El punk empezó como una rareza y terminó acomodado en los libros de historia musical y las playlists de Spotify. En ese tránsito, bandas como Green Day cargaron con la paradoja de haber llevado la furia suburbana de los noventa al prime time. Dookie (1994) fue la mecha que los sacó de los sótanos de Gilman Street y los colocó en la vidriera mundial. Luego vino American Idiot (2004), la obra contra George W. Bush que transformó la rabia adolescente en una crítica política. Hoy, tres décadas después, el grupo liderado por Billie Joe Armstrong sigue viajando por el mundo con la intención de mantener viva esa rebeldía.
El miércoles 3 de septiembre, el trío volvió a la Argentina. Quinta visita, dicen los datos; con "un Huracán repleto", apuntan las crónicas. Llegaron al país como invitados de una escena que hace años transforma la bronca en pogo. Ya desde la tarde, las calles alrededor del estadio eran un desborde de parches, banderas y puestos llenos de merch, y la costumbre bien argentina de hacer fila durante horas era la forma de estirar la fiesta desde la vereda hasta la tribuna.
La previa tuvo su cuota local con 2 Minutos como teloneros. Mosca Velásquez y los suyos siguen siendo esa estampita inoxidable de Valentín Alsina, capaces de unir en un mismo salto a quienes cantaron "Ya no sos igual" en los noventa y a chicos que lo descubrieron en YouTube. Después fue el turno de Bad Nerves, con su electricidad británica lista para reclamar la posta generacional, aunque, siendo honestos, la noche no les pertenecía. Quedaron tantas ganas que el sábado 6 de septiembre tendrán revancha propia en El Teatrito.
Entonces, las luces se apagaron y un conejo gigante empezó a bailar "Bohemian Rhapsody" de Queen. A las 21, el trío estalló con "American Idiot" y el pogo explotó. Armstrong, con los ojos bien delineados y la guitarra colgando, subió al escenario junto a Mike Dirnt y su bajo, y Tré Cool, que desde arriba de su plataforma, disparaba redobles desde la batería. En menos de quince minutos sonaron "Boulevard of Broken Dreams", "Longview" y "Welcome to Paradise".


Si hay alguien que sabe moverse en un estadio, ese es Armstrong. Su fórmula mezcla arengas tipo cancha de fútbol con momentos más íntimos: invita a una fan a cantar "Know Your Enemy", levanta una bandera con la cara de Messi y grita su nombre como si supiera cuál es el santo laico del país, o para todo para tocar "Wake Me Up When September Ends" solo, mientras miles de celulares iluminan el estadio.
El setlist fue un repaso de tres décadas que incluyó homenajes, como un guiño a Ozzy Osbourne con acordes de "Iron Man", y la irrupción de un globo blanco con la inscripción "Bad Year". También hubo pirotecnia, lanzallamas, pantallas que alternaban entre psicodelia fluorescente y blanco y negro retro.


"21 Guns", "Basket Case", "When I Come Around" fueron algunos de los momentos que más movieron al público, pero el cierre con "Jesus of Suburbia", "Bobby Sox" y "Good Riddance (Time of Your Life)" condensó todo el show. Armstrong agradeció una y otra vez a la gente, repitió que acá tiene "la hinchada más ruidosa del mundo" y se despidió lanzando besos, como un caballero punk que sabe exactamente hasta dónde llegar.