Ye -antes conocido como Kanye West- redefinió el rap en el siglo XXI y amplió los límites sonoros del género, consolidándose como uno de los principales generadores de tendencias dentro del hip-hop mainstream. Con cada lanzamiento de alto perfil, el artista desarma la estética del disco anterior y propone un universo distinto: en su catálogo, casi ningún álbum suena igual al que lo precede.
Autodefinido como futurista, West suele evitar la nostalgia cuando se trata de su propia obra. Su mirada está puesta en lo que vendrá. "No me importa tener un legado, no me importa ser recordado", dijo en 2015 en una entrevista con Time. "No estoy compitiendo con nadie. Ninguno de nosotros será recordado".
En los últimos años, una serie de declaraciones antisemitas y discursos cargados de odio deterioraron su imagen pública y derivaron en la ruptura de acuerdos con socios comerciales como Gap, Balenciaga, Universal Music Group, Live Nation y Adidas.
En enero de este año, Ye ofreció disculpas a las comunidades judía y afroamericana y, semanas después, firmó un acuerdo con Gamma, el sello fundado por el ejecutivo Larry Jackson. Su regreso discográfico llegó el 28 de marzo con Bully, su duodécimo álbum de estudio, que debutó en el puesto Nº2 del Billboard 200 con 152.000 unidades equivalentes vendidas durante la semana de medición que finalizó el 2 de abril.
Como uno de los hitmakers más influyentes de lo que va del siglo y una figura central dentro de la élite de la música popular, el ordenamiento de la discografía de West se convirtió en un tema de debate constante entre seguidores del hip-hop durante más de dos décadas. A esa conversación se suman ahora Michael Saponara y Armon Sadler, periodistas de Billboard, con el ranking que presentan a continuación.
La lista incluye exclusivamente los álbumes solistas de Ye. Por ese motivo quedaron fuera proyectos colaborativos como Watch the Throne, Cruel Summer y los dos lanzamientos conjuntos de Vultures. A continuación, el ranking completo de sus 12 discos en solitario.
12. Donda 2 (2022)
Donda 2 es uno de los discos de Ye con los que resulta más difícil conectar. El proyecto dio la sensación de haber sido publicado a las apuradas a comienzos de 2022 y, en su lanzamiento inicial, solo estuvo disponible a través del dispositivo STEM Player de West.
Por cada momento destacado —como "530"— aparecen varios otros temas con versos inconclusos e ideas apenas esbozadas. Es como si Ye hubiera vuelto al universo de Donda sin muchos de los ingredientes que habían hecho del álbum de 2021 una escucha valiosa.
Tal vez dentro de Donda 2 exista un buen disco. El problema es que nunca llegamos a escucharlo. – MICHAEL SAPONARA
11. Ye (2018)
El artista antes conocido como Kanye West -siempre ambicioso y desbordado de ideas- volvió especialmente intrigante el concepto de Ye, su álbum de 2018 y, en cierto modo, un disco casi homónimo. La pregunta era inevitable: ¿cómo podía condensar todo su universo creativo en apenas siete canciones?
A eso se sumaba el contexto personal. En ese momento, West parecía atravesar uno de los picos de sus episodios más erráticos. Aun así, entre ese clima turbulento asomaba parte del talento que lo convirtió en una figura central del hip-hop, con momentos destacados como "Wouldn't Leave", "Ghost Town" y "Violent Crimes".
El problema es que tres grandes canciones no alcanzan para sostener un álbum en el caso de un artista que, hasta entonces, había construido discos cargados de hits y temas de culto. Más aún cuando, en varios pasajes, los invitados terminan llevándose la atención principal.
Escuchar Ye también genera cierta incomodidad, marcada por el contexto personal y público del artista en ese período. Y, en términos estrictamente musicales, resulta difícil ubicarlo por encima de gran parte de su discografía: el álbum es breve y el equilibrio entre aciertos y fallas no juega a su favor.
En esta ocasión, la brevedad no fue precisamente una virtud. Aun así, dejó tres canciones que West todavía interpreta en vivo o que TikTok ayudó a mantener circulando entre nuevas audiencias. – ARMON SADLER
10. Bully (2026)
Entre 2022 y la llegada de Bully, Ye deterioró su reputación pública y sus vínculos con el mundo corporativo a raíz de una serie de declaraciones antisemitas. Con el respaldo del sello Gamma, fundado por Larry Jackson, el artista regresó en marzo con su duodécimo álbum de estudio.
La estrategia de lanzamiento se apartó de los habituales movimientos de la maquinaria Yeezy: West se mantuvo en gran medida en silencio y dejó que la música ocupara el centro de la escena. Aunque su desempeño como rapero ya no alcanza el nivel de su etapa más inspirada, su trabajo como productor continúa siendo vanguardista y supera al de buena parte de los nombres que hoy dominan el género.
En Bully conviven el chipmunk soul de The College Dropout, la aspereza industrial de Yeezus y ecos de distintas etapas de la trayectoria de West. El resultado es su álbum más pulido de esta década y un paso en la dirección correcta. Esos momentos de lucidez explican por qué muchos todavía no abandonan a Ye: basta con escuchar "All the Love", con la participación de Andre Troutman. – M.S.
9. Donda (2021)
Ye llevó su ambición de estadio al extremo: gran parte de Donda -titulado en homenaje a su madre fallecida- fue grabado en los vestuarios del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Para el proyecto reunió una alineación de estrellas que parece sacada de los Avengers del rap: figuras consagradas como Jay-Z, Travis Scott y The Weeknd conviven con representantes de la nueva generación del hip-hop, entre ellos Don Toliver, Baby Keem y Playboi Carti.
Los puntos más altos del álbum -"Jail", "Off the Grid" y "Hurricane"- superan prácticamente todo lo que West publicó después de The Life of Pablo. Sin embargo, el maratón de 27 canciones carece de la cohesión que distinguía a sus discos más celebrados, una debilidad que termina ubicándolo en la mitad inferior de este ranking. – M.S.
8. Jesus Is King (2019)
El multifacético artista de Chicago hizo referencias a su fe a lo largo de toda su carrera, pero entre su comportamiento errático y su dificultad para concretar lanzamientos en ese período, un álbum completo como Jesus Is King parecía improbable… hasta que finalmente ocurrió. El LP de 11 canciones vio la luz y Ye volcó su foco artístico por completo hacia su propia y compleja versión del gospel.
De ese giro surgieron momentos como la intensidad de "Everything We Need", la atmósfera reconfortante de "Water" y una de las expresiones de humildad más claras de su carrera en "God Is". Los puntos altos del disco resultan tan evidentes que incluso logran hacer olvidar el gesto que provocó más de una mueca —"Closed On Sunday", con su referencia ya célebre a uno de los rasgos de Chick-fil-A.
Jesus Is King funciona gracias a su concisión y a la claridad de su eje temático: en este caso, Dios aparece como su verdadera brújula, por encima de su propio ego. Si el álbum queda ubicado tan abajo en este ranking es, en gran medida, porque los discos que lo superan -de naturaleza completamente secular- resultaron más logrados, más influyentes y menos atravesados por el caos personal del artista.
La emoción y la devoción que Ye expresa hacia Dios en estas canciones resultan palpables e incluso creíbles por momentos. Sin embargo, la figura pública que proyectaba fuera de la música obligaba a preguntarse si esa entrega espiritual era realmente genuina o, más bien, un intento de reconstruir su imagen. – A.S.
7. Yeezus (2013)
Yeezus volvió a levantarse. Después del dominio de My Beautiful Dark Twisted Fantasy, Watch the Throne y la compilación Cruel Summer de G.O.O.D. Music, la aprobación pública hacia Ye estaba en su punto más alto. Y, fiel a su naturaleza, eligió ir en dirección contraria: en lugar de repetir la fórmula, apostó por un giro creativo riesgoso. El resultado fue un viraje abrupto hacia la deconstrucción del rap, una decisión que abrió la puerta para que las sonoridades industriales comenzaran a infiltrarse en el género durante la segunda mitad de la década de 2010.
Decisiones como abrir el álbum con el caótico y glitchy "On Sight", en lugar del más melódico "Blood on the Leaves", no buscaban complacer al público sino sacudirlo.
Tras años de éxito, las frustraciones de Ye frente a las barreras que encontraba en la industria de la moda alimentaron cada estallido de furia y ego que atraviesa Yeezus. El histórico Rick Rubin participó en el proyecto en el rol de "reductor", más que como productor tradicional, mientras West intentaba incluso "matar" el formato CD con una edición minimalista: un disco sin arte de tapa, apenas identificado con una cinta roja, justo antes de que la ola del streaming transformara definitivamente la industria.
Lo que hace trece años parecía una apuesta temeraria hoy resulta casi habitual. Y esa es, precisamente, la señal más clara de un verdadero creador de tendencias. – M.S.
6. The Life of Pablo (2016)
Ah, el que muchos consideran el último álbum de "Kanye West". The Life of Pablo fue una obra en constante mutación. Antes de su lanzamiento oficial, Ye cambió varias veces el título y, una vez publicado en plataformas digitales, siguió modificándolo durante meses: ajustó mezclas, reordenó detalles e incluso agregó canciones.
Aun así, el disco funcionó como una demostración de alcance: un reparto de invitados de primer nivel y una colección de temas que todavía hoy mantienen peso dentro de la cultura. Señalar sus puntos más altos no es sencillo, porque abundan las canciones de primera línea.
En realidad, es un álbum que pide ser escuchado como un todo. Pero piezas como "Ultralight Beam", "Father Stretch My Hands", "Famous", "Waves" y "Real Friends" ofrecen una buena muestra de lo amplia que era su paleta creativa en ese momento.
Si alguien decidiera ubicar este disco por encima del puesto número seis —o incluso se animara a señalarlo como el número uno— tal vez no coincidirías. Pero tampoco sería un argumento fácil de descartar. – A.S.
5. Late Registration (2005)
¿Qué podía significar un supuesto tropiezo en el segundo disco para alguien que todavía tenía tanto por mostrar? Late Registration llegó apenas 18 meses después de su debut, The College Dropout, y funcionó como el siguiente paso natural en la evolución de Ye.
Encasillarlo resultaba prácticamente imposible: se movía —y muchas veces dominaba— varios terrenos a la vez. Ahí estaban el éxito pop "Gold Digger", el tono clásico de "Touch the Sky", la sensibilidad de "Heard 'Em Say", el groove elegante de "Drive Slow" y la potencia de estadio de "Diamonds From Sierra Leone".
A pesar de lo que sugiere el título, este disco apareció exactamente en el momento indicado. Late Registration consolidó a West como una figura central no solo por su trabajo como productor, sino por su propuesta artística en conjunto. Nadie más parecía capaz de abarcar todo lo que él lograba en este álbum, y esa singularidad es lo que le permitió resistir —y superar— el paso del tiempo.
Si Ye estaba "inscribiéndose tarde", entonces el resto todavía estaba peleando por un lugar en el estacionamiento del campus… o directamente atrapado en el tránsito. – A.S.
4. The College Dropout (2004)
Antes de los estadios agotados, las zapatillas Yeezy y una vida convertida en espectáculo, Ye estaba peleando para que lo escucharan. A comienzos de los 2000 ya se había ganado un nombre como productor dentro de la maquinaria de Roc-A-Fella, pero en el sello de Jay-Z y Dame Dash todavía dudaban de su capacidad como rapero.
Un grave accidente automovilístico en 2002 terminó funcionando como un detonante inesperado. De ahí nació "Through the Wire", el tema que marcó su irrupción y que finalmente convenció a Roc-A-Fella de dar luz verde a su debut: The College Dropout.
Con su característico polo rosa, West llevó el llamado "backpack rap" al centro de la conversación: mostró sus inseguridades sin filtro y construyó su sonido a partir de los reconocibles samples de chipmunk soul, una apuesta que iba a contramano del rap callejero que dominaba el mainstream en ese momento.
Después llegarían el número uno del Hot 100 "Slow Jamz", junto con "All Falls Down" y "Jesus Walks", canciones que terminaron de moldear uno de los debuts más recordados del hip-hop y consolidaron a West como una doble amenaza: productor y rapero al mismo tiempo.
Basta con poner play en The College Dropout para entender por qué tantos se enamoraron de Yeezy en primer lugar. – M.S.
3. 808s & Heartbreak (2008)
Después de tres discos exitosos dentro del hip-hop, Ye decidió tomar el camino menos transitado y entregarse por completo al sonido del Auto-Tune. La apuesta era arriesgada: en ese momento, esas melodías agudas eran objeto de burla y muchos dentro del género las consideraban casi una aberración.
808s & Heartbreak terminó demostrando su capacidad de permanencia porque, pese a la resistencia inicial frente a esa innovación, la música era tan contundente que el público terminó adoptándola del mismo modo en que lo había hecho él. "Paranoid" podría encajar sin problemas en la banda sonora de un videojuego, aunque mantiene su ADN rapero. "Heartless" resulta inquietantemente bella, "Love Lockdown" avanza como una carrera contra el tiempo para preservar lo que se ama, y "Street Lights" entrega una de las metáforas más directas y conmovedoras que una canción haya construido sobre el paso del tiempo.
Si se tiene en cuenta, además, la influencia que este álbum ejerció —algo que numerosos artistas reconocieron abiertamente— resulta difícil no ubicarlo entre los tres mejores de su catálogo. Después de todo, el hecho de que West expusiera sus emociones con tanta franqueza abrió la puerta para que uno de los artistas más importantes de todos los tiempos irrumpiera desde el norte y desencadenara otro cambio de paradigma en la música.
Cuando ya sos uno de los mejores y, además, influís en otro artista influyente que con el tiempo incluso podría haberte superado… ¿qué lugar te corresponde entonces? – A.S.
2. Graduation (2007)
Luego de sus dos primeros proyectos, Kanye podría haberse graduado antes de tiempo. Sin embargo, siguió el recorrido completo y publicó Graduation dos años después de Late Registration. (Hay que reconocerle, además, que respetó la estructura clásica de cuatro años de una carrera universitaria).
Pero más allá de la metáfora, el disco dejó claro que estaba listo para jugar en otra liga. Llevó sus capacidades a un nuevo nivel: probá elegir las cinco mejores canciones de cualquier álbum de la historia y enfrentarlas con "Stronger", "Good Life", "Can't Tell Me Nothing", "Flashing Lights" y "Homecoming". Tal vez los cruces sean parejos, pero si esto fuera una serie al mejor de siete partidos, podría terminar como las Finales de la NBA de 2018, cuando los Golden State Warriors barrieron a los Cleveland Cavaliers. Bueno, siendo justos, quizá se parezca más al "gentleman's sweep" del año anterior.
A ese núcleo hay que sumarle cortes profundos como "Barry Bonds", "Big Brother", "Everything I Am" e "I Wonder", y queda poco más por discutir. West estaba completamente enfocado en su oficio: contaba historias que resonaban y experimentaba sin perder la conexión con el público.
Tenía la visión para anticipar hacia dónde podía dirigirse el género, pero también la capacidad de convertirse en el motor de ese cambio y empujar a sus pares a seguir ese camino. Puede que todos los artistas de esa generación se hayan graduado… pero no hay dudas de quién fue el mejor promedio de la promoción. – A.S.
1. My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)
Tras la fuerte reacción que siguió al célebre episodio del "I'mma let you finish" con Taylor Swift en los MTV Video Music Awards de 2009, Ye se refugió en Hawái en busca de distancia… y terminó encontrando un territorio fértil para crear. Cada vez que West sintió que tenía la espalda contra la pared, respondió con algunas de las obras más ambiciosas de su carrera. Esta vez no fue la excepción.
Rodeado de un elenco de colaboradores que iba de Elton John a Bon Iver y RZA, entre desayunos frente al mar y partidos improvisados de básquet, fueron tomando forma sesiones de estudio tan intensas como imaginativas. De ese proceso surgió su obra más monumental. El maximalismo de My Beautiful Dark Twisted Fantasy empujó el techo artístico del hip-hop hacia otra escala.
En Dark Fantasy, Ye aparece en uno de sus momentos más expuestos: se enfrenta a su propia caída en "Runaway", persigue una idea de perfección en "All of the Lights" y convoca versos memorables de Nicki Minaj en "Monster" y de Rick Ross en "Devil in a New Dress". El quinto álbum de estudio de West ganó el premio a Mejor Álbum de Rap en los Grammy de 2012 y encabezó la lista de los 100 mejores discos de la década de 2010 elaborada por Billboard.
Hoy las cosas entre ellos no parecen estar en sintonía, pero basta escuchar a Pusha T para dimensionar su impacto. "Twisted Fantasy está al nivel de los GOAT del rap. Es lo que un álbum de hip-hop debería aspirar a ser", dijo en una entrevista en 2015. "Ese disco debería seguir discutiéndose para siempre". – M.S.
Esta historia se publicó originalmente en Billboard USA.