En plena era del algoritmo y el consumo efímero de las redes, Capital Lunar esquiva la comodidad del hype digital para tomar el toro por las astas. El lanzamiento de Apolo, un EP de cuatro canciones donde la banda argentina termina de afirmar su costado dream-pop: climas envolventes, guitarras suspendidas y una sensibilidad más trabajada que en sus primeros pasos.
¿Qué buscaban con Apolo?
Dijimos: "Bueno, queremos dar un salto de calidad", porque todo lo último que habíamos hecho antes de eso había sido un poco con las uñas. Queríamos mejorar en cuanto a sonido y composición. Todos estuvimos de acuerdo en que necesitábamos crecer un poquito más. Y ahora estamos componiendo, decidiendo qué va y qué no para Apolo II. La intención es seguir subiendo el nivel.
¿Cuál es la historia de la portada?
En la portada está un poco la idea del templo de Apolo, pero también aparece la referencia al proyecto que llegó a la Luna -para quienes crean o no en el alunizaje-. Está la Luna, que nos representa desde siempre. Y, más allá de eso, Apolo también es el dios de la música en la mitología griega. Entonces sentíamos que todo ese concepto iba bastante bien. Queríamos llevar la tapa un poquito por ahí.
¿Qué es lo mejor de trabajar juntos?
La unión y la admiración mutua. Para nosotros eso es fundamental, porque no hay competencia y cada uno deja su espacio. Podemos dialogar a nivel compositivo, y eso siempre fue importante. A veces aparecen los egos, el "yo quiero acá", "yo quiero esto", pero por ahora todo se está alineando naturalmente.
Todos somos apasionados por la música y por nuestros instrumentos. Encerrarnos a compartir, sean dos horas, tres horas o un show en el que estamos toda la tarde con la prueba de sonido, se disfruta mucho. Hay una emoción compartida en ir a tocar, una pasión compartida. Todos sabemos que somos una pieza de un engranaje, de una máquina, y cada quien puede aportar lo suyo.