"Arranqué a los 17 años e inicialmente fue más por socializar que por otra cosa. Yo tocaba la guitarra, era muy fan del rock de los 60s y 70s, y salvo para ir a ver bandas no salía mucho, por lo que me costaba un poco socializar", rememora Mauricio Barembuem, más conocido por su alias de dj Barem, en diálogo con Billboard Argentina.
"Como casi todos empecé por ir a lugares donde la música era bastante comercial, pero dentro de todo había un poco de Daft Punk y esas cosas que me empezaron a gustar", recuerda sobre sus primeros contactos con la pista. Luego empezó a sumar incursiones a Pachá ("Que estaba en la época dorada del progressive") y empezó a descubrir nombres como Carlos Alfonsín, Cristóbal Paz y Simbad que le fueron moldeando el gusto y los oídos.
Después de un tiempo sin lanzar música, volverá a editar un track dentro del compilado A10, que celebra la primera década de Artlab, la sala porteña que cruza música, arte y tecnología. En la misma línea, será parte de la fecha de La Nube el próximo 7 de febrero, junto con Solimano, Jorge Savoretti y Charec. Con estas excusas a mano, repasamos un poco de su historia.

Tu vínculo con Richie Hawtin fue clave en una etapa muy formativa de tu carrera. ¿Cómo se conocieron y qué significó trabajar junto a él?
Nos conocimos en Buenos Aires a partir de que él empezó a poner un track mío en 2005 ("Suki"). Y me enteré en vivo escuchándolo, porque antes si no lo veías en vivo no te enterabas de casi nada. No existía ni YouTube, todavía. Para mí fue un aval enorme que alguien como él validara mi trabajo, primero porque era mi ídolo principal junto con Ricardo Villalobos y Josh Wink. En ese momento, yo aún no veía lo que hacía como algo muy profesional, sino más una actividad de exploración y si se quiere algo lúdico. Fue un momento clave para mí porque desde ese día hice el click de que la música que estaba haciendo ya había cruzado el umbral del profesionalismo. Y no solo eso, sino que uno de mis tracks había llegado a lo más alto de la escena a la que apuntaba llegar. Ese hecho fue un boom de confianza, un empujón para tomármelo más en serio.
La música electrónica suele asociarse a fiesta, energía y éxito, pero pocas veces se habla del costo emocional. ¿Cuándo empezaste a tomar conciencia de la importancia de la salud mental en tu recorrido como artista?
Bastante temprano. A los 25, 26 años tenía bastante presión estando en el sello más popular de nuestro género (Minus). Incluso dentro del sello había que escalar en status y si bien la competencia era sana, había que luchar un poco con ciertas cosas como expectativas de lanzamientos de discos, tocar especialmente bien en fechas clave, etc. También porque ya estaba afianzado en el circuito profesional pero no dejaba de ser muy joven e inexperimentado. El problema es que estando ahí tampoco se puede mostrar debilidad porque te pasan por arriba. En ese momento de mi vida empecé a notar signos de estrés, ansiedad y cosas así.
¿Sentís que durante muchos años hubo una especie de silencio o negación sobre estos temas dentro de la escena electrónica?
Puede ser, aunque creo que en general antes se hablaba mucho menos de esas cosas en la sociedad. A mí por ejemplo nunca me dio vergüenza hablar de eso ni contarlo, pero siempre me llamó la atención la cantidad de compañeros de profesión que al contárselos me decían que a ellos les pasaba lo mismo. Me refiero a que solo lo contaban si alguien más se los contaba primero. Eso por un lado me generó la tranquilidad de que mi caso no era tan raro pero a la vez la certeza de que pasaba muchísimo más de lo que yo veía en mi entorno y se callaba.
En tu experiencia, ¿qué factores del circuito resultan más desafiantes a nivel mental?
Es el conjunto de todo, pero claramente las giras son el factor más desestabilizador porque se suma dormir poco, cambiar de husos horarios, comer en horarios diferentes, muchas veces apilar más fechas de lo común para sacarle más rédito a un viaje largo y esas cosas. El calendario es muy traicionero porque mucha de la planificación se hace en momentos de calma y después cuando te querés acordar mirás la planilla y no tenés un fin de semana libre en los próximos 8 meses. Eso te da vértigo y una vez que te comprometiste no podés no ir. Obviamente si te pasa eso es que tu carrera va muy bien y se ve bien desde afuera, por lo que es difícil salir de esa vorágine. Si bajás el ritmo se percibe como que perdiste peso porque fuera de tu entorno de trabajo casi nadie sabe las razones.

¿Desde qué lugar creativo nace el track que aparecerá en el compilado A10?
Quería intentar hacer lo que hago siempre, que es entablar un vínculo con mis discos de antes pero mirar para adelante y usar elementos o estructuras más modernas. Creo que es importante combinar cosas propias de tu historia con cosas que te llaman la atención en el presente porque es una manera de evolucionar sin darle la espalda al recorrido. Pero también como decís es lo primero que saco en años. Estoy con ganas de volver a hacer música regularmente y ver para donde me lleva.