Alan D'Auria lleva cerca de una década construyendo su carrera profesional como baterista. Nacido en Buenos Aires y criado entre distintas ciudades gracias a la profesión de su padre, también músico, comenzó a tocar profesionalmente a los 18 años y, luego de una experiencia en cruceros, decidió dar un nuevo paso: mudarse a Estados Unidos.
Su llegada a Los Ángeles en 2023 significó empezar prácticamente desde cero, adaptarse a una nueva industria y atravesar las dificultades propias de emigrar. Hoy, sin embargo, vive uno de los momentos más importantes de su carrera: forma parte de la banda de Beto Cuevas y recorre distintas ciudades de Estados Unidos como parte de su gira. En conversación con Billboard Argentina, D'Auria repasó sus comienzos, el desafío de construir una carrera lejos de casa, su trabajo como músico sesionista y la experiencia de compartir escenario con el histórico cantante de La Ley.
¿Siempre fuiste una persona de ciudad?
Sí. Nací en Colegiales, me crié en Buenos Aires y también viví unos años en Madrid, la capital de España. Los últimos años estuve en Los Ángeles. Trato de ser una persona de mundo, en parte gracias a mis padres. Mi papá es músico y viajaba, así que cuando nos teníamos que mover, nos movíamos.
¿Tu papá también era baterista? ¿Te contagió ese gusto por la música?
Sí, él es baterista. Desde chico estuve muy cerca de la música y de todo lo que implica. Siempre probé, estuve ahí y acompañé ese mundo.
¿Cuándo comenzó tu camino profesional? ¿En qué momento sentiste que la música dejaba de ser un juego y se convertía en algo serio?
Empecé mis primeros shows como profesional a los 18 años, en Buenos Aires, tocando con distintos artistas. Después empecé a trabajar en cruceros. Cuando tenía 20 años me surgió la posibilidad de tocar en una orquesta en un crucero y me fui durante seis meses.
Cuando volví a Buenos Aires me pregunté qué quería hacer. Quería continuar con mi carrera, pero también me gustaría vivir en otro lugar. Ahí empezó ese dilema de decir: "¿Me quedo acá o me voy?". Finalmente tardé unos años y me vine a Los Ángeles. Desde entonces estoy acá.
¿Cómo fue dar ese paso de mudarte a Estados Unidos? ¿Llegaste con contactos o viniste a ver qué pasaba?
No, vine a ver qué onda. Llegué para el evento NAMM, que se hace todos los años en Anaheim. Me acuerdo de que llegué alrededor de las nueve de la noche, tenía un auto reservado y me fui a buscar un hotel cerca de Anaheim.
Estuve en el evento, me encantó y ahí dije: "Bueno, voy a ver si me quedo unos días". Pasaron unos días, después unas semanas y empecé a averiguar qué posibilidades tenía para quedarme. En ese momento me hablaron de la visa de artista, apliqué y se me dio.
Imagino que en ese momento se te deben haber pasado muchas cosas por la cabeza. ¿Te preguntabas si habías tomado la decisión correcta?
Totalmente. Incluso cuando llegué, yo sentía dentro mío que era mi lugar por varios motivos. Pero cada tanto te pasa que pensás: "Pará, yo estaba bien en Argentina, tenía esto, tenía mi familia... ¿Qué hago acá? ¿Qué estoy haciendo?".
Después uno se aferra a los sueños que tiene. Esos sueños son el timón que te da el impulso para alejarte de tu país y poder empezar de cero.
Ser baterista es una profesión muy particular. ¿Sentís que siempre hay oportunidades porque es un instrumento fundamental dentro de una banda?
Sí. Hay muchos bateristas y muchísimos tocan increíble, pero una cosa es tocar bien un instrumento y otra es desarrollar cualidades para poder trabajar en la industria y como músico profesional. Son dos cosas distintas.
Bateristas que tocan increíble hay muchísimos, pero después, a la hora de trabajar y de que te llamen para hacer un show, una gira o grabar, entran en juego otras cuestiones relacionadas con lo profesional.
¿Recordás cuál fue ese primer gran momento en Estados Unidos en el que sentiste que una oportunidad realmente importante estaba apareciendo?
Te diría que es justamente lo que estoy viviendo ahora. Cuando era chico escuchaba mucho a La Ley, la banda chilena, y en este momento estoy de gira con Beto Cuevas.
Cuando me contactaron y me preguntaron si estaba disponible para hacerlo, dije que sí. Para mí era cumplir un sueño. De todo el tiempo que llevo acá, esta es la experiencia más increíble que me tocó vivir.
No solamente porque me gusta mucho la música, sino porque el grupo de trabajo que hay se siente como una familia. Y Beto es un artista increíble y una persona increíble.
¿Cómo es trabajar con él?
Él siempre, antes de los shows, nos abraza a todos y nos dice: "Chicos, disfruten, toquen como si fuera el último show. Uno nunca sabe lo que puede pasar mañana. Disfruten y den gracias a Dios de que estamos acá".
Eso genera un ambiente en el que todos te alientan. Te sentís cómodo, no estás nervioso. Creo que una palabra que define a Beto es "armonioso".
Ahora estás recorriendo distintas ciudades con la gira. ¿Cómo es el ritmo de viajar constantemente y tocar noche tras noche?
A medida que pasan los días, uno tiene un cansancio acumulado porque no estás descansando en tu casa. Pero la verdad es que se lleva bastante bien porque empezamos las actividades alrededor del mediodía o la una de la tarde, así que tenemos tiempo suficiente para descansar.
Ahora tocamos en Brooklyn, después en Chicago, luego en Miami y más adelante en Highland Park, en Los Ángeles. Vamos viajando constantemente.
Si pudieras volver al 2023, cuando recién llegabas a Los Ángeles, ¿cambiarías algo del camino que hiciste?
Sinceramente, no hubiese cambiado nada. Tanto las decisiones correctas como las incorrectas son las que nos ponen en el presente que tenemos, así que puedo decir que no cambiaría nada.
Lo que sí te puedo decir es que el primer año en cualquier país al que uno emigra es muy duro. Yo estuve muy angustiado y me sentí muy frustrado porque las cosas no se daban. Pero también es una cuestión de tiempo.
Uno llega a una ciudad nueva y nadie te conoce. Por suerte tuve la suerte de encontrar algunas personas que me abrieron las puertas de su casa, me dieron una mano y me dijeron: "Alan, si necesitás algo, contá conmigo". Eso ya es un montón. Considero que fui muy afortunado.
¿Qué viene después de esta gira con Beto? ¿Ya tenés nuevos proyectos en agenda?
Después de Beto, en lo inmediato, tengo sesiones de grabación de discos que comencé a hacer en Los Ángeles y que voy a terminar cuando llegue. Estamos grabando un disco para una cantante nueva que está surgiendo, que canta increíble, que se llama Aana Lee.
Hace poco la revista Time la nombró como una de las nuevas voces femeninas con mayor proyección para 2026 dentro de lo que hace, que es música soul. Después tengo una minigira de un fin de semana a fines de mayo y siempre hay cosas dando vueltas.
¿Cómo es trabajar en varios proyectos al mismo tiempo? ¿Te llaman con mucha anticipación para las sesiones de grabación?
A veces sí, sobre todo acá. Muchas veces te llaman a último momento para hacer una sesión. Capaz te llaman hoy y te dicen: "Mirá, hay que grabar mañana". Y vos preguntás: "¿Me pasás las canciones?". Te responden: "No, no, se están por terminar. Mañana, cuando vengas, las escuchás".
Llegás al estudio, te ponen las canciones, agarrás una hoja o usás tu memoria, hacés un esquema y decís: "Bueno, uno, dos, tres, cuatro", y a grabar.
¿Cómo funciona una sesión de grabación para un baterista? ¿Te dan una partitura, una canción sin batería o depende del artista?
Depende mucho de quién te contacte y también del tipo de proyecto. El año pasado estuve grabando música para una serie de Amazon de Latinoamérica. En ese caso eran cues, pedacitos de música de 30 a 60 segundos que ya estaban grabados, y uno tenía que adaptarse bastante a lo que había que tocar. Ahí sí te mandaban una partitura para seguir.
Pero cuando trabajás con un cantante, raramente te mandan una partitura. Algunas veces sí, cuando ya está todo muy producido y es simplemente sentarse y tocar. Usualmente te mandan las canciones.
Yo me baso bastante en lo que ya está y respeto mucho la idea original. Generalmente pido una toma en la que pueda aportar mi creatividad, si considero que la canción lo necesita. Si siento que ya está bien como está, simplemente toco lo que la música amerita.
En todos estos años, ¿qué fue lo más difícil que te tocó hacer como músico y qué fue lo que más disfrutaste?
Las situaciones más difíciles son aquellas en las que me llamaron un día para hacer un show al día siguiente. Por ejemplo, cuando Fátima Florez hacía temporada en Buenos Aires, el baterista tuvo un percance. El director musical me llamó un jueves a la noche para tocar el viernes a la noche.
Era un show bastante largo, de una hora y media de música. Tuve tiempo de imprimir todo y leerlo, pero ni siquiera pude tocarlo antes porque ese día no estaba en mi estudio. Lo leí y dije: "Bueno, esto es lo que hay que tocar". Llegué al Astral, esto fue en 2022, puse las partituras y salí a tocar.
Ese tipo de situaciones las he vivido bastante porque soy sesionista y es algo recurrente. Lo mismo sucede cuando uno trabaja en orquestas, en cruceros o incluso en tierra: muchas veces no hay mucho tiempo para ensayar. Viene el artista, te trae los papeles y tenés que ensayar y tocar en el momento porque el show es esa misma noche.
Y lo que más me gustó, sin duda, es esta gira y tocar la música de Beto.
También estás muy activo en redes sociales y compartís contenido sobre tu trabajo. ¿Cómo surgió esa faceta?
Sí, sigo tratando de meterle porque, además, me gusta. El otro día subí un video en el que muestro mi set y me di cuenta de que es muy distinto cuando te enfrentás a la cámara y decís: "Hola, soy Alan, soy baterista de tal artista y te voy a mostrar tal cosa".
Genera una conexión diferente y me gusta. Voy a hacer más videos de ese estilo.
¿Sentís que hay un nicho poco explorado en mostrar el detrás de escena de la vida de un baterista?
Sí, totalmente. Todo el tiempo que tenés esperando en aeropuertos, viajando en aviones y trasladándote se puede aprovechar para hacer contenido.
También está bueno mostrar cómo es un día siendo baterista de Beto: una entrevista a la mañana, después la gira, el soundcheck, el show... Creo que hay muchas cosas para contar.
¿Cómo es un día normal para vos durante esta gira?
Usualmente me cuesta un poco madrugar cuando estoy de gira, sobre todo cuando hay cambios de horario. Para mí, en Los Ángeles, son tres horas menos. De hecho, habíamos pactado esta entrevista pensando en el horario de Los Ángeles, pero la realidad es que nuestra diferencia es de una hora. Así que estoy un poco cambiado con el horario.
Usualmente me despierto a las diez, desayuno en Starbucks y trato de salir a caminar un poco o hacer ejercicio. A las dos de la tarde nos encontramos en el lobby del hotel, nos pasa a buscar una combi y vamos al teatro.
Hacemos el soundcheck y nos quedamos ahí para el show. Si hay tiempo, volvemos al hotel a darnos una ducha y regresamos para la hora del show. Después salimos a cenar, si hay tiempo, y si no, a dormir porque al otro día hacemos lo mismo.
¿Cómo te quedan los brazos después de tres horas de batería?
Cansados, sobre todo las manos. Hay algunos videos que me filmó mi novia en el primer show donde, después de terminar una canción, me masajeaba un poco las manos por la intensidad.