"Jungle", dice la tapa del CD color durazno. Sunshine, el nombre del quinto álbum de la banda, queda escondido en el lomo y en las etiquetas internas del disco. Una reserva llamativa para un título con tantas puntas. "Tiene que ver con emociones encontradas", empieza a reconstruir el músico, compositor y productor Tom McFarland, en diálogo con Billboard Argentina. "El sol puede representar algo positivo o todo lo contrario. Tiene la capacidad de llevarte a dos extremos: reflexión y esperanza, por un lado; calor y sequedad, por el otro.".
"Eso también está presente en el disco. Siempre intentamos hacer música con distintas capas: en la superficie puede sonar luminosa, amable e incluso feliz, pero cuando prestás atención a las letras aparece otra dimensión, mucho más emocional y profunda.", suma sobre el trabajo que formaliza una nueva distribución de roles dentro del grupo, con Lydia Kitto cada vez más presente en el núcleo que completa Josh Lloyd-Watson. La cantante asume la voz principal en buena parte del repertorio, como en "Carry On", mientras Josh y Tom trasladan su participación hacia armonías y coros. La dinámica recuerda, con las debidas distancias, a ABBA en ese ida y vuelta de voces que tan bien respondía en los 70.
Sunshine, que tendrá su presentación oficial en Buenos Aires el 1 de abril de 2027 en el Movistar Arena, marca el regreso de Jungle después de Volcano (2023). A lo largo de 32 minutos repartidos en 11 canciones (con sus videoclips a pura danza), el álbum acopla funk, soul, neo soul, R&B, disco y electrónica, con una apertura más pronunciada hacia prácticas brasileñas y africanas, con Fela Kuti y Sérgio Mendes entre las referencias nombradas. Antes de iniciar la gira que los llevará por distintas ciudades, Tom vuelve sobre el disco y aclara algunos de sus ejes.

El disco nació en Los Ángeles, pero absorbe ritmos de Brasil y África. ¿En qué decisiones se vuelven audibles esas influencias?
Estamos en un punto en el que toda la música que alguna vez nos inspiró sigue ahí, guardada en algún lugar. Todo lo que escuchaste, amaste o con lo que generaste una conexión creativa queda incorporado. Después, según el momento de tu vida, algunas de esas referencias aparecen con más fuerza que otras.
En este caso, estábamos muy volcados hacia grooves más orgánicos y hacia ciertas sonoridades de la música sudamericana, especialmente de la bossa nova y la música brasileña. Era simplemente el lugar hacia donde nos estaba llevando la cabeza. Es como entrar a un archivo de inspiración sin saber qué cajón vas a abrir ese día. Quizás, de manera inconsciente, lo único que queríamos era una puta fiesta en una playa de Sudamérica. Y creo que ahí está lo interesante: tomar esos distintos hilos de la imaginación y ver hasta dónde te llevan.
Hablando de música brasilera, mencionaste a Sérgio Mendes como una referencia. ¿Qué es lo que más te atrae de él?
Sí, me parece muy interesante porque en su música hay una sensación constante de reinvención. Está Brasil '66, están las distintas etapas de su carrera, pero él siempre permanece en el centro, con una relación muy particular con el ritmo y con el tiempo. Los grooves se sienten muy orgánicos, casi como olas que te envuelven. Hay algo realmente hipnótico en eso.
Y creo que algo parecido sucede con el ritmo en América Latina. Ya sea que escuches tango, bossa nova o samba, hay algo que parece venir de un lugar muy profundo, casi primitivo, porque son ritmos que se sienten orgánicos y antiguos. Si retrocedés miles de años, los primeros instrumentos fueron rítmicos: golpear dos palos, una piedra contra otra. Por eso creo que el hecho de que buena parte de la música latinoamericana esté tan atravesada por el ritmo le da una sensación muy profunda de humanidad.
Recuerdo que, durante la grabación de Volcano, hicieron hincapié en la decisión de conservar las primeras tomas. ¿Esa regla se mantuvo durante la realización de Sunshine?
Sí, sin dudas. Incluso creo que esta vez llevamos esa idea un poco más lejos. Con las técnicas de grabación actuales es muy fácil pasar horas trabajando sobre una toma y terminar sobreeditándola. Pero hay una enorme belleza y pureza en dejar un error, en permitir que esa imperfección también forme parte de lo que hacés. Para nosotros, la imperfección está en todas partes: en el mundo, en el universo. Y cuando algo empieza a sentirse demasiado perfecto, también empieza a sentirse menos natura
Hay una contradicción entre trabajar con herramientas digitales y buscar que el resultado final suene "imperfecto". ¿Les importa que el oyente pueda distinguir qué es real y qué está construido?
Para nosotros, parte de la belleza está justamente en desdibujar esa frontera. La música con la que más conectamos, sobre todo dentro de la producción contemporánea, suele ser aquella en la que no se distingue del todo qué hizo una persona y qué hizo una computadora. La escuchás y te obliga a preguntarte de dónde viene cada elemento.
Ahora estamos intentando usar la computadora casi como si fuera una máquina de cinta: limitamos la cantidad de tomas, las sobregrabaciones y la edición. Pero, al mismo tiempo, nos encanta combinar bombos electrónicos enormes con, por ejemplo, un sample de guitarra clásica grabado por nosotros mismos. Nos interesa que esa tensión entre lo orgánico y lo digital también forme parte del sonido.
¿La aparición de la inteligencia artificial modificó su relación con las herramientas digitales?
Usamos inteligencia artificial, pero de una manera muy técnica. A veces grabamos todos juntos en una habitación y en alguna pista se cuela un sonido de fondo. En esos casos, las herramientas de IA pueden ser muy útiles porque permiten limpiar o separar elementos de una forma que antes era mucho más difícil.
Ahora, como herramienta creativa, no me resulta gratificante. Siento que ahí dejás de aprender, y eso me parece triste. La formación creativa debería ser un proceso constante. Cuando alguien renuncia a eso y elige el camino más automático, también se aleja de algo profundamente humano.
Jungle siempre estuvo ligada al placer. ¿Qué significa hacer este tipo de música en un momento atravesado por crisis políticas y guerras?
No sé. A veces quedo atrapado entre dos ideas: si hacer este tipo de música puede resultar frívolo o si, por el contrario, es justamente algo necesario. Creo que es una tensión con la que todos lidiamos en algún momento. Y de ahí también aparece cierta presión por politizar lo que hacemos.
Para mí, debería ser bastante claro cómo nos sentimos frente a lo que pasa en el mundo. Creo en la idea de una humanidad unida y en que muchas de las decisiones geopolíticas que se toman por encima de nosotros responden a intereses y construcciones muy diversas. Me gustaría pensar que esa es una base bastante elemental desde la cual mirar el mundo, aunque evidentemente no siempre sea así.
Al mismo tiempo, si cargáramos nuestra música de un discurso político explícito, podríamos terminar alejando a parte del público. Y justamente una de las cosas que más rechazamos es esa lógica de exclusión, la idea de hacer sentir a alguien que está afuera o que no pertenece. Por eso preferimos transmitir un mensaje más universal, esperanzador y abierto. Si alguien ya comparte esa mirada, perfecto. Y si no, quizás la música pueda empujarlo a buscar algo de eso dentro de sí mismo.
¿Sentís que evitar el discurso político explícito también es, de algún modo, posicionarse?
No estoy seguro de que eso pueda considerarse una respuesta política, pero creo que entender lo que está pasando y, al mismo tiempo, ser capaz de mirar más allá -imaginar otro escenario posible en el que todos pudiéramos convivir- puede llevarte a cuestionarte más a vos mismo. Y sí, creo que eso puede tener un efecto positivo.