Considerada una de las bandas más importantes e influyentes del rock latino, Los Fabulosos Cadillacs obtuvieron su primer baño de popularidad de la mano de Yo te avisé, su segundo álbum de estudio lanzado en 1987. Producido por Andrés Calamaro, y a través de grandes temas como "Mi novia se cayó en un pozo ciego", "El genio del dub", "Yo no me sentaría en tu mesa" y "Yo te avisé", el grupo alcanzó una notable repercusión en el público reflejada además en una amplia y sostenida difusión radial y por intermedio de conciertos cada vez más convocantes.
Sin embargo, el germen de ese imparable recambio generacional en el rock argentino ya había dado su primera y contundente muestra con la aparición de Bares y Fondas, el disco debut de la agrupación, ocurrida apenas un año antes.
"Nuestro primer álbum reflejó fielmente lo que estábamos tocando en aquellos años iniciales dentro del underground porteño. Básicamente, éramos jóvenes de unos 19 y 20 años extasiados por el ska, ese ritmo jamaiquino de los años 50 que de alguna manera había regresado a la Inglaterra de fines de los 70 y principios de los 80 con una mirada renovada y tangencial al punk rock y a la new wave. En Bares y Fondas había mucho ska pero también algunas pinceladas pop que lo hicieron un disco muy variado", detalla Flavio Cianciarulo en exclusiva para Billboard Argentina.

Si bien en un principio aquella ópera prima no despertó demasiado interés y algunos medios especializados la recibieron con tibieza y un cierto escepticismo, lo cierto fue que con el paso del tiempo, y dada su refrescante, renovadora y bienvenida apertura hacia estilos bien diversos, dicha placa cobró una inusitada dimensión y una puesta en valor que se acerca hasta el presente.
Publicado el 21 de agosto de 1986, Bares y Fondas (título alusivo a diversos establecimientos porteños como Los Galgos o el Llao Llao, que los integrantes de la banda solían frecuentar por aquel entonces) fue grabado en los estudios Moebio de Buenos Aires bajo la producción artística del recientemente fallecido Daniel Melingo (Los Abuelos de la Nada, Los Twist, Lions in Love).
"Dany Melingo llegó a convertirse en el productor de nuestro primer disco primeramente porque éramos muy fanáticos de Los Twist y luego porque consideramos que era la única persona que podía llegar a entender el concepto de sonoridad al cual queríamos llegar y que hasta ese momento no se había logrado en Argentina. El sonido de La dicha en movimiento, el álbum debut de Los Twist, nos había gustado mucho. Por eso, nos pareció que Melingo era la persona más indicada para trabajar con nosotros y quien mejor procesaba lo que requeríamos en aquel entonces", explica el bajista de los Cadillacs.
Destilando una manifiesta influencia de grupos como Madness, The Specials y The Selecter y conformado por 12 canciones, entre las que sobresalen "Vos sin sentimiento", "Yo quiero morirme acá", Galápagos", "Silencio hospital", "Belcha" y "Basta de llamarme así", el álbum emergió como uno de los primeros registros discográficos locales de ska, rock steady, dub y variadas sonoridades de corte latino hasta ese momento muy poco revisitadas por la escena nacional.
"Tener la posibilidad de grabar en un estudio como Moebio para una banda under como nosotros en ese momento era como ingresar a una nave espacial al estilo del Enterprise de Viaje a las Estrellas. Yo había estado allí unos meses antes porque Mario Siperman, nuestro tecladista, había grabado un álbum con Los Encargados", recuerda Cianciarulo para luego completar: "El trabajo junto a Melingo dentro del estudio fue grandioso. Teníamos una química muy linda con él y un enorme respeto, tanto profesional como humano. A poco de tratarlo ya te caía bien. Era un tipo muy querible. Para nosotros, Los Twist era el ejemplo cabal para entender el concepto estético que queríamos lograr: era una banda de la nueva ola argentina aunque con elementos retro, algo de ska y otro poco de pop, pero sobre todo con una economía de recursos sonoros, más de garaje si se quiere, que nos interesaba mucho y que contrastaba con el sonido general de la época. Finalmente a eso le sumamos toda la influencia de la música jamaiquina que traíamos encima pero tamizada y mixturada con nuestra propia impronta. Grabar ese disco fue una experiencia fascinante. Estábamos sobreexcitados, al punto tal que a veces éramos muchachos demasiado insoportables y molestos para con los técnicos que trabajaban en el estudio. Pero, por otro lado, era algo inevitable y parte de la alegría de estar grabando nuestro álbum debut".

Influencia y legado
"Cuando salió Bares y Fondas lo vivimos como un triunfo. Sentíamos que ese era el momento en que nuestra tribu emergía del under y que éramos los dueños de la calle, de la música y de la ropa que se tenía que usar. Fue el puntapié inicial de una época gloriosa del ska argentino. Para nosotros es un álbum icónico que después de 40 años seguimos escuchando y disfrutando", expresa Pingüino, vocalista de Los Calzones.
"Hay discos que venden mucho, otros que tienen grandes canciones y después están aquellos que cambian la forma de ver la música. Para mí, Bares y Fondas es uno de ellos. Y, de alguna manera, fue el comienzo de una historia que años después desembocaría en nuestra banda. Ese álbum es un tanque que llegó a romper con todo lo que sonaba en aquel momento y que nos abrió la puerta hacia un universo nuevo. Pero la verdadera revolución no estaba solo en la música sino en esos trajes y en la mezcla de elegancia, calle y fiesta", describe Diego Pampiglione (Los Caligaris).
En tanto, Jorge Serrano (Los Auténticos Decadentes) aporta: "Ese primer disco de los Cadillacs generó un cambio muy importante porque traía toda la nueva movida del punk, la new wave, el ska y el reggae que en esa época no era muy conocida en Argentina. Pero a partir de Bares y Fondas se hizo extremadamente popular. Ellos introdujeron una cierta ironía y mucho humor a un panorama musical bastante solemne en aquel entonces mientras que Vicentico apareció con una onda crooner muy novedosa que quizás haya influido en mi forma de cantar".
Otro dato insoslayable de la realidad es que en las más recientes y multitudinarias giras emprendidas por LFC alrededor del mundo, gran parte del repertorio de Bares y Fondas continúa teniendo un espacio fundamental en la lista de temas. Esto no sólo demuestra su plena actualidad a cuatro décadas de su lanzamiento sino también una especie de segunda juventud al ser interpretado en este último tiempo por Florián Fernández Capello (guitarra) y Astor Cianciarulo (batería y bajo), ambos hijos de Vicentico y Flavio respectivamente y últimos integrantes en sumarse al grupo.
"Me resulta muy conmovedor ver una prueba tangible de un amor perdurando en el tiempo. Esa es la sensación que me genera estar tocando esos primeros temas en vivo. Siento que a través de dichas canciones soy parte de algo eterno. Pero no como una cuestión nostálgica o porque están cumpliendo cuarenta años, sino por ver que las personas que escucharon ese material en el momento en que salió, ahora lo siguen disfrutando aunque no como un simple recuerdo; lo viven como algo actual y que acompaña sus vidas en el presente", confiesa Florián. Flavio cierra: "Sinceramente, es muy emocionante capturar la sensación que genera el hecho de interpretar temas grabados cuarenta años atrás. Eso habla de una vigencia más bien afectiva de quienes los reciben, es decir el público. Y estamos muy agradecidos por ello".