El sábado 9 de mayo, Rosario amaneció con un frío más penetrante que lo habitual en otoño. También, un poco gris y algo lluvioso. Era el día en que Pity Álvarez daría su segundo show en esta vuelta a los escenarios, luego de haberse presentado en Córdoba en diciembre del 2025.
El lugar elegido fue el Autódromo Municipal, un espacio amplio y de apariencia hostil, en las afueras de Rosario, cerca del Aeropuerto de Fisherton. Ahí donde se inventó el viento. Allí se había presentado La Renga; por ende, era un terreno probado para recibir un intenso cúmulo de personas, que circularon por sus cercanías desde bien temprano, con toda la liturgia que caracteriza este tipo de eventos masivos ligados a la cultura rock.
En la avenida Jorge Newbery, la llegada más fluida y directa, se instalaron los puestos de comida, bebidas y merchandising de todo tipo. Por la calle García del Cossio, largas filas de colectivos se presentaron como serpientes rodeando el predio, lo que anticipaba que gran parte de las 25 mil personas que asistieron, viajaron de diferentes puntos del país.
Dicho por el propio Pity Álvarez a este cronista en una entrevista realizada en la previa a este encuentro, la fecha la empezó a trabajar él mismo ni bien finalizó su recital en Córdoba. Pity estaba muy interesado en tocar en Rosario. Al punto en que llegó a enviar un audio a Pablo Javkin, intendente local, al secretario de Cultura de la ciudad, manifestando su deseo, la ansiedad para que se confirme la fecha. También les habló de la gente que lo sigue y del cuidado de su público.

"Siempre valoré lo de la gente, porque la gente manda y son ellos los que forman este recital tan grande que vamos a hacer. Con esta formación, estamos limando cosas que nos gustaría hacer mejor, empezando por la materia prima, que es la música. Después, viene la iluminación, puesta en escena y siempre las necesidades de la gente. Poner más baños para que se sientan cómodos, que los limpien cada media hora a cada uno", dijo en la mencionada entrevista.
"Me mandaron un videíto cuando armaban el escenario y a quienes estaban encargados les dije: 'Por la mega estructura que hay que armar por un caprichito mío, qué lindo que nosotros toquemos y toda esta gente se esté movilizando, todo bien programado, tener una estrategia. A esa estrategia darle lógica para que todo fluya mejor y nada se arrebate ni se retrase'. La producción obvio que viene de la mano de la convocatoria que tenés, ¿no? Porque de ahí parte todo lo lindo que podés hacer. Y nosotros gastamos mucho de la convocatoria que tenemos en que la gente la pase un poquito mejor. No que sea un recital nada más, sino que si querés ir con tu novia, que coma algo, tome algo, que estén seguros, no sé. Yo me fijo mucho en eso", desarrolló.
Pity llegó a la ciudad el jueves 7 de mayo, alrededor de las 15hs y se alojó en el hotel Plaza Real. Tenía programado un ensayo, el cual dejó para después de una provechosa siesta. Al despertar, acudió con toda la banda y algunos amigos locales –infaltable Pabliko Man, el legendario rapero y difusor de la cultura hip hop- hacia el estudio de grabación Delia Records, cercano al aeropuerto de la ciudad. Allí ensayaron cerca de dos horas, hasta que Matías Mango –tecladista y quien le sigue a Pity en la dirección musical de la banda- dijo que estaba todo OK, que no gastaran más kerosene. El líder asintió y, satisfechos, dieron por terminada la jornada.
El día previo al concierto se guardó en el hotel. Afuera, había un mundo de personas esperando ver si en algún momento salía y poder sacarse una foto. Por la noche tocaron sus amigos de Do Neurona y se especuló con la presencia sorpresa de Pity, algo que no ocurrió. Álvarez estaba muy enfocado en su show.
Frente al hotel y sus alrededores se repetía un lema en forma de graffiti: "La gente manda", frase que está utilizando Pity como concepto y con la que dejó huella en Rosario, de la mano de los grafiteros nucleados en la crew No me baño, quienes se encargaron de esparcirlo por las paredes.

El show contó con Farolitos como número de apertura, una banda rosarina con más de dos décadas de trayectoria. El llamado para avisarles que iban a tocar lo hizo el mismísimo Pity: "A mediados de abril, recibí su llamado. Me contó que le habían sugerido un par de bandas y que había observado que nosotros reuníamos las condiciones que él estaba buscando. Días antes del show hizo un ensayo, nos invitó y hablamos mucho de qué significado tiene la música para nosotros, cuáles son las condiciones ideales en cuanto a lo espiritual para compartirla, hacerla y ejecutarla. Al otro día del show, me llamó y le agradecimos por subirnos a su nave. Estaba muy emocionado, es una persona muy sensible y con nosotros se mostró muy sencillo, nos entendimos rápidamente", dijo Marcos Migoni, vocalista del grupo.
Media hora antes del recital de Pity, llegó el Padre César manejando su auto, en compañía de Cristina Congiú, la madre del cantante. Estos, junto a Débora, hermana del líder de Viejas Locas e Intoxicados, vieron el show en un espacio reservado para familiares y amigos, donde también estaba Felipe Barrozo, guitarrista intoxicado.
La presencia del cura no fue solamente familiar (es uno de los grandes sostenes humanos que tiene el artista debajo del escenario) sino que también bendijo a todos los músicos y al público mientras sonaba una intro extendida de "Me gustas mucho", primera canción de la noche. Desde allí, se marcó una diferencia de lo que había sido el show de Cordoba, alterando el orden de la lista de temas y haciendo otros ingresos. Fueron siete las canciones "nuevas" que aparecieron en el repertorio: "Don Electrón", "Lejos de ser" –estreno absoluto, y en cuanto a banda, lo mejor de la noche-, "Necesito", "Señor Kiosquero", "Tornillo Eterno", "Casi sin pensar" y "Religión".
Hubo momentos de mucha emoción, como el combo de "Mi inteligencia intrapersonal" y "Fuego", como segunda y tercera canción. "Es increíble como el frio desafina los instrumentos", dijo Pity, algo fastidioso y justificando el bache después del tercer tema, en donde aprovechó para poner a punto la maquinaria. También, "Se fue al cielo", con un correlato audiovisual a la usanza de Andrés Calamaro en "Los chicos": en la pantalla circular que coronaba el escenario aparecieron distintos artistas fallecidos, como Gilda, Adrián Otero, Negro García López, Pappo y otros más. Entre estos homenajes, se incluyó también la figura de Diego Cattoni (guitarrista de la primera formación de Viejas Locas) y Augusto Fazzini, saxofonista de Los Vándalos, banda rosarina.
Hubo otra escena llamativa y fue cuando se escuchó la voz de L-Gante en su comentada aparición en el programa televisivo PH: Podemos hablar, cuando el referente de la cumbia 420 se plantó para decir: "Están frente a alguien inteligente, que te va a responder la respuesta justa no la que vos querés escuchar". Al terminar el testimonio, el público devolvió un sentido aplauso.

La banda, cumple. La puesta en escena, igual a la de Córdoba, es imponente desde el diseño de luces. A pesar del frío, la distancia y lo agreste del espacio, las instalaciones fueron cómodas y los servicios efectivos. Pero sobre todas las cosas, reinó la buena vibra. Pity es todo sobre el escenario. Si bien es generoso y claramente lo que se proyecta es lo colectivo, su presencia desprende un aura inconmensurable y a sus canciones no hay con que darles. Definitivamente forman parte del acervo cultural argentino.
"La gente manda", dice y repite todo el tiempo. La gente recibe, también. Y cuando recibe la buena, devuelve lo mismo. Se transitan tiempos difíciles, con los ánimos flojos y alegrías escasas. Por momentos se parece vivir un deja-vu de la juventud de los 90', donde el rock no era "vivir la experiencia", sino que ocupaba un espacio de refugio y contención. A diferencia de esa época, donde la vibra y las acciones y reacciones de los públicos era más intensa, cual efecto Flautista de Hamelin, hoy se vislumbra una sedación para con las masas. En esta nueva etapa, al público adolescente –por herencia-, adulto y familiar, que creció con Pity y disfruta tres horas de felicidad regada de canciones que los relatan y le dan identidad, se le sumó el público que asiste a ver a la leyenda. Pity, además de popular, es masivo.
El final del show estuvo marcado por la velocidad punkie de "Una piba como vos", pero lo más importante era la noticia que tenía bajo la manga. Dará un próximo show el 13 de junio, en la ciudad de Mendoza.