Cada adaptación de Wuthering Heights, la novela que Emily Brontë firmó en 1847, carga con la mochila de los amantes de la literatura y esa versión romantizada del "amor imposible" que la volvió la favorita de muchos adolescentes. La lectura cinematográfica de Emerald Fennell, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi jugando a ser Catherine y Heathcliff, que llega después del filme de 2011 rodado por Andrea Arnold, lo comprendió desde el minuto cero. Aterrizó en los cines rodeada de polémica por su escasa fidelidad al texto original y con una cuota de desconfianza, porque cuando alguien decide intervenir un clásico, tiene que defender la tesis.
Si hubiera que definir a la directora en una sola palabra, "sutil" quedaría afuera sin discusión. Ya lo había demostrado en Promising Young Woman (2020) y Saltburn (2023): filma para provocar. Pero en su nuevo trabajo redobla la apuesta y convierte la pasión y la obsesión en un espectáculo de Broadway. Linus Sandgren le pone una fotografía que embellece, Suzie Davies arma escenarios exuberantes, y la banda sonora lleva todo al frente: la partitura grandota de Anthony Willis se mezcla con las canciones de Charli XCX y no deja un segundo de respiro.
La cantante británica ya había coqueteado con el séptimo arte, componiendo para distintas películas. Esta vez, se comprometió con un álbum completo, trece temas pensados a medida para el universo de la producción. Todo empezó en diciembre de 2024, cuando Fennell le pidió una canción en el momento exacto en que Charli salía del huracán Brat (2024). Venía de atravesar el pico de exposición y el elogio unánime. Sin embargo, según aseguró en redes sociales, sentía un vacío artístico. Fue la lectura del guión la que le devolvió el instinto creativo. De repente, lo que iba a ser un encargo puntual tomó otra dimensión, y junto al productor Finn Keane, su colaborador habitual, empezó a escribir nuevos temas durante los tramos del Brat Tour.
"Cuando pienso en Cumbres borrascosas, pienso en la pasión y en el dolor. Pienso en Inglaterra. Pienso en el barro, en el frío. Pienso en la determinación, en esa tenacidad", escribió en Instagram. Todo eso está presente en cada tramo del álbum. A diferencia de lo último que venía entregando, Wuthering Heights no es un trabajo pensado para la pista de baile, pero tampoco encaja en la idea clásica de soundtrack, al estilo Phil Collins. Hay una búsqueda más emparentada a Nine Inch Nails, Shakespears Sister, The Cure y Kate Bush. Un sonido crudo, áspero, con una veta industrial que se conecta con un neo pop oscuro y cierto aire de rock gótico.
La primera canción que se conoció y también la que abre el tracklist es "House", que recuerda a la época How I'm Feeling Now (2020); de hecho, el videoclip fue dirigido por Mitch Ryan, el mismo de "Party 4 U". Se trata de un tema que marca territorio con distorsión, en colaboración con John Cale, compositor y cofundador de The Velvet Underground. Según contó la propia artista, la canción nació después de ver el documental de Todd Haynes sobre el grupo comandado por Lou Reed. "Como muchos saben, soy fan absoluta de la banda y el documental me dejó hipnotizada. Me quedó grabado algo que dice Cale sobre el sonido: para él, una canción tenía que ser, al mismo tiempo, elegante y brutal", señaló. La frase le quedó dando vueltas, le mandó el tema al músico y la historia tuvo final feliz. El galés terminó sumándose con un pasaje spoken word que le agrega densidad y un tono fantasmal.

El disco va por ese carril, un registro inestable con cambios de temperatura constantes. Por ejemplo, en "Wall of Sound" asoma una Charli más contenida y menos eufórica. La letra se mete con el autosabotaje y con esa demanda de validación que nunca alcanza, incluso cuando parece satisfecha. También con la paradoja de desear algo con fuerza y, al mismo tiempo, sabotear el impulso justo antes de concretarlo. El péndulo vuelve a moverse con "Chains of Love". Escrita junto a Keane y Justin Raisen -pieza clave en la era True Romance (2013) y Sucker (2014)- retoma el synth-pop de sus primeros años.
Después del bombazo de Brat, repetir la fórmula hubiera sido lo más lógico, pero la británica parece estar en otro plan y la producción de Fennell encuentra en estas canciones un complemento ideal. Las intros y outros complementan las escenas, las atmósferas se cocinan a fuego lento y la voz de Charli opera como narradora más. No sabemos todavía si es un paréntesis, un desvío o el comienzo de una etapa más oscura y realista. Lo interesante es que ella no parece preocupada por cómo se leerá este álbum dentro de su discografía.