así. No que dentro de cinco o diez años alguien diga: "¿Vamos a verlos? Nah, ya es aburrido".
Según Mariano Asch, vos te ocupás de las finanzas. ¿Alguna gira por Argentina fue rentable?
Nunca vinimos acá a ganar dinero. Podríamos haber cobrado entradas más caras o haber pasado menos tiempo, y quizás habríamos sacado alguna ganancia. Pero en tiempos de crisis, como en 2001, tocamos por menos plata y con entradas más baratas porque queríamos devolverles a los argentinos algo de todo lo que recibimos.
Eso no se cuenta en dinero. Se cuenta en pasión, en experiencias inolvidables, en amistades. Con los discos, igual: siempre fue muy difícil editarlos acá y muchas veces no se pudo. Lo pensábamos como un servicio, para que la gente tuviera acceso a la música.
¿Qué encontraron acá que ya no tenían en Alemania?
Cuando llegamos en 1992, todo era más puro, más esencial: la música y la actitud. La gente lo vio, lo aceptó y nos dio la bienvenida por eso. Incluso antes de internet, la gente en Argentina estaba muy interesada en lo que hacíamos. Y, por suerte, acá no vieron todos esos programas de televisión de porquería a los que fuimos en Alemania (risas). Para nosotros siempre fue muy refrescante.
El disco en vivo Fiesta y ruido se grabó en Buenos Aires y llegó al número 2 en los rankings de Alemania. ¿Qué creés que encuentra el público alemán en un registro tan atravesado por la experiencia argentina de la banda?
Eso fue creciendo con los años, porque siempre contábamos nuestras experiencias de acá y publicábamos DVDs en vivo para mostrarle a la gente en Alemania lo que pasaba. De hecho, cada vez vienen más alemanes a nuestros shows en Argentina, y en cada show en Alemania ves argentinos saltando con la camiseta de la selección.
Surgieron muchísimas amistades. Mañana mismo se hace el asado y se juega el tradicional partido de fútbol entre los fans de los dos países.
Después de tantos años viniendo, ya tienen una estructura que podría decirse argentina. ¿Quiénes forman hoy ese equipo local?
Está nuestro viejo amigo Mariano, que conoce a todo el mundo en este género y todos los clubes donde tocar. Viniendo de afuera, sería imposible saberlo. Está Juan, que hace un documental sobre esta gira, y Bettina, nuestra promotora.
Está el Ruso Verea, una leyenda, que siempre nos apoyó. Él, Pil y su amigo alemán Michael Reichel fueron la razón por la que vinimos la primera vez: Pil decía que el primer concierto de Pilsen tenía que ser con nosotros, y nos esperó.
Y esta noche tocamos con 2 Minutos, con quienes no compartimos un escenario desde la despedida de los Ramones. Es incomprensible, pero estamos más que felices de que pase ahora.
Hay argentinos que aprendieron alemán con sus canciones. Si alguien quisiera empezar por ahí, ¿con cuál definitivamente no debería hacerlo?
Por "Hier kommt Alex", sin duda. Habla de La naranja mecánica, igual que "Uno, dos, ultraviolento", que Los Violadores escribieron sin conocernos: tuvimos la misma influencia y la misma idea.
Pero el lenguaje está tomado de la película o del libro, así que con esa no llegás a ninguna parte, o terminás hablando un alemán muy raro. Tampoco "Pushed Again", que está en inglés. "Trink aus" ya es un nivel superior.
El riff de "Hier kommt Alex" es tuyo. Cuando un estadio entero la canta en Argentina, ¿alguna vez mirás a tus compañeros y les decís: "¿Vieron que yo tenía razón?"
No, para nada. Cada uno trae ideas de su casa. Yo llevé el riff de la estrofa a la sala de ensayo, se los toqué y ellos podían decir "qué aburrido" o "suena interesante, probemos". Después Campino encuentra una melodía y la letra, quizás Kuddel tiene una idea para el estribillo, y juntamos todo.
Las primeras semanas decimos "esa fue una idea de Campino" para entendernos, pero muy pronto es solo "nosotros". Cuando la tocamos en vivo no importa de quién fue la idea. Importa lo que pasa en el público.
Es la primera vez que tocan en el Movistar Arena, y vos y Andi diseñan el escenario y las luces. ¿Qué podemos esperar?
Vamos a hacer lo nuestro. Por favor, no esperen milagros: espérennos a nosotros.
Para nosotros es una especie de última aventura, porque acá siempre tocamos en lugares chicos o en festivales al aire libre, y este es un estadio grande y moderno que todavía no tiene la atmósfera de Obras o del Luna Park. Vamos a ver cómo funciona.
Si eso les sirve, vengan y pasemos un momento fantástico juntos.