Si por un rato se dejan de lado las definiciones y se escucha cómo suena una identidad cuando se dice con orgullo, "Acho, PR es otra cosa", con esa "a" estirada y dicha desde una voz caribeña y llena de memoria, alcanza y sobra para entender el presente de Bad Bunny. Esa misma frase actúa hoy como la llave que el puertorriqueño gira para abrir una fiesta que celebra las raíces latinoamericanas, como la que armó este último sábado para presentar por primera vez su sexto disco, Debí Tirar Más Fotos, al público porteño, en la segunda de sus tres fechas en el Estadio River Plate.
El viernes 16 de junio de 2017, el artista se subió al escenario de Pinar de Rocha, en Ramos Mejía, para mostrar un proyecto que todavía estaba en pleno crecimiento. Pocos sabían su nombre, pero varios ya cantaban de memoria "Diles", "Soy Peor" o incluso "Me Mata", canciones que empezaban a correr de celular en celular. Tenía 23 años y todavía no había editado su primer álbum cuando llegó con una gira que, vista hoy, parecía anunciar algo mucho más grande de lo que cualquiera podía imaginar.
Tal vez el reguetón sí le cambió la vida a muchos, y Benito Antonio Martínez Ocasio es uno de ellos. Hijo de un chofer de camiones y de una maestra de inglés, ya no es el mismo chico de hace diez años, aunque conserve la misma convicción al hablar de dónde viene. Entre aquella noche en el boliche del Oeste y esta seguidilla de estadios del Debí Tirar Más Fotos World Tour, vivió una década intensa en tierras nacionales: tres Luna Park en 2018, el Buenos Aires Trap en 2019 y, en 2022, dos Vélez agotados al calor del fenómeno de Un Verano Sin Ti.
Este año, Argentina recibió a un artista que llegó después de consagrarse en los Grammy como el primer latino en ganar el premio a Álbum del Año con un trabajo íntegramente en español; de ponerse al frente del show del Super Bowl ante 128 millones de espectadores -una actuación que provocó el enojo público de Donald Trump ("Fue el peor show que vi", declaró)-; y como autor de un trabajo que vuelve a sus raíces. Entre salsa, bolero y plena, pone en escena el colonialismo, la migración forzada y la tensión con Estados Unidos. En una isla atravesada por el avance del turismo, la emigración juvenil y el retroceso del español, el reguetonero responde con un disco que martilla: "De aquí nadie me saca".


La segunda noche empezó antes de lo pautado, con amenaza de tormenta y un cielo grisáceo sobre Núñez que apuró los tiempos. En la previa sonaron "No voy en tren" de Charly García y "Mágico" de Joe Vasconcellos, un cóctel de rock y ritmos latinos que ya tiraba pistas de hacia dónde iba la cosa. El disparo de largada fue "La Mudanza", después de un video introductorio grabado en un conventillo del barrio de La Boca, y casi sin pausa, "Callaíta" terminó de prender fuego al estadio. José Eduardo Santana se sumó desde la pantalla para abrir "Pitorro de coco" y Benito levantó la botella para brindar por los suyos. Después llegó Lorén, del dúo Chuwi, en "Weltita", y "Turista" bajó un cambio, todo con los 17 músicos de la formación.
"Este show es bien sencillo, bien básico y bien simple. Este show trata de la unión de Argentina como pueblo con Puerto Rico y con América Latina. Trata de disfrutar las cosas más sencillas de la vida. Cantar, bailar, brindar, reír, llorar, amar. Ustedes tienen el poder de convertir esta noche en una que no olvidemos nunca", dijo cuando el recital llevaba poco más de media hora. Enseguida, Sebastián Torres tomó el teclado y abrió "Baile inolvidable" con una introducción que dio lugar a una pareja de bailarines que llevó la escena hacia la salsa y la tradición boricua. El bloque cerró con "Nuevayol", en una versión más cercana al ritmo original del sample de "Un verano en Nueva York", el clásico de El Gran Combo de Puerto Rico.
Después de encadenar varios temas, la acción se mudó "La Casita" (representa los hogares más austeros de la isla), esa estructura montada en el campo que días atrás había generado ruido entre los fanáticos por su ubicación en el sector más económico del recinto. La elección convirtió ese rincón en el centro del show y desplazó, al menos por unos minutos, la lógica tradicional de jerarquías dentro de la cancha. Las cámaras empezaron a recorrer al público desde adentro del set y el juego de reconocimientos comenzó. Guillermo Novelis, de La Mosca, y Callejero Fino aparecieron en pantalla y saludaron desde la tribuna VIP, mientras el foco se movía entre famosos y anónimos.
Cuando sonaron "Veldá", "Tití me preguntó", "Neverita" y "Si veo a tu mamá" ya no quedaba nadie quieto en el campo. A partir de ahí, el espectáculo volvió a plantarse en el escenario del fondo y el dembow tomó otra vez el control con "Voy a llevarte pa' PR". Antes de que entrara la base, Benito hizo subir a un fan argentino y le pasó el micrófono para que soltara la primera línea. El estadio estalló cuando ese "Acho, PR es otra cosa" salió con acento porteño.
La seguidilla siguió con "Me porto bonito" y el remix de "No me conoce", dos golpes al centro del campo, hasta desembocar en "Mónaco", que levantó la temperatura con esa línea futbolera -"Es como meter un gol después de Messi y Maradona"- dicha en el lugar exacto para que River respondiera. Cuando parecía que el bloque ya estaba cerrado, la pantalla anunció una sorpresa exclusiva de esa noche. Mora apareció para cantar "Una vez" y la tribuna volvió a encenderse. El tramo terminó con "Café con ron" junto a Los Pleneros de la Cresta, cerrando el círculo caribeño en pleno Monumental, como si Puerto Rico se hubiera mudado por un rato a CABA.
La escena que lo recibió primero
Al volver al escenario principal, todavía quedaban algunas cartas por jugar. El "Conejo Malo" giró la mirada hacia la escena local y convocó a Khea, Duki y Cazzu para encender "Loca Remix", un cruce que recuerda a los primeros años del trap argentino y a aquel vínculo amistoso que empezó mucho antes de los estadios, allá por el 2018. "Quiero que les den una vez más todo el amor, como siempre lo han hecho, a las personas que me abrieron las puertas de su movimiento aquí hace muchos años", dijo el puertorriqueño, antes de correrse y dejar que Cazzu tomara el centro para cantar "Con otra".
En el cierre, "Ojitos lindos", "La canción", "Dákiti" y "El apagón" cayeron una atrás de la otra, todavía con la energía caliente que había dejado el trío trapero. "DTMF" plantó la bandera en el centro del estadio y "Eoo" cerró a pura descarga, como para que nadie se fuera masticando melancolía.
El show admite más de una lectura -y no significa lo mismo en cada país-, pero en Argentina tuvo algo de "cachetazo" para esa elite que todavía mira el reguetón por encima del hombro. Porque cuando el género más masivo de la región deja de ser simple música de fiesta y se convierte en punto de encuentro, identidad y hasta toma de posición, el viejo "no es lo mío" pierde peso y la discusión deja de ser una cuestión de gusto.