
Hay algo irremediablemente estadounidense en la figura de Billy Joel: el tipo de barrio que se planta frente a un piano, toca dos o tres canciones y se convierte en una estrella; la clásica historia del chico trabajador a la que Hollywood etiquetó como el “sueño americano”. Sin embargo, es justo ese cliché el que las directoras Susan Lacy y Jessica Levin, en diálogo con Billboard Argentina, se encargan de desmontar en And So It Goes, la nueva serie documental de HBO que se sale de la típica narrativa para mostrar el lado más áspero y humano del músico neoyorquino, donde la suerte aparece apenas como un actor secundario.
Desde la primera escena, la cámara evita la superficialidad del rockstar para adentrarnos en un relato que desborda emociones, pérdidas y contradicciones. “Había una pregunta central que queríamos responder, una que muchos nos hicieron cuando anunciamos el lanzamiento de la película: ¿qué hay más allá de sus grandes éxitos? La gente que conoce sus canciones, pero ignora el alma compleja, vulnerable y profunda que las sostiene. Ese fue nuestro desafío, llegar hasta ese artista auténtico”, explica Susan.
Retratan la vida de un hombre que aprendió a componer con el piano para pagar sus cuentas y que acumuló varias heridas en el camino hacia la gloria. Se tocan temas como su batalla contra el alcohol, la amarga relación con la industria musical -personificada en “The Entertainer”, como respuesta a la mutilación comercial de “Piano Man”-, la ausencia de su padre, los accidentes que pusieron en jaque su carrera y sus vínculos polémicos con figuras como Elton John. Al mismo tiempo, dejan espacio para el reconocimiento, con testimonios de Paul McCartney, Bruce Springsteen y Sting que aportan un contrapunto que enaltece su trayectoria sin convertirlo en un altar vacío.
Artísticamente, ponen en valor la heterodoxia musical del cantante, que se nutrió de Broadway, jazz y música clásica para construir un sonido singular y a veces difícil de clasificar, lo que le valió durante años la incomprensión del rock más “puro”. Esa dificultad para encajar se vuelve un tema transversal: Billy no pertenece a un solo género ni a un único público; su obra es polifacética. “Todavía hay quienes no lo consideran un artista importante: lo ven solo como un músico comercialmente exitoso, sin ver la densidad artística que hay detrás de su obra. Aun así, creo que esa reevaluación ya empezó, cada vez más gente está entendiendo el verdadero alcance de su discografía”, comparte Lacy.
¿Cómo se aborda cinematográficamente la vida de alguien que lleva cinco décadas construyendo su propia imagen?
Susan: Personalmente, no lo percibo como alguien que haya trabajado activamente en moldear una figura. Tiene una forma muy directa de estar en el mundo. Es auténtico. Si realmente hubiera querido diseñar una imagen pública, probablemente no habría hecho algunas de las cosas que hizo, como romper críticas en vivo sobre el escenario. Es cierto que a veces se refugió en un humor afilado o incluso en cierto aire de masculinidad clásica, pero nunca con el objetivo de construir un personaje. Nunca fue una pose. Nuestro trabajo fue tratar de ir más allá de esa superficie, de entender qué hay detrás de su música.
¿Hubo algo que la película le reveló a Billy que ni él había terminado de comprender?
Susan: Creo que uno de los aspectos más reveladores fue la relación con su padre. De hecho, lo dijo en un podcast hace poco, hablando del documental: durante el proceso se dio cuenta de que había escrito canciones sobre su papá sin saberlo. Su historia familiar está llena de capas desconocidas. Su origen judío, el paso de su familia por Nuremberg, el vínculo con el Holocausto… todo eso sigue siendo muy poco conocido.
El documental muestra cómo su vida personal moldeó su música. Pero, ¿cuánto revela su obra sobre quién es realmente Joel, y cuánto deja fuera de escena?
Jessica: No creo que Billy oculte nada en su música. Es bastante honesta, habla de sus amores y desamores, de su relación con el alcohol, incluso escribe sobre su accidente de moto -“quizá no debería haber estado manejando bajo la lluvia”, dice-. También aborda su relación complicada con su madre, aunque de manera más sutil.
Lo que pasa es que el contexto no siempre es evidente a simple escucha. Se puede disfrutar una canción en su superficie, o profundizar y descubrir lo que hay detrás. Nuestra intención con esta película fue justamente contar esas historias que están detrás de los temas. Espero que quienes la vean puedan salir con una perspectiva renovada, tanto sobre su música como sobre él: su historia personal, su infancia, el impacto de un padre ausente, su búsqueda constante de amor y las complejidades que eso implica. Creo que, en definitiva, es una película bastante honesta.
Su vida podría interpretarse como la clásica historia estadounidense del chico trabajador que alcanza el éxito a través de la música. ¿Cómo evitaron caer en ese lugar común al contar su relato?
Jessica: Billy tiene esa historia de “salir adelante por sus propios medios”, que muchos podrían identificar con el cliché del sueño americano. Es un tipo genuino, marcado por esa narrativa clásica, si querés llamarla así pero su camino no fue lineal ni fácil. No fue un ascenso directo al éxito; tuvo muchos tropiezos. Tuvo que luchar mucho, es un hombre resiliente. A pesar de los obstáculos, siempre encontró la manera de recomponerse y seguir adelante.
No todos hubieran reaccionado igual; a muchos esos tropiezos los habrían desanimado. Pero Billy tenía un impulso artístico tan fuerte, una necesidad tan profunda de hacer música, que fuera lo que fuera lo que pasara, siempre buscaba cómo continuar componiendo. Incluso si eso significaba tocar en un piano bar en Los Ángeles para sobrevivir, porque estaba atrapado en un contrato terrible del que necesitaba salir. En una de las primeras escenas de la película dice: “No me propuse ser una estrella de rock, solo quise pagar las cuentas y hacer música”. Para eso, sacrificó muchas cosas. Me alegra saber que rompimos con el cliché mostrando que su camino no fue una línea recta hacia la cima.

¿Por qué al rock le costó tanto aceptar a Billy?
Susan: Creo que tiene mucho que ver con la música con la que creció. Billy se formó con Broadway, con el jazz, con el cancionero tradicional estadounidense y con la música clásica. Amaba todo eso, y fue incorporándolo a su obra a lo largo del tiempo. Esa mezcla se volvió parte esencial de su sonido y creo que eso desconcertó a los críticos. Como dice Bruce Springsteen en la película, Joel no venía del blues ni del rock and roll más puro. No encajaba en ese molde, y no supieron dónde ubicarlo. Lo acusaron de ser derivativo, de no ser original, de no ser “realmente” rock.
Eso lo afectó, pero no lo hizo cambiar. Él escribía para sí mismo, lo que sentía. Y con el tiempo, la gente empezó a valorar lo que siempre fue una virtud: su capacidad para moverse con soltura entre géneros, su oído melódico excepcional y su comprensión de la composición. Sus canciones no son para nada simples. Eso debería haber jugado a su favor, pero durante mucho tiempo se usó en su contra. ¿Por qué? No lo sé exactamente. Tal vez tenga que ver con el contexto de época, cuando él componía, el punk, el rock más crudo o el heavy metal dominaban la escena.
Después de hacer esta película, ¿qué creen que nos dice la historia de Billy sobre la fama, el paso del tiempo y la permanencia en la música?
Susan: Creo que muchos artistas tienen una relación compleja con la fama, llena de altibajos. Billy es un tipo resiliente. Y cuando hablamos del paso del tiempo, su historia nos muestra que, al escribir su propia vida, también estaba contando la de muchas otras personas. Su música tiene una dimensión universal.
Su primera esposa lo dice en la película: logra capturar el ADN de la experiencia humana. Por eso podés ir a un recital suyo y ver sentados juntos a una nena de ocho años, su mamá y su abuela, todas cantando, todas sabiendo las letras y disfrutándolo. Eso es algo muy poco común; ese alcance multigeneracional no se ve todos los días.
Si alguna vez estuviste en uno de sus shows, lo sabés: la gente canta cada palabra. Entonces, ¿qué nos dice eso sobre la edad? Que Billy es un luchador. Ha atravesado muchas cosas, pero la música lo sostuvo y le salvó la vida. Él mismo lo dice: “No sé qué hubiera sido de mí sin la música”.