Dicen que la extrañeza de la fama está en su propensión a volver irreconocible aquello que pretende exhibir. ¿Qué queda de una persona después de haber sido observada incontables veces? ¿Qué sucede en el intervalo que separa el reconocimiento ajeno de ese momento en que uno empieza a percibirse a través de los ojos de los demás? La popularidad encierra procesos insidiosos: altera la noción colectiva y, con el tiempo, permea la propia subjetividad. Puede servir como la certificación más fehaciente de que finalmente se llegó a alguna parte, hasta que la consumación del hechizo obliga a reconsiderar eso que, en principio, lo había vuelto deseable. Como Britney Spears, Christina Aguilera y tantas otras superestrellas antes que ella, AITANA encuentra su material más interesante en esa zona de choque.
"Creo que es una canción importante para el disco. Si, estoy hablando de una cosa íntima, ¿cómo voy a dejar esto afuera?", pronuncia en los primeros segundos del videoclip de "CUARTO AZUL", el tema que bautiza su último álbum. La cámara registra a la artista de espaldas: ataviada con un vestido de fiesta y delimitada por el encuadre de una videollamada, ocupa lo que parece ser una reconstrucción del dormitorio que habitó desde los nueve años en su casa familiar. El plano permanece estático mientras la letra suelta frases que cualquier película hollywoodense sobre el precio de la exposición querría para sí: "No quiero viajes entre las estrellas / nunca me consideré una de ellas".
Sería sencillo interpretar la escena como un ejercicio de egolatría y suponer que ese arco protagónico sólo pretende concentrar todas las luces sobre ella. Sin embargo, hay algo más jugoso sobre la mesa y es el hecho de que ya participa de lo que intenta contemplar a la distancia. De allí deriva la ambivalencia que rige CUARTO AZUL, publicado en mayo del año pasado. A través de diecinueve temas, habita la contradicción entre la euforia de la conquista y la melancolía retrospectiva por la vida que quedó atrás.
A partir de esa disyuntiva, y en deliberado distanciamiento del concepto bailable que había vertebrado una porción significativa de sus trabajos anteriores -Spoiler (2019), 11 RAZONES (2020) y alpha (2023)-, AITANA montó una obra introspectiva y personal, en el que la exposición pública, el malestar emocional, los afectos y la relación consigo misma confluyen en un interrogante común. Alrededor de esa intimidad trabajan siete invitados -Myke Towers, Jay Wheeler, Kenia Os, Danny Ocean, Ela Taubert, Barry B y Alaska- y un ensamble de productores y compositores que incluye a Nico Cotton, Andrés Torres, Mauricio Rengifo, Manuel Lara, DallasK, Casta, Kuinvi, Gale y Andy Clay.
Reacia a cultivar la retórica de la "chica famosa", la artista española interrumpe por un rato el movimiento del CUARTO AZUL WORLD TOUR -una gira que ya recorrió Europa y llegará a Buenos Aires los días 21, 22 y 23 de octubre- para conversar con Billboard Argentina por videollamada desde una camioneta rumbo a Barcelona. "Lo normal para mí es ser desconocida; es la realidad en la que crecí. Todavía me cuesta acostumbrarme a todo esto y creo que nunca voy a terminar de hacerlo", asegura. Mientras intenta comprender la dimensión de lo que le ocurrió, su figura pública parece haberse independizado y suele llegar primero a cualquier habitación. En algún lugar entre ambas, vive el personaje que el mundo aprendió a llamar AITANA.

El disco habla de volver a un lugar en el que reconocerte después de tantos cambios. ¿Volver a vos significa recuperar algo de quien eras antes o aceptar que ese pasado ya no existe?
Se trata de aceptar que la vida va cambiando. Lo dije también en Metamorfosis (2025), mi documental en Netflix: somos muchas AITANAS. "Inventas", una canción de Vanesa Martín, tiene una frase que dice: "A todas las mujeres que habitan en mí, juro que hay alguna que yo ni conozco". Siento que dentro de mí tengo muchas mujeres habitando por todas las experiencias que he pasado a lo largo del tiempo. La vida avanza, pero hay cosas que se quedan en ti para siempre.
CUARTO AZUL nació en un momento en el que me sentía perdida. No tanto musicalmente, sino conmigo misma. No sabía bien hacia dónde ir. Estaba empezando una depresión y, en ese momento, todavía no lo sabía; me la diagnosticaron más adelante. Me costaba entender de dónde venía tanta tristeza cuando, al mismo tiempo, me estaban pasando cosas buenas. Y eso es frustrante, porque sientes que no es justo que te esté yendo bien y, aun así, tú tengas que estar así. Es como que me sentía desagradecida con mi vida.
¿Cuáles son hoy las dos AITANAS que más discuten entre sí?
Madre mía. A veces me pregunto si esto tiene que ver con mi trabajo o si simplemente mi evolución natural me habría llevado hasta aquí de todas formas. Últimamente siento que soy una persona demasiado controladora y organizada. Demasiado. Y muchas veces eso hace que me enfade conmigo misma porque, al mismo tiempo, los mejores planes siempre me salen cuando improviso. Al final, termino siendo más feliz en la improvisación, aunque yo no sea nada así.
Llevo años dándome cuenta de esto, pero este verano lo he notado especialmente. A veces, incluso, me cuesta estar de vacaciones porque mi cabeza -no sé si tiene que ver con el trabajo- necesita organizarlo todo.
Esa es una de mis mayores contradicciones: estoy constantemente luchando conmigo misma para intentar fluir, improvisar y dejarme llevar, pero tengo muy arraigada esa necesidad de organizar y controlar todo. De alguna manera, esas dos AITANAS están siempre conversando entre sí.
¿Sentís que todavía existe una distancia entre la persona y la superestrella?
Sí. A mí todavía me cuesta entender este mundo como algo completamente natural. Como me siento una persona tan normal, me sorprende mucho todo lo que pasa alrededor de mi trabajo. Por ejemplo, agotar estos Movistar Arena en Argentina. Son cosas que nunca doy por hechas y que cada vez me impresionan más. A veces, incluso, siento que entiendo menos por qué me va bien. Me cuesta mucho darme ese valor.
Precisamente por eso tampoco tengo presente todo el tiempo que soy cantante o que la gente me conoce. De hecho, muchas veces se me olvida. Cuando me voy de vacaciones, por ejemplo a Asia, hay muchísima gente que no sabe quién soy. Y, si alguien me reconoce, suelen ser españoles o europeos.
Al final, "SUPERESTRELLA" también es una canción muy irónica por eso mismo. Porque a veces te lo dicen tanto que hasta te hace gracia. Es como: "Tú te piensas que mi vida es una locura". Y sí, obviamente desde afuera puede parecerlo, pero de puertas para adentro es todo mucho más chill.

Antes de vivir la fama, ¿la deseabas?
Cuando era pequeña no asociaba ser cantante con ser famosa. Para mí, ser cantante era simplemente hacer canciones y cantarlas. Y después resulta que son ochocientas mil cosas más.
Recuerdo que, cuando tenía 18 años y empezó toda esta locura, tuve que grabar mi primer videoclip y me decían: "Venga, actúa". Y yo pensaba: "Pero si yo no sé actuar". O: "Modela para esta portada", y era lo mismo: "Pero si yo no soy modelo". Hay muchas cosas que forman parte de la promoción o de la propia industria y que tenés que ir aprendiendo sobre la marcha, aunque no seas ni modelo ni actriz. Y eso es algo que a mí me costó entender y aprender.
Pero me siento muy afortunada de poder ser una mujer independiente, ganar dinero haciendo lo que me gusta y no depender de nadie, más allá, obviamente, del equipo que me ayuda a gestionar todo esto. Al final, ya no me imagino mi vida de otra manera. Tengo 27 años y llevo nueve en esto. Si tuviera que ponerlo en una balanza, no me quedaría con el peso de la fama, sino con todo lo que me da ser cantante: escribir canciones, cantárselas a la gente y poder ayudar de alguna manera.
Escuchando "LA CHICA PERFECTA" pensé en "Lucky", la canción de Britney Spears. Esa figura que desde afuera todos ven radiante mientras por dentro pasa otra cosa. ¿Cuánto de tu carrera consistió en aprender a decepcionar la idea que otros habían construido sobre vos?
Mucho. Creo que soy una persona muy querida, pero también me han dado por todas partes. Me han criticado muchísimo. Una de cal y una de arena. Muchas de esas críticas han sido constructivas y siempre me han servido. De hecho, a veces prefiero que me digan lo malo antes que lo bueno. Cuando alguien me dice algo positivo, no suelo quedarme pensando demasiado en ello. En cambio, si alguien me señala algo negativo, puedo pasar mucho tiempo dándole vueltas, porque estoy constantemente intentando progresar, evolucionar y acercarme a una perfección que, en realidad, es imposible.
"LA CHICA PERFECTA" habla justamente de eso. Durante un tiempo aparecían muchas notas y comentarios del tipo: "AITANA no debería llevar este vestido", "no debería hacer esto", "no debería cortarse el pelo así". Y llega un momento en el que piensas: joder, AITANA está muy agradecida a sus fans y a todo lo que tiene, pero también es una persona y va a hacer lo que la haga feliz.
Quien quiera acompañarme en ese camino, genial, y quien no, tampoco puedo hacer mucho. No puedo obligar a nadie a seguir la música que hago o los cambios que voy atravesando, porque soy una persona que está en constante evolución.


¿Cómo te llevás con la escritura? En una entrevista mencionaste a Taylor Swift como una de tus grandes referencias. ¿Eso es cierto?
Tengo muchas referencias. Siempre he escuchado más música en inglés porque, cuando era adolescente, sentía que no conocía tantos artistas de pop en español que hicieran el tipo de música que a mí me gustaba. Me gustan mucho Taylor Swift, Olivia Rodrigo, Sabrina Carpenter, Ariana Grande, entre otras. Siempre he querido llevar todo eso a mi terreno, al pop en español, porque al final es mi idioma y es lo que me hace feliz.
A la hora de escribir, cada vez soy más exigente conmigo misma. Yo siempre he escrito. En algunos álbumes, como 11 RAZONES, no lo hice tanto, pero en alpha y, sobre todo, en CUARTO AZUL, todas las canciones están escritas para alguien. Nacen de un sentimiento muy profundo, de algo que tengo ahí dentro, en el pecho, en el corazón, y por eso muchas veces me salen muy rápido.
Antes de CUARTO AZUL llevaba mucho tiempo haciendo canciones, pero terminé descartándolas porque no reflejaban el momento en el que estaba. Y cuando algo te nace tan de adentro, es muy difícil frenarlo. Recuerdo toda esa etapa como algo increíble, porque fue muy sanadora para mí.
Desde entonces llevo un año y medio trabajando en el nuevo disco. Tengo muchísimas maquetas, quizá 30 o 40, pero todavía no tantas canciones seleccionadas porque siento que necesito hacer muchas más. Es parte del proceso.
A mí me resulta muy fácil escribir desde la tristeza y desde el dolor, pero no tanto desde la ironía o desde el amor. Por ejemplo, "SUPERESTRELLA" y "CONEXIÓN PSÍQUICA" fueron de las últimas canciones que hice porque sentía que el disco estaba quedando demasiado triste. Entonces pensé: "Vale, voy a darle una vuelta a esto, voy a llevarlo hacia la luz, voy a encontrar otro punto de CUARTO AZUL". Porque mi lugar seguro no puede ser solamente hablar de tristeza; también tiene que poder hablar de muchas otras cosas.
Y creo que ahora soy mucho más exigente porque escucho canciones mías de otros álbumes y siento que, en algunas, la escritura se queda corta. Me pasa eso: cada vez me exijo más a la hora de escribir.
Parte de crecer.
Obviamente, me siento muy orgullosa de la AITANA de 18 años que compuso "Vas a quedarte", por ejemplo. Hay canciones que sé que me van a acompañar toda la vida.

En la historia de la música, el pop siempre fue un género muy subestimado. ¿Qué encontrás en este estilo que hace que siempre vuelvas a él?
No concibo mi mundo sin el pop. No me imagino haciendo una canción que no sea pop, porque al final es la música con la que he crecido. No sé exactamente qué tiene este género; quizá un poco de todo. Es una música que, te guste o no, termina apareciendo en todas partes y que todo el mundo acaba escuchando de alguna manera.
Nunca me he parado a pensar demasiado por qué me gusta tanto. Simplemente me gusta. Y creo que cuando algo te nace de una forma tan innata, incluso es más bonito. No me imagino haciendo otra cosa.
Trabajaste con varias estrellas del pop como Emilia Mernes y Nicki Nicole. ¿Qué sentís diferente en las artistas argentinas de tu generación respecto de la escena española?
En Argentina hay una generación de mujeres que me llamó mucho la atención desde el principio. Por ejemplo, empecé a escuchar a Nicki Nicole con "Colocao" y me obsesioné con esa canción. Después llegó "Mamichula" y muchas otras que se hicieron súper conocidas en España. Siempre me gustó mucho su voz porque me parecía diferente. También la veía como una mujer muy empoderada. Sentía que, dentro del rap y del trap, casi todos los nombres más visibles eran hombres y que faltaba una mujer con ese nivel de reconocimiento.
Con Emilia Mernes me pasó algo parecido. Empecé a escucharla más alrededor de 2022 o 2023, aunque ya la conocía de antes. Incluso recuerdo que, hace muchísimo tiempo, había cantado alguna canción mía con la guitarra en una entrevista o algo así.
La verdad es que pasó hace tanto que ni siquiera recuerdo exactamente cómo surgieron algunas de esas colaboraciones. Nos hablamos y simplemente se dio. Es algo muy orgánico cuando te gusta lo que hace la otra artista. Y, además, si es mujer, apoyarnos entre nosotras siempre mola. Es importante.
Entre artistas mujeres de una misma generación, ¿se cuentan cosas que no pueden hablar con nadie más? ¿Comparan experiencias sobre fama, industria, relaciones, presiones?
Tengo muchos colegas y personas a las que admiro dentro de la industria, pero mis amigos de toda la vida no se dedican a esto y, al final, con quienes más hablo de mi vida y de mis cosas es con ellos.
Obviamente, cuando coincido con gente de la industria, sobre todo si tenemos una canción en común y hemos compartido estudio o un videoclip, surgen muchas conversaciones. Pero, si te soy 100% sincera, no son mis amigas más íntimas. No he compartido tanto con ellas y, cuando conoces a alguien desde hace relativamente poco, también es raro ponerse a hablar de cosas muy personales.
Hablando de Argentina: si pudieras venir sin compromisos promocionales y pasar una semana haciendo música, ¿con qué artistas te daría curiosidad encontrarte o trabajar?
Me encantaría pasar un día en el estudio con Bizarrap. No tanto para crear, porque hacemos cosas diferentes, sino para conversar. Me ha gustado mucho todo lo que hizo durante estos últimos años: hasta dónde llevó su proyecto, el marketing, la visión que hay detrás. También me gustan mucho Milo J, Cazzu -con quien compartimos productor, Nico Cotton- y Lali, que me parece una persona muy cercana y agradecida.
¿Qué podemos esperar de los shows que vas a dar en Buenos Aires?
Lo bueno es que esta vez vamos a poder llevar el show completo. La última vez que estuve en Argentina fue en 2023, en el Movistar Arena, y en ese momento no pudimos viajar con toda la producción de alpha. Este año dijimos: "Tiramos la casa por la ventana y vamos con todo". Así que vamos con la casita y con todo lo que estamos llevando en España.
Que la gente haya confiado en mí para llenar dos Movistar Arena y que ahora tengamos una tercera fecha es una locura. Nadie se lo esperaba, yo tampoco. De hecho, lo conté en mi canal de difusión de WhatsApp: no teníamos otra fecha reservada. Lo juro. Fue casi un milagro que el Movistar Arena estuviera libre los días siguientes. Todo esto está siendo muy loco.
Pueden esperar pasarlo muy bien, que todo sea a lo grande y que nosotros demos lo mejor que tenemos.


Muchas chicas crecieron mirándote, ¿qué creés que representa AITANA hoy para ellas?
Qué fuerte. Me cuesta mucho responder estas cosas porque yo también crecí con ellas. Creo que pueden ver en mí -y, si todavía no lo ven, ojalá puedan hacerlo en algún momento- a una chica normal.
Es verdad que encima del escenario me pueden maquillar y tunear muchísimo, pero en mi día a día no soy así, y la gente que me conoce bien lo sabe. Cuando aparece alguna foto mía por la calle, normalmente voy sin maquillaje, muy sencilla.
Mucha gente se vio reflejada en mí porque sintió que podía ser como yo. Al final, soy una chica de un pueblo, de una familia completamente normal, de clase media y muy trabajadora. Se me dio una oportunidad y la aproveché. Me pasó a mí, pero también podría pasarle a cualquier otra persona.
Desde luego, tampoco me parece sano decir eso de "si quieres, puedes", porque hay muchos momentos en los que la vida no te lo pone fácil. Pero a veces aparece un golpe de suerte. Por lo menos a mí me llegó. ¿Y por qué no podría pasarle también a otra persona?