En medio de un apagón en Puerto Rico —"welcome to Puerto Rico", bromea—, Draco Rosa se conecta igual. Sin protocolo, rodeado de motos, vinilos y café, el músico presenta Olas de Luz, su nuevo álbum, una obra que, según él mismo define, nació sin apuro y con una intención clara: volver a lo esencial.
Entre talleres, siembras, familia y el "arte de no hacer nada", Draco construyó un disco que se siente como refugio. En charla con Billboard Argentina, habla del proceso, del valor del vinilo en tiempos digitales, de su vínculo con el público argentino y de por qué este álbum es, quizás, uno de los más personales de su carrera.
Entrevista con Draco Rosa
—Antes que nada, hubo un pequeño imprevisto técnico… pero ya estamos. ¿Cómo estás viviendo este lanzamiento?
—Todo bien. Ya no queda nada. El viernes sale todo, incluyendo el video nuevo, que está buenísimo. Lo hice con mi hijo, el menor, y estoy encantado.
—Qué lindo poder trabajar en familia.
—Family, baby. Familia. De hecho, hay una canción que se llama "Somos familia". Todo está muy conectado con eso.
—También hay una apuesta fuerte por lo físico, por el vinilo.
—Yo quería sacar solo el vinilo primero y esperar para lo digital, pero estoy con una multinacional y me dijeron que no se puede (risas). Igual, el vinilo es una experiencia hermosa. Últimamente estoy comprando más. Me levanto, café en mano, y pongo un long play. Es un privilegio.
—Si alguien arranca el día con Olas de Luz, ¿por dónde debería empezar?
—"Plegaria", "La oración", "Llama eterna"… esas van perfectas para ese momento.
Más que un disco, Olas de Luz parece surgir de un ecosistema creativo propio. Draco habla desde un espacio que combina taller de motos, estudio de vinilos, café y comunidad. Allí, incluso, realiza escuchas anticipadas para sus fans.
—Estás presentando el disco en un espacio muy particular, casi como una comunidad.
—Sí, aquí tocamos en vivo a veces. Está el club de motos, el coffee shop, el estudio de vinilos… es una comunidad. Queríamos hacer una escucha y pasarla bien, en familia.
—Ese contacto directo también te permite ver cómo reaccionan a las canciones.
—Claro, eso está buenísimo.
El álbum comenzó a gestarse a mediados de 2024 y se extendió durante más de un año. Pero no fue un proceso lineal ni obsesivo: hubo pausas, viajes, trabajo en la finca y tiempo para simplemente existir.
—¿Cuánto tiempo te llevó hacer este disco?
—Como un año y medio. Empezó a finales de julio, viajé en agosto de 2024 y lo entregué en diciembre de 2025. Pero no es que trabajas todos los días: hay una finca, hay vida, hay cosas pasando… y también está el arte de no hacer nada.
—¿Disfrutás ese "no hacer nada"?
—Sí, totalmente. Caminar en la playa, estar en el campo, compartir con alguien, tomarte una cerveza… eso también es vivir. Todo esto se acaba y no te llevas nada. Hay que parar, abrazarse.
En ese equilibrio entre contemplación y creación aparece la esencia de Olas de Luz: un disco introspectivo, pensado más como objeto y experiencia que como simple lanzamiento.
—Escuchando el disco, se siente muy personal, muy reflexivo.
—Sí, es una pieza que va más allá de la industria. Es para coleccionistas, para amantes de la música. Es como ese libro que tienes que tener en casa. A mí me sigue dando. Lo escucho y me hace sentir mejor.
—¿Qué buscás que genere en quien lo escuche?
—Un escape, un norte. Estamos en un mundo muy confuso. Todo está bien y todo está mal al mismo tiempo. Este disco ofrece una posibilidad dentro de ese caos.
En cuanto a los adelantos, Draco mantiene una línea estética clara: menos artificio, más esencia.
—Los videos también acompañan esa idea. ¿Cómo los pensaste?
—"Monserrat" es más clásico, timeless, sin mucho circo. El nuevo video, en cambio, es una pieza más surrealista. Pero todo está amarrado a la canción. Hay que verlo, no explicarlo.
La charla también deja lugar para Argentina, un territorio que Draco sigue de cerca, aunque reconoce que hoy llegar no es tan simple.
—¿Cómo es tu vínculo con el público argentino?
—Estoy pendiente. Hay gente de Córdoba, Mendoza… se conectan, mandan mensajes. Argentina tiene algo único, un vibe hermoso, mucha música buena.
—¿Planes de venir?
—Quiero, pero está complicado llegar ahora mismo (risas). Igual, me apunto a la aventura. Como Argentina no hay.
Con Olas de Luz, Draco Rosa reafirma su lugar como un artista que crea desde la intuición y el tiempo propio. En una era de inmediatez, su nuevo trabajo invita a frenar, escuchar y —como él mismo dice— volver a sentir.