Lux, de Rosalía

Evidentemente la fe está entre nosotros. La edad moderna la desplazó como paradigma central, la ciencia nos iba a solucionar la vida. Hasta que llegó la bomba atómica. Y en la música puede pasar lo mismo. Rosalía es la artista pop más trascendente del siglo XXI y cada vez que saca un disco la información desborda, el maximalismo enamora, los géneros se asustan, las cantantes se quedan mudas, los hombres proponen harakiris masivos. Lux es un entramado que vindica santas, que retoma la música europea tradicional, que genera el grito en el canto de la artista española. Lux, como El mal querer, explota aroma de clásico, aunque para eso debe correr el tiempo, los años, las ideas sobre la obra. Hay en Lux una sobre explicación de todo antes de la escucha, hasta la misma Rosalía propone ese tipo de metodología. Todos amaron el disco antes de escucharlo. Y es que el amor también puede ser así: una fe ciega ante lo desconocido. Va a ser difícil cantarlo en fogones pero cada vez que alguien haga sonar una de estas quince canciones, Cristo va a llorar diamantes.
Femme Fatale, de Mon Laferte

"Una noche me quedé en la terraza de mi casa, escuchando notas de voz y leyendo textos antiguos en mi teléfono". No hay un punto cero pero hay recuerdos de cuando una artista siente que empieza algo nuevo. Femme Fatale puede sonar como esa declaración de Mon en Billboard. En "My one and only love", Laferte arma un trío de blanco con Natalia Lafourcade y Silvana Estrada. Esta última cantante dijo algo exacto sobre la autora de Femme Fatale: "Mon para mí es como una mujer volcánica. Un ave fénix incansable que se mueve siempre entre la gracia de lo divino y la humanidad más cercana…". Por eso es raro escuchar autotune como recurso de interpretación en una voz como la de la cantante chilena; una con poder, dramática y llegada. En este marco, hay una búsqueda entre el sonido avant-garde y la modernidad urbana de la música actual. Ella no lo necesita pero aún así lo toma, quizás para separarse un poco de lo más escuchado de su obra. Hablábamos de la vuelta de la fe. Mon dice en "Esto es amor": "Comerte los labios es religión, entre tus piernas voy a rezar". Es decir, el paradigma se hace presente también en este disco pero en forma de Femme Fatale.
West End Girl, de Lily Allen

Llegó, finalmente, el testimonio hecho obra de la ruptura amorosa de Lily Allen. Son catorce canciones que exponen de manera cruda, audaz y valiente el dolor en primer plano. No es que no pase esto en la música pop del nuevo siglo (Lemonade, de Beyoncé, por ejemplo), lo que se destaca en la londinense es su destreza para la composición. Y también sus decisiones estéticas. De repente, como prólogo del disco, se escucha una conversación telefónica solo de un lado. El de Allen, en efecto, escuchando las propuestas con destino fatal y largando un tembloroso "te quiero" para cortar. En el pasado, estos problemas ya los vertía en MySpace. Eso de lo instantáneo para vivir el desamor. Utilizar la ironía a través del pop blando, y un poco lavado, hasta cuando incluye un contexto de hip hop y maternidad ("Nonmonogamummy"). Grabado en 16 días, sus canciones se corresponden aproximadamente con un arco narrativo que abarca desde la toma de conciencia hasta la emancipación. Es una mezcla de lo público y lo privado, de realidad y ficción, que existe tanto para atraer la atención como para revelar el contexto. Algo así dice la comunicación oficial de West End Girl, aunque se sabe que Allen siempre va a tirar dos o tres líneas más antes de hacer silencio.
Lo bien, lo mal, de Bisturí

Podés cortar y no morir en el intento. Como un nacimiento, Lo bien lo mal salió exactamente a los nueve meses del origen del trío, a veces quinteto. La mesa chica de Bisturí (Manu BM, Majo Tolosa y MauLS) antes formó parte de Puebla. Pasaron de los colores pasteles a una escala de grises. Del indie folk de Lisandro Aristimuño y la tradición de The Chordettes al filo alternativo de los Bad Seeds y la dramática de Lhasa De Seda. El disco está producido por Mariano Di Cesare (El Príncipe Idiota, MAI) y tiene feats de Fonso e Isla Mujeres. El gesto y la huella platense están conectados con El mató -en la radial "Vidrio" hablan de próximos huracanes- pero ahora se le suma la visión femenina de las cosas que nadie ve en la ciudad planificada por un masón. O como canta la compositora de Bisturí en la hermosa "Tantas cosas": "Lo cambio de lugar y es nuevo". En "Tesoro" dicen que lo que hierve no se tapa, como cuando Rosalía canta "la llama penetra mi cerebro como un osito de peluche de plomo". Reinonas visualizando el amor.