Grupo mendocino, amigos desde los 12 años y hoy con cuatro discos en la espalda, Usted Señalemelo atraviesa una nueva etapa con el lanzamiento de "Términos y condiciones", un trabajo que amplía su universo sonoro sin perder la esencia que los trajo hasta acá. Entre la electrónica, la experimentación y una búsqueda más conceptual, el trío vuelve a correrse del lugar cómodo para reinventarse.
El álbum nació en movimiento. Durante la gira de "Tripolar", entre pruebas de sonido y kilómetros de ruta, empezaron a componer nuevas canciones. Esa dinámica terminó moldeando un disco que mutó en el proceso, que se dejó atravesar por lecturas, conversaciones y una pregunta latente sobre el presente digital y la exposición permanente.
El concepto, inspirado en reflexiones sobre el capitalismo de la vigilancia y la naturalización de aceptar "términos y condiciones" sin leer, se convirtió en el hilo conductor de un repertorio que habla del malestar contemporáneo. No desde la bajada de línea, sino desde la experiencia cotidiana de vivir pegados a una pantalla.

Con la mirada puesta también en el vivo —donde la estética y la experiencia siempre ocupan un lugar central— la banda se prepara para una nueva gira que promete sostener esa búsqueda. Antes, en esta charla, repasan el proceso del disco, el vínculo entre ellos y el camino que los llevó de "vaciar salas" en Buenos Aires a consolidarse como una de las propuestas más singulares de su generación.
—Cuarto disco. ¿Qué les pasa cuando lo dicen en voz alta?
—Nos sentimos más viejos. "Cuarto disco" suena fuerte, pero también habla de recorrido. Este trabajo es distinto a los anteriores, aunque mantiene la esencia. Hay nuevos sonidos, nuevas búsquedas. Lo empezamos durante la gira de "Tripolar". Probamos componer mientras estábamos de viaje y nos gustó esa dinámica. Arrancó más tradicional en la composición y después mutó. Empezamos a destruir canciones y llevarlas hacia un lugar más electrónico, más nuevo para nosotros.
—El título "Términos y condiciones" es bastante explícito. ¿De dónde surge?
—El proceso se dividió en dos años. Primero buscamos canciones. Después encontramos un hilo conductor muy marcado por lecturas y diálogos entre nosotros. Nos atravesó mucho la idea del capitalismo de la vigilancia, de cómo se monetiza lo digital y cómo aceptamos todo sin leer. Regalamos nuestra privacidad todos los días. Sentimos que nadie hablaba de eso en canciones y que era algo muy actual. El disco está atravesado por ese malestar de estar todo el tiempo con el celular.
—¿Lo pensaron desde el vivo también?
—Sí. Esta vez lo encaramos con más tiempo. Pensamos cómo iba a funcionar arriba del escenario. Cambiamos instrumentos, equipamiento, nos enfrentamos a cosas nuevas. Eso da miedo, pero si no cambiás te estancás. Nos gusta jugárnosla.
—Siempre le dieron importancia a la estética. ¿Es algo consciente?
—Totalmente. La música es lo principal, pero creemos que tiene que estar acompañada por una propuesta visual y conceptual. Desde chicos tocamos en cualquier contexto y entendimos que había que llamar la atención de alguna forma. Subirse al escenario es un momento especial.
—Como mendocinos, ¿cuándo sintieron que habían cruzado una frontera?
—Fue un proceso. La primera vez que vinimos a Buenos Aires no nos vio nadie. Vaciamos lugares. Pero eso es necesario. En Mendoza empezó a pasar algo con la escena que no era habitual y eso nos dio seguridad. Después entendimos que si queríamos crecer había un techo y había que salir. Girar fue clave. Íbamos a lugares donde nadie iba, como Ecuador. Somos curiosos.

—¿Hubo un quiebre concreto?
—No uno solo. Fue una suma. El primer Lollapalooza fue importante. También Cosquín. Y el Luna Park 360 fue un momento muy fuerte.
—¿Qué recuerdan de ese Luna Park 360?
—Fue una locura. El escenario giraba más de lo que pensábamos. Era una calesita. Pero la idea era que todos nos vieran desde todos los ángulos. Fue hecho por amor al arte, todo lo que entró de dinero fue al show. Son momentos especiales que no podés hacer siempre, pero que marcan.
—¿Cuándo empezaron a sumar más equipo alrededor?
—Fue orgánico. Te das cuenta de qué cosas podés hacer vos y cuáles necesitan gente capacitada. Hay que aprender a soltar. Al principio armábamos todo nosotros y era un caos. Con el tiempo entendés que hace falta más estructura.
—Se los ve muy unidos. ¿Cómo trabajan el vínculo?
—Hace un año y medio hacemos coaching y terapia de grupo. Nos conocemos desde los 12 años. Hubo errores, claro, pero los supimos curar. Es un proyecto enorme en nuestras vidas y queremos que dure. No tenerle miedo al cambio es clave.
—Elijan una canción del disco cada uno...
— Juan: "No puedo dejar" fue la primera que salió y marcó la estética.
—Coco: "Espejo". Al principio no me gustaba y después me reencontré y me encantó.
—Lucca: "Deseo". Fue la que casi descartamos. Empezamos de cero y la salvamos. Marcó el camino.
—¿Alguna los sorprendió en la recepción?
—"Dando vueltas" nos sorprendió mucho en México. Ver cómo reacciona la gente también forma parte del concepto del disco.
—¿Se viene gira?
—Se viene. Primero el país y después veremos si el disco consigue pasaporte -responden mientras miran de reojo al costado para no responder de más-.