Para concretar esta portada de Billboard Argentina, Andrés Calamaro propuso un encuentro informal como prólogo y una entrevista escrita. Lo sabe la prensa musical: el cantante no tiene problemas en conversar con periodistas, pero prefiere responder siempre por e-mail. Recomendación que hace muchos años le hizo el poeta Alberto Girri, gran amigo de su padre Eduardo, y que él adoptó como norma. Así las cosas, invitó a un café por su barrio, "Palermoishe" -cuadrante de edificios delimitado por el ex zoológico y el Parque las Heras, al norte de la Ciudad de Buenos Aires- para pactar las condiciones de esta producción. Sin cámaras ni grabadores. Sobre la mesa, una lágrima y un jugo de naranja para él, que revolvió antes de cada sorbo.
Comenzó el año casándose con Natalí Franco y, desde allí, viene combinando vida doméstica con compromisos musicales. A finales de este mes, Calamaro tiene pautadas tres funciones en el Movistar Arena, especie de corolario de una larga gira que lo llevó por casi toda la Argentina, parte de América y Europa y finalizará en diciembre en Chile.
En el bar sonó una playlist de "puro rock nacional". Soda Stereo, Enanitos Verdes, Los Piojos, Babasónicos, Coti Sorokin, Auténticos Decadentes… Y también él: "Te quiero igual", "Mil horas" (de su época en Abuelos de la Nada), "Mucho mejor" (Los Rodríguez). Cuando se reproduce "Flaca", le pregunto qué le pasa con esta canción. "Me da igual cómo voy a ser recordado, pero que no sea solo por cinco canciones. Mi idea es vivir", cierra. Y abre el juego a que la sigamos vía e-mail.

¿En qué momento de tu vida te encuentra esta entrevista?
¿Musical, personal, financiero, filosófico? Me encuentras en un período entre volver de la gira y empezar la siguiente. Más que un respiro, un suspiro. No obstante, empezamos el año pagando facturas con el culo, me reconvertí en un cliente vivaz de buenas tiendas de ropa donde me reciben como a un jeque árabe o, algo es algo, me convidan con café y agua mineral embotellada. Lo único que lamento de vivir en Buenos Aires es que me resulta imposible comprar siquiera calzoncillos. Empezamos el año no sin ciertas complicaciones pero hicimos la gira intacta y cumpliendo con los compromisos. Giramos entre Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Bélgica, Francia, España, Dinamarca e Irlanda, entre marzo y julio. Musicalmente nos encontramos muy bien, creciendo hacia arriba y hacia los costados desde el primer ensayo.
Este año leí por encima de mi promedio mediano de lecturas medianas, desde los "americanistas" Easton Ellis y Jay McInerney, hasta Agustin de Foxa y Juan Manuel de Prada, incluyendo -entre otras lecturas- las lindas memorias de Jacques Dutronc con las que me encontré bastante identificado. Tomamos cuarenta vuelos hasta la fecha, algunos se hicieron esperar, perdimos alguno, de algún avión me bajó la policía, intenté moderar la rabia en algún aeroparque kafkiano, estrené una formidable guitarra hueca de Gibson que pienso honrar adquiriendo dos o tres más de modelos similares.
Paradójicamente, mi destino es viajar por trabajo, aunque no me agradan los viajes largos ni tomarme vacaciones. De todas maneras viajo y no solo para la música: tengo una preciosa familia ensamblada y amigos fuera de Argentina, entonces me sacrifico yendo de vacaciones y con escapadas -sin fines musicales- fuera de nuestro país. Mi dinero me lo gasto en elegancia aunque, nadie es perfecto, luego cultivo un estilo campechano y sin estridencias. Lo de siempre, sufro de insomnio; no obstante despierto al alba y me gusta estar vivo en las primeras horas del día.
¿Por qué te resulta imposible comprar calzoncillos en Buenos Aires? ¿Por la calidad de la ropa, por lo caro que cuesta, porque te acosan cuando salís a la calle...?
Soy un transeúnte normal, camino a la vista de todo el mundo como toda la vida. El asunto de la "compra de calzoncillos" no es textual, es una broma donde me presento como croto y dandy al mismo tiempo. Citando "El Oso": "Las calles son mías". No hay día que no salga caminando a hacer mi vida normal. Jamás hubo que lamentar una escena desagradable ni una falta de respeto. Al contrario; mayormente me cruzo con adultos que me saludan con familiaridad y respeto, una inclinación de cabeza, una fotografía, a veces también escenas emotivas frente a las que, pudorosamente, no se como reaccionar fuera de agradecer con un abrazo. Como sea, prometo vestir con ropa interior fabricada en nuestro país, acaso manufacturada con algodones peruanos.
¿Te sigue honrando que la prensa musical te tenga en cuenta para ser portada?
"La música es lo que nos dice que la raza humana es más grande de lo que creemos" (cita a Napoleón Bonaparte). Bueno, prefiero insistir con un bajo perfil dentro de lo posible. No soy un músico que aprecie "promocionarme" apareciendo, contando anécdotas en la televisión o los streaming, en los premios, las alfombras y esas cosas.
La palabra abona el malentendido y la experiencia musical es completa en las giras buenas, tocando para un público que siempre celebra emocionado, gustándonos en vivo y viviendo como músicos sin necesidad de hacernos ver como productos que necesitan de marketing, inundar Internet con batiburrillo ni contar mucho. Me parece bien hablar de música pero lo mío son los ensayos y las giras, tampoco soy un divulgador musical ni un storyteller. Hacer una portada consiste en elegir una buena foto y un título que, mucho mejor si no es mi peor frase; luego descarto ser portada de la Forbes a menos que ocurra algo sorpresivo realmente.
La portada de Forbes, en Argentina, parece estar reservada únicamente para productos como Bizarrap. ¿Los músicos están ganando menos de lo que corresponde?
Mencionar la Forbes es una broma, no estaba dirigida a los colegas ni estrictamente al dinero; más bien a suponer que para un músico es más atinado ser portada de una revista cultural o musical, que sea por un recital, un disco o una entrevista y no por un patrimonio. Tampoco estoy educado para quejarme de nada, las cosas como son: algunos músicos terminan con la "guitarra en el ropero" y otros sabemos ganarnos la vida.
No se cuánto dinero ganan mis compañeros, no pregunto esas cosas; aprecio una buena conversación iconoclasta y me alegro si mis colegas celebran un buen pasar. Este es año de revelaciones y cambios que podrían afectar en mi corpus financiero sin llegar a ser portada de revistas especializadas: tomamos La Bastilla. Leí unos cuantos libros y derroché un poco en trapos. No soy demasiado ambicioso, sé decir que no, eventualmente puedo despreciar la guita por orgullo o por vagancia.

Las giras y su nueva banda
¿Cómo vivís la gira por América, parte de Europa y esta vuelta que estás por concretar a la Argentina?
No me gusta demasiado ser el centro de la atención de tanta gente. En venues enormes sufro un poco, me cuesta bastante encontrar el ritmo y la naturalidad en los escenarios, busco con tenacidad (tampoco con resiliencia) mis sensaciones plenas interpretando, me distraen bastante los celulares en las primeras filas y mi punto débil son los grandes festivales…
Una lástima porque son buenísimos caché, pero luego tocamos lo mismo para 1.200 personas y disfruto más. Este año disfruté bastante en sitios enormes como en Lima y en locales medianos como el histórico Bataclan, de París, donde tocamos empapados de sudor, para un público abigarrado y emocionante que daba la vuelta a la manzana antes de entrar.
Las sensaciones en el escenario son todo para mí. Si bien somos músicos de conciencia pura, nos encanta ensayar y disfrutamos incluso de las pruebas de sonido, estamos librados a una cierta suerte -o azar- en las circunstancias, como los toreros que dependen de la suerte que sale de los corrales, o los corredores de Fórmula Uno que sienten el motor, el estado de los neumáticos y cada detalle en el organismo de la máquina que eventualmente les permita restar décimas de segundo. Me considero un "músico torero" en tanto intento abrazar conceptos que podrían asociarse con la interpretación torera. Humildemente, percibo influencias de mi amigo Jose Antonio Morante, un torero distinto a todo y un artista espiritual inalcanzable por el momento de pureza e inspiración con la que ha vuelto de sus precipicios interiores.
Hablemos de tu música desde el punto de vista de los ensayos. ¿Le encontrás cosas nuevas a tus canciones cada vez que las recreás, por más de que las venís tocando hace varias décadas?
Sí, por supuesto. Interpretar siempre. Soy incapaz de repetir dos veces una melodía idéntica, supongo que hice una virtud de la circunstancia. Es una forma de hacer las cosas dentro y fuera de la música. También importa la expresión en la música de las partituras, rígidas con las melodías escritas pero sensibles a una cierta "teatralidad" de intérprete.
Es una época extraña y linda, todo al mismo tiempo, no se si el público está dispuesto a descubrir música nueva, no se si quieren cantar fuerte mientras tocamos o estar con el teléfono. No voy a menospreciar la calidad del público y -afortunadamente- cantamos para dos o tres generaciones y es posible que arrastren estos nuevos hábitos. Reproches ninguno, a veces me distraigo con las pantallas y puedo rezongar pero el público nos ofrece candor y emociones que sabemos apreciar.
No sé si ya hice mil o dos mil recitales para veinte millones de personas porque no hay estadísticas para eso, pero la música llega a presidentes, la realeza, futbolistas de élite, hinchadas, gente de la calle, el trabajador de jornada completa. Del campeón al derrotado. Del millonario al que vive en la calle. Del intelectual al que no tiene la primaria, del Rey hasta el mendigo, del científico premiado al taxista o mecánico.
En ese "crecer hacia arriba y hacia los costados" desde los ensayos, ¿qué sentís que le aportaron a tu banda y, sobre todo, a tus canciones, los ingresos de Brian Figueroa y Andrés Litwin?
El año pasado sumamos a Brian y Andrés, y este año a Pablo y El Niño, en vientos. Ensayamos mucho para luego tocar las canciones siempre distintas, mi idea es conocer el repertorio para luego apelar a la naturalidad y el enfoque artístico, improvisar o ejecutar interpretando. Eso lo entendemos con el blues, el jazz, el flamenco, el rock n roll y casi todos los géneros que nos gustan o nos importan. Andrés y Brian son excepcionales, cálidos compañeros y músicos inspirados y superdotados que ofrecen todo al servicio de la música.
Eso de "crecer arriba y hacia los costados" lo decía Miguel Abuelo haciendo referencia a lo musical y al tamaño "espiritual" de ser grandes, supongo. Tampoco hay que interpretar literalmente estas frases cortas, a veces con el tiempo le encontramos sentido a algo que escuchamos hace veinte años, o cuarenta en este caso. Si bien es posible que haya sido un enfoque poético de la realidad, la realidad cambia y es una frase que bien podría desarrollarse tanto para la Forbes como para la Billboard.
A lo largo de tu recorrido armaste bandas con músicos de todo tipo: algunos más virtuosos, otros más pirotécnicos, otros con más cartel, otros más funcionales a las canciones, otros más propensos a la situación jam... ¿Qué tiene que tener un músico para que te llame la atención y decidas convocarlo a tu equipo?
Aha, hace muchos años que armamos grupos con músicos extraordinarios que entienden el rock desde un conocimiento práctico y poliédrico, lo improvisan y cantan bien, entonces quedo relegado al papel de cantante esforzado y músico secundario rodeado de virtuosos, consiste en un privilegio lujoso. Podría armar grupos con otro rango para destacar tocando instrumentos pero me gusta rodearme de compañeros comprometidos con la música, el instrumento y el ensamble. No soy un cantante solista natural, prefiero ser parte de un grupo y me gusta que los chicos destaquen, demuestren y sean protagonistas, así funciona un recital de rock. Creemos que el siguiente puede y debería ser el mejor que hacemos.

Este año, en el Quilmes Rock, sorprendió el ingreso de una dupla de metales, elemento al que muchos artistas (desde Los Piojos a Iggy Pop, por nombrar tan solo dos ejemplos) apelan para sumar nuevos arreglos a sus canciones clásicas. ¿Por dónde pasó esa decisión de darle una nueva vuelta a tus canciones?
Primero pensamos en sumarnos a los chicos en un racimo de canciones pero en cada ensayo el repertorio se puso más interesante, Germán (Wiedemer, pianista y director musical del grupo) estaba encendido escribiendo arreglos casi para cada ensayo. Quizás -anteriormente- tenía mis reservas con la inclusión de metales, afortunadamente cambié de idea. Soy un gran admirador de los artistas del viento y los arreglos extraordinarios en el jazz y la salsa. Nunca habíamos tocado en vivo los arreglos que grabamos en discos, pero fuimos más allá, cada ensayo más y mejor, y disfrutando cosas nuevas en todos los recitales. Sumamos mucho vuelo musical, cada recital es más emocionante e interesante.
"Quiero hacer un disco del que se hable en 50 años", le dijiste a Susana Giménez en el año 2000, previo a que saliera El Salmón. Pasaron 25 años y se sigue hablando no solo del álbum sino también de sus derivaciones. Pero quizás sigue sin ser del todo descubierto. ¿Creés que tiene que ver con que no muchas llegaron a tu repertorio en vivo?
El Salmón es la versión resumida de una exploración "submarina", la inconsciencia y las grabaciones informales, fueron cientos o miles de grabaciones. Pero aun resumido, son cinco horas de música y es más sencillo "no descubrirlo" que estudiarlo. Para colmo es la versión "prolija" de una cantidad sobrehumana de grabaciones que existen, el Salmón Sashimi. No obstante no fue pensado como un disco, estaba dignamente resignado a no compartir esas grabaciones, a que sean (fueran) un episodio secreto entre la música y yo: una duda razonable: "Si la música existe tampoco es demasiado importante compartirla, exhibirse, darla a conocer". Un desafío existencial. Además fueron meses de temeridad en la búsqueda de la intensidad, menos mal que no me agrada contar anécdotas. Y si, tocamos cosas de El Salmón en vivo. Curiosamente fue un álbum rentable, Dro Warner recuperó la inversión en veinte minutos, tampoco lo que gastamos en farra.
Durante esos años escribiste casi una canción por día y sacaste discos monumentales. ¿Qué aprendiste sobre tu propio límite creativo y humano? ¿Dirías que el precio de tu creatividad fue demasiado alto o valió la pena?
Llegué a escribir muchas canciones por día como quien escribe veinte páginas en un día, imposible no es. Tampoco creo que hayan sido canciones solamente, eran grabaciones, experiencias con la música. Las canciones no siempre alcanzan para mover el rock como sustancia, no son el núcleo del átomo rockero. O sea… Acordes y una letra pueden ser interesantes o aburridas, mientras que un riff puede sacudir al mundo. Como "Highway To Hell" o "Sex Machine", "Black Dog" o "Smoke on the Water", que no son "solamente" canciones o enormes canciones como las de Cole Porter o Aníbal Troilo.
Es posible que haya abusado de la cosecha de canciones pero quizás estamos en una "crisis" mundial de creaciones aunque, lógicamente, espero equivocarme; no me consta que se estrenen cosas brutales y geniales todos los días, ni se publiquen los mejores discos de la historia, y no es que rechace géneros ni música exitosa, intento que me guste todo y me comprometo como intruso en otros géneros y sonidos fuera de mis querencias habituales. No soy adicto a la nostalgia. Creo que apelo a la facilidad para vivir vidas virtuales que podrían dar la espalda al acto creativo, a tratar a los oyentes como seguidores o a la superpoblación informativa.
La Agenda 1999 le dio paso a la Agenda 2025 en este segundo tramo de la gira. ¿Hay posibilidades de escuchar música nueva de tu autoría en lo inmediato?
No creo que eso ocurra inmediatamente. No obstante tenemos discos en marcha, canciones ocultas pero vivas. Me gustaría poder decir que no voy a publicar mas nada pero tampoco me lo creo, sé que estoy en condiciones inmejorables para aportar y descubrir cosas nuevas dentro del universo discográfico del que me siento parte quizás como reliquia del siglo pasado. Como dice (Ernest) Hemingway, "uno escribe aunque esté lejos de una máquina de escribir".
¿Por qué decís que te "gustaría poder decir que no voy a publicar más nada pero tampoco me lo creo"?. ¿El Diego Armando Canciones está guardado en un ropero?
No podemos descartar una "crisis de atención" en el mundo oyente y ahora esclavizado en línea. No me entusiasman los "influencer" de rock, ni el rock en Instagram, no me gusta promocionarme, ni tiene sentido esperar la validación de desconocidos si no sabemos quienes son. El rock en los discos y en los recitales es noble y digno, los que nos vienen a ver -y los que escucharon los discos- tienen mi gratitud y mi humildad, les aprecio. Fuera de eso, es sanata: Internet hace del rock una máquina infame de chismes y post verdad. En esos términos, sí, prefiero que me olviden, que no vuelvan a pronunciar mi nombre, jamás.
Hablando en serio, vender entradas es honorable, agotar un teatro es muy importante, una persona escuchando nuestro disco es algo lindo y emocionante, como lo es habitar en la memoria colectiva a través de recuerdos musicales o ser parte del sonido de la calle y la vida de gentes. Lo demás es menor, el consenso de internautas que no saben atarse los cordones, la popularidad en Internet y la televisión es inversamente proporcional a una hipotética honorabilidad personal y rockera. Para mi, porque tengo afecto y simpatía por artistas (entretenedores) que si se proyectan en internet como "influyentes" y son grandes desde estas plataformas. Estoy encantado en participar en otra naturaleza de grabaciones y explorar en registros allende donde pueda aportar con eficacia.

¿Sentís que ya escribiste tus mejores canciones?
No me nombren que es pecado / Y no comenten mis trinos / Yo me voy con mi destino / Pa'l lao donde Sol se pierde / Tal vez alguno se acuerde / Que aquí cantó un argentino.
Ojalá estuviese seguro de que "ya escribí" mis mejores canciones, hablaría bien del repertorio. Si ya están escritas -las mejores- no se cuales son o no van a ser las más celebradas ni las que llenan teatros. Tengo 600 canciones registradas y me gustaría tener mil o 1200. Pero entre una gira y otra no toco instrumentos, a veces ni escucho música. Y entiendo la interpretación en vivo como un evento creativo completo. Tenemos tres discos en marcha desde el año pasado pero no me dedico todos los días a las grabaciones domésticas que son el método para llegar a un disco con canciones de sobra.
Lo mío no son exactamente canciones, son grabaciones musicales con letra, no hago demos con una guitarra o el piano, me gusta escuchar que la canción suena, un esbozo de diseño de producción. Si supiera jugar bien al golf, probablemente estaría pensando en dedicarme casi exclusivamente a eso. Podría llamarme a barbecho y completar un disco con orquesta, otro de canciones de rock, otro en vivo y varios de archivo. Casi todos los autores consagrados en el mundo, publican cajas llenas de CD con inéditos; no obstante siguen de gira con más de ochenta años. Según este teorema, me quedan veinte discos y veinte años. Mi anhelo es tener mi propia sala de ensayos con instrumentos siempre armados. El golf está casi descartado, qué pena.
Redes, correción política, el anti-caretismo
¿Te incomoda que las redes sociales operen en favor de lo viral y, a veces, eso haga que a Buenos Aires lleguen noticias extra musicales de tus recitales en el exterior?
"Saben bien los demagogos que el lenguaje –como nos enseña Wittgenstein– modula el pensamiento y determina la forma en la que percibimos la realidad; y que, por lo tanto, puede ser utilizado como arma política, para poder manipular la realidad y encarcelar la mente. Cuando no entendemos una ironía, un calambur o una metonimia hay una parte del mundo que queda fuera de nuestro entendimiento; y nuestro entendimiento, a la vez, queda prisionero en una cárcel. Orwell, en su célebre distopía, nos mostraba cómo una extrema simplificación del lenguaje impedía el pensamiento crítico y reducía a las personas a gurruños de carne obediente" (CIta a Juan Manuel de Prada).
Supongo que lo dices -asimismo- por el honorable episodio de Enrique (Bunbury) harto de los celulares que le distraen en las primeras filas; le entiendo y acompaño porque me ha pasado de distraerme con un panorama distinto a lo de los recitales tal y como los conocemos. O Fito (Páez) en el Perú recordando la vivacidad del espíritu sublimado por la música y la reunión humana, quizás por mi provocación en Cali para solidarizarme con persecuciones que me constan infantiles, autoritarias y trágicamente falaces. Hay quienes reclaman, disputan, protestan. Yo sólo hago un gesto: me pongo mi abrigo, doy la espalda y cambio de opinión. Y todo lo contrario.
Ocurre que hacemos cientos de recitales muy celebrados e incluso aquellos que pudieren ser sensibles de un cortocircuito técnico o personal, siguen siendo recitales poderosos, ensayados y aplaudidos. A veces reaccionamos así, espontáneamente. Si después ochenta personas se regocijan siendo ácidos o acusándonos de "asesinos de animales o fascistas que hablan con un papa en la boca", que dios los perdone y les haga llover del cielo miles de seguidores.
"El significado de las palabras no se reduce a la suma de sus elementos literales, sino que opera en un plano simbólico que las trasciende; y tratar de censurar a quien utiliza el lenguaje en un plano simbólico es un error típicamente «burgués y regresivo». Ahora, en cambio, nos lo presentan como un rasgo de progresismo. Qué asco de época" (Cita a Juan Manuel de Prada).
Adrián Dárgelos dice que los esclavos modernos son los "creadores de contenido", una idea que la anexo a esto que decís de los "influencers del rock". Al margen de esto, solés tenés períodos activos en Instagram e, incluso, TikTok. Y tuviste alta rotación en X con tus distintos alter egos. ¿Le ves algo de atractivo a las redes sociales?
Amén. Tenía una cuenta de parodia política con seudónimo Ezra Pound, "stand up fascista", que intentaba burlar con ironía las muecas "progresistas", hacer frente a la ingenuidad y el cinismo del "bien pensante" presumido. Supongo que otros Ezra Pound continuaron con la tarea una vez me borré cuando los portales violaron los códigos del anonimato apócrifo. Solo uso WhatsApp y prefiero que no se me llene el culo de mensajes.
Menos redes es enredarme menos. Lo interesante sería alentar a un movimiento masivo para silenciar las telecomunicaciones no imprescindibles. Es verdad -y obviedad- que el tiempo que ahorramos en Internet lo podemos invertir en lecturas o ver cine, escuchar música o juntarnos con un amigo a almorzar.
En varias de tus canciones, la espera es casi un personaje: esperar a alguien, esperar que pase algo, esperar que algo regrese... ¿De dónde nace esa obsesión?
No se, tampoco creo que sea una constante en las letras. Como a la mayoría, no me gusta esperar, además sufro de insomnio. Y otra cosa no menos importante; las letras una vez escritas son sílabas que vamos a cantar. Entonces, no soy alguien que necesite esperar mucho por nada, lo máximo que espere por algo importante fueron ocho días.
Algunos de tus colegas, como por ejemplo Indio Solari, dicen que el rock argentino consiste en algo así como traducir el rock original (o, dicho palabras de Indio, nuestro rock son "boleros acelerados"). ¿Te reconocés en esa idea?
Sí, en parte. Lo de los boleros acelerados lo había pensado, hacer del rock algo fonético y agradable es lo que la mayoría intenta, al fin de cuentas escuchamos música en inglés sin hablarlo coloquialmente ni leerlo. Afortunadamente existen el tango y el folklore, con sus poetas contrastados, y buenos letristas poéticos en el rock también. Luego podríamos parafrasear a Ricardo Iorio cuando sostiene que la música que escuchábamos con quince años no nos dejó casi aprendizaje, egoísta y funcional a momentos infames.
"Flaca" es una canción que cada semana está en el Hot 100 de Billboard Argentina. Es, quizás, el mayor hit de Alta Suciedad, un disco que siempre lo definiste como "instrumental con letra", dada la importancia de los músicos que te acompañaron en la grabación. Sin embargo, hay en la letra y en la melodía de este tema algo que la hace irresistible, casi treinta años después. ¿Descubriste cuál es su secreto?
La hice de un golpe en unas horas, primero lo primero: batería, acordes, instrumentos para que suene bien la maqueta; quizás empecé por el título y es una letra breve que pude haber terminado en media hora máximo. Grabé ese demo tocando todos los instrumentos y después -el disco- en New Jersey y Manhattan con Joe (Blaney, productor) y los músicos. Existen entonces dos versiones que yo sepa. Demo y disco.
Cada cual puede interpretar esta letra como más le guste. Yo no necesito saber quien es "Muchacha, ojos de papel", si era ciega o si tenía lindas tetas o si lo amuró a Luis Alberto (Spinetta) hace 55 años. Una cuestión de respeto y buen gusto. Me resulta desagradable hasta pensarlo.
Un "secreto" o dos: "Gustarse primero para gustar después". "Mejor si la letra y la música llegan juntas".
"Flaca" y "Loco" son dos partes de una misma cosa, unos Adán y Eva bonaerenses. Podrían ser "Loca" y "Flaco". Ni notaríamos la diferencia.
No me importa reconocer cuando una canción no tiene aspiraciones poéticas o no consiste en una revelación personal. Acordes mayores y menores. Tengo un repertorio fecundo y espero compensar con otros textos más interesantes, marginales, disparatados, graciosos, terribles o metafóricos, como "Gomontonera", "Flor de Samurai", "El Pasodoble de los Amigos Ausentes", "El Camino Entero" o El Salmón (completo) como opereta marginal grabada en cassettes.
Alguna vez dijiste que, con "Crímenes perfectos" sentiste haber tocado en "la fibra interior" del pueblo. ¿Esa es tu mayor satisfacción como escritor de canciones?
Prefiero -en tanto a la medida de la satisfacción mis grabaciones más ásperas como "El Manifiesto Común", "Hop de Realidad" o "La Verdad Congelada", las grabaciones con Jerry Gonzalez, los instrumentales y las grabaciones insólitas que son cientos o miles. Además me presentan como artista desopilante y extrañamente virtuoso. El afecto del pueblo, la complicidad y la gratitud de aquellos que me saludan respetuosamente en la calle todos los días, siempre se agradece. De ninguna manera niego la importancia satisfactoria de cantar para todas las gentes, los de arriba, los de abajo y los del medio, pero no me considero un "escritor de canciones" o compositor diplomado. Necesitamos canciones para cantar algo. También me gusta mucho cantar versiones de compositores certificados, meterme dentro de esas melodías armónicas y textos de primera categoría.

¿Qué significa hoy, para vos, la libertad (otro concepto que aparece en muchas de tus canciones), en un mundo de autocensura y corrección política?
La libertad es abstracta o tangible, una metáfora o el tesoro más apreciado. Libertad resuena en significados para mi generación, como alternativa a una vida adocenada o llegando a salvo a casa tarde en la noche, también se resignifica en la vida de tantos paisanos sensibles de pasar temporadas en el presidio o en un país poblado de antepasados que llegaron evitando la guerra, la miseria y los campos de concentración. Asimismo es un concepto abstracto, como de ateos hablando de dios.
La "corrección política", por algo lo escribimos entre comillas, fueron los psico-bolches y luego los adalides de la discriminación positiva o el nuevo moralismo de finales de los noventa, citado por Phillip Roth en La Mancha Humana. Nos burlamos de los cantantes de protesta desde hace décadas, no hay motivos sólidos para negar el hedonismo o arrepentirse de la ironía y el sarcasmo que define a los porteños.
Buena gente que conozco me reclama un cierto control, que tampoco consiste en autocensura dura. Pero me cuesta no ser sincero o legítimo, adopto el estilo lenguaraz del Martin Fierro incluso si convocan manifestaciones en repudio de servidor. Ni chivatos ni membrillos. Araca que el caretaje y la delación van por barrios y no distinguen la derecha de la izquierda. Caramba, presento pruebas homologadas por Nietzsche, Schopenhauer, Easton Ellis, Houllebecq, Ismael Rivera y Lemmy de Motorhead.
Alguna vez parafraseaste a Diego Maradona acerca de que el único título que te interesaría ostentar es el del "menos careta del año en la Argentina". ¿Creés que sos el menos careta de, al menos, tu generación?
No tiene importancia. Siempre hay alguien más suelto, atrevido o elocuente; lo que nos importa son los de enfrente. Ni chivatos ni membrillos. En algún momento -en los años ochenta- salimos a la calle y nos reconocimos con un saludo de mentón (la barbita) o una inclinación de cabeza, cómplice y gentil. Era menester. Antes de eso, salíamos a la calle y nos esperaban con palos o todos a un colectivo directo a una comisaría, si naufragábamos en el centro nos llevaban a Huergo, toxicomanía. Incluso adolescentes y menores de edad.
¿Qué cualidades debería reunir, en tu criterio, una persona para no ser considerada careta?
En el siglo pasado, discutimos la legitimidad del autoritarismo conservador contra toda una sociedad intolerante. Ahora la intolerancia va por barrios y se excusa en un dudoso puritanismo moralista que presume de virtudes ideológicas sin ningún sustento intelectual visible, lo que entendemos como progresismo reaccionario. Una explicación que coincide -o actualiza- la del anti caretaje citado por Diego que asociamos con: ofender a las autoridades, blasfemias, conductas hedonistas y una interpretación generacional de la libertad; expresiones de libertad ahora sensibles de ser condenadas por la checa borrica que pulula en las pantallas del ball & chain.
"Tendría que decir que entré en la música para fumar marihuana", dijiste alguna vez. ¿Cuál dirías que fue tu período musical más influido por eso? ¿Qué vínculo tenés hoy con el porro?
La combinación de música y fumo fue -para mí- un rito iniciático saludable para el espíritu y la mente, sin ánimo de ser apologético. Quien sabe si fuera reglamentario (como las vacunas) sería este un mundo más armónico y pacífico. Quizás aquello lo dije aludiendo a esta combinación imbatible o a un supuesto status que imaginamos o percibimos en los recitales, el contraste entre estar en el escenario o estar en el público en aquella época. Importa que consideremos, Ezequiel, el contexto histórico; fumar es legal hasta en los Estados Unidos pero nuestra generación aguantaba acoso policial, conflictos judiciales, amenaza nocturna, incluso cárcel o turbias detenciones en las siniestras instalaciones policías en los peores años que nuestro país recuerda, detenidos en 1978/1979.
Vínculo actual: un gourmet con hábitos moderados pero exquisitos.
Períodos bajo el influjo del cannabis, casi todos; temporadas tomando "la del papa", ya nunca. Es tentador el boost creativo pero ni me lo planteo, es la única forma, como ocurre con el tabaco y las bebidas espirituosas. Ahora son micro cosas o cuarenta cortisonas nada más, y un maní para mascar.
Fumar tabaco es casi delictivo, hay reglas para pasear al perro y se consumen drogas legales para palear esto y aquello. Millones de blíster por segundo para palear esto y aquello. Que mundo hostil, sufrir es permitido. En algo nos equivocamos cuando cambiamos las sustancias ilegales por otras recetadas. Es pregunta.
En varias ocasiones hablaste de… e incluso escribiste canciones para tributar a tus amigos bandidos. ¿Siempre se mostraron agradecidos con estos gestos? ¿Alguna vez te pidieron mayor discreción sobre ellos?
Soy muy discreto. Me gusta la conversación privada y no divulgar mis algoritmos personales. Cuando nos encontramos, omito decir en donde me encontraron y donde nos juntamos, me salían bifes de chorizo de la nariz. Ahora me despierto en la madrugada y preparo café con leche para cinco. Ya entonces apreciaban mi espontaneidad sin filtro. Escribimos canciones juntos, cuentos y un guión de cine. Más importante que eso: la amistad blindada, la que cita Yupanqui.
Sí. De adolescente, entre músicos, me llamaron a discreción alguna vez. Fue hace siglos, lo entendí y nunca hizo falta que me lo repitan o recuerden. Fueron dos palabras y lo entendí, soy de esa clase de músico y persona que apenas si necesita explicaciones y las acepto con agrado.