Puede que haya sido "Bottled Violence" de Minor Threat o ese mazazo de apenas un minuto y medio que es "Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing" de Discharge. Canciones que al Brendan Yates adolescente le aceleraban la sangre y lo arrastraban hacia un género que, para ya para el 2010, estaba planchado, esperando que alguien volviera a tocarlo con hambre. Parecía fácil porque el tramo más crudo ya lo habían recorrido otros. The Stoogies, Black Flag y compañía pusieron el punk a rodar hasta dejarlo en manos de Bad Brains, que a fines del 70, lo deformó a lo que hoy conocemos como hardcore. La vara estaba altísima y el contraste con los grandes era previsible; pese a ello, ese mismo antecedente sirvió como una guía de boca en boca para entender cómo plantar una banda y hacerla crecer desde abajo.
¿El método? Insistir con los instrumentos, ensayar en un garage, juntar a los amigos del barrio, elegir un nombre (robado de un tema de Hot Water Music que tiene una letra sobre amistad y pertenencia) y salir a tocar. Turnstile leyó las instrucciones, las puso en práctica y fue eso al principio: pura activación. Yates (voz), Pat McCrory (guitarra), Franz Lyons (bajo) y Daniel Fang (batería), junto a Sean Cullen y Brady Ebert (ambos ex miembros, reemplazados en la formación actual por el guitarrista Meg Mills), volcaron todo lo que habían curtido en sus pasos por Trapped Under Ice y Angel Du$t, y reconfiguraron esa experiencia al servicio de algo nuevo.
"Difícil, caótico y hermoso. Como en nuestros propios shows, hubo muchos altibajos", describe Yates, en diálogo con Billboard Argentina, la historia del grupo. Hasta 2015, los únicos que estaban enterados de su existencia eran sus amigos y vecinos de Baltimore, Maryland. Habían editado los EPs Pressure to Succeed (2011) y Step 2 Rhythm (2013) previo a dar el salto al primer LP, Nonstop Feeling. En la misma ciudad que vio crecer a Billie Holiday y a Edgar Allan Poe, dieron pelea y, ampliando de a poco el círculo, "Gravity" se coló en las radios y los lanzó a su primer tour de costa a costa junto a Superheaven.
Después vino Time & Space (2018) -el verdadero indicio de que el ruido no se iba a quedar en casa-, y finalmente el momento de ruptura con Glow On (2021), donde la colaboración con Mike Elizondo, productor formado junto a Dr. Dre y Eminem, abrió el campo sumando dream pop, R&B, new wave y ritmos latinos a su discografía. La respuesta fue tan fuerte que, en cuestión de meses, pasaron de los bares a girar con My Chemical Romance y Blink-182, caer en el late night show de Seth Meyers y meterse en la grilla de Lollapalooza, incluida la edición argentina 2022, donde llegaron a superponer horario con Miley Cyrus.

En marzo de 2025, una valla sobre Sunset Boulevard empezó a confirmar lo que hasta entonces era un rumor: la llegada de su cuarto disco Never Enough. Luego del paréntesis más largo de su carrera y la oficialización de Mills como integrante oficial, Turnstile lanzó un álbum de 45 minutos, definido por el uso de sintetizadores, bronces con aportes de BadBadNotGood, coros compartidos con Hayley Williams (Paramore) y Devonté Hynes (Blood Orange) y una producción adicional de A. G. Cook. Se ganó un lugar en la charla crítica y terminó levantando dos Grammy, incluido el de Mejor Álbum de Rock.
El salto de escala es notorio. Hacia adentro, en cambio, casi nada se alteró, dice Yates. "El objetivo siempre fue el mismo: tocar, hacer música y lograr que eso conecte de verdad con la gente", asegura. Desde su casa en Baltimore se conecta por Zoom para hablar de este nuevo capítulo y de la tercera vuelta por Buenos Aires, para ser parte de lo más grande del cartel en la undécima edición de Lollapalooza Argentina. Tocan el viernes 13 de marzo, en la jornada inaugural.
Never Enough fue distinguido por distintos medios como uno de los discos destacados de 2025 y también ganó dos premios Grammy. ¿Cómo asimilás ese reconocimiento alrededor de tu trabajo?
Es una locura. Nunca trabajamos esperando ese tipo de respuesta, pero siempre la recibimos con gratitud. Hacemos lo que hacemos al margen de las expectativas externas; si después encuentra una recepción positiva -en cualquier forma-, lo valoramos. Estamos muy agradecidos.
En Argentina circula la idea de que el tercer disco es el que termina de definir a una banda. En su caso, el gran reconocimiento llegó con el cuarto. ¿Lo viven como una consagración tardía o como la consecuencia lógica del recorrido que vienen construyendo?
Es difícil explicarlo, porque sólo podemos hablar desde nuestra propia perspectiva. Pero la verdad es que siempre nos dedicamos a hacer lo que hace una banda: salir de gira, tocar en vivo, compartir tours con otros grupos y repetir ese mismo ritmo durante mucho tiempo. Lo único que realmente cambió fue la cantidad de gente que viene a los shows.
El título Never Enough puede leerse como una crítica a la lógica de la industria: nada alcanza, siempre se pide más. Después de los Grammy, los grandes festivales y la exposición global, ¿este disco responde a esa ansiedad o intenta correrse de ella?
Hay un intento consciente de tomar distancia de esa lógica. Es una sensación natural: forma parte de la condición humana sentir que nunca es suficiente y, al mismo tiempo, querer resistirse a esa narrativa. Estamos construyendo todo el tiempo, hacia adentro y hacia afuera.
Existe esa dificultad persistente de sentir que tu existencia, tu trabajo, tu presencia o incluso tu amor alcanzan. Por eso, construir perspectiva se vuelve una tarea constante. Esa sensación probablemente no desaparezca del todo, pero para la banda, y también en lo personal, sostener esa mirada es una práctica consciente, incluso en medio de los momentos más significativos.
Por ejemplo, los Grammy nunca fueron la razón por la que hacemos música; no constituían una meta en sí mismos. Lo más valioso de esa experiencia fue que nos obligó a compartir una sala con nuestras familias, a hacer una pausa y tomar dimensión del recorrido, del trabajo, de la comunidad y de todo lo que sostiene a la banda detrás de escena.
Es muy fácil quedar atrapado en la inercia del "seguir, seguir, seguir" y en la ansiedad constante por lo que viene después. Esos momentos adquieren valor porque te obligan a frenar, a reflexionar, a estar verdaderamente presente y a reconocer el lugar exacto en el que estás.

Es el primer disco en el que asumiste el rol principal de la producción. Después de haber trabajado con productores importantes, ¿qué sentías que necesitabas controlar esta vez?
Cada experiencia en el estudio fue distinta a la anterior. Cada una dejó un aprendizaje y, de algún modo, todos esos procesos confluyeron en este disco. Las ideas eran específicas y deliberadas: desde el orden de las canciones hasta cómo debían sonar ciertos pasajes, incluso la dimensión visual del proyecto. Existía una visión clara, y por eso era fundamental que esa dirección estuviera bien guiada. Recurrimos a colaboraciones puntuales en distintos momentos, pero era necesario que el control creativo estuviera bien definido.
Asumir la conducción del proceso permitió que la banda encontrara un resultado que se sintiera genuino. No creo que exista una única manera correcta o incorrecta de encarar un disco. Lo esencial es confiar en uno mismo y en el método que mejor dialogue con ese momento creativo. Como toda experiencia, fue un aprendizaje. Y ahora el foco está puesto en el siguiente paso.
Un Tiny Desk no tan pequeño
Para pasar por Tiny Desk existen dos vías posibles: ganar el Tiny Desk Contest, el concurso para artistas independientes, o ser seleccionado directamente por el equipo de NPR Music. Turnstile pertenece a este segundo grupo selecto. La primera experiencia fue en enero de 2022, cuando participaron del ciclo Tiny Desk (Home), una adaptación del formato acústico, que surgió como alternativa al confinamiento. Aquella sesión fue grabada desde la casa del baterista, y mostró una versión más contenida y tímida del grupo.
Sin embargo, ya para septiembre de 2025 no había excusas. A un año de los 18 minutos virales de Ca7riel & Paco Amoroso, la banda volvió al escritorio -esta vez en las oficinas de NPR en Washington D.C.- con otro peso encima. El set estuvo centrado exclusivamente en el nuevo álbum: "Dreaming", "Sunshower", "I Care", "Never Enough" y "Birds". La puesta incluyó piano y una sección de vientos, acentuando el costado más expansivo del disco.
La presentación arrancó con un registro melancólico, en línea con el formato del ciclo, pero sobre el final la dinámica cambió. En "Birds", el espacio quedó chico, se armó un mosh pit improvisado entre estanterías y Yates terminó subiendose al escritorio para lanzarse sobre las personas. Fue el primer "desk dive" registrado en la historia del programa.
El Tiny Desk fue un punto de quiebre. ¿Cómo vivieron ese momento?
Fue algo muy especial para nosotros. Mucha gente creció mirando esos Tiny Desk, así que tener la oportunidad de hacer uno tenía un peso simbólico. Cuando finalmente ocurrió, pudimos invitar a familiares y amigos al estudio. Estábamos tocando en el escritorio de NPR, pero rodeados de nuestra gente, eso le dio otra dimensión. Tachamos un pendiente en la lista.
Durante la pandemia habíamos hecho una versión desde la habitación de Daniel, algo mucho más casero. Por eso, poder hacer el Tiny Desk "oficial" fue cerrar ese círculo.
Durante años existió el debate en torno a si Turnstile era "lo suficientemente hardcore". Hoy esa discusión parece quedar chica. ¿Sentís que la banda ya superó por completo esa conversación sobre el género?
Es una conversación que siempre va a existir. Cuando el arte entra en diálogo con la industria y con distintos marcos de análisis, aparecen las discusiones sobre qué es algo y qué no es, dónde encaja y dónde no. Esa discusión está ahí, pero para nosotros nunca tuvo demasiado peso. Entendemos que cada quien tenga su opinión, pero no es algo que resulte especialmente productivo o determinante en nuestra forma de funcionar como banda. Más allá de cualquier intento de clasificación, lo que buscamos es ser honestos y fieles a nosotros mismos en todo lo que hacemos.
Dijiste varias veces que el hardcore es, antes que un sonido, una comunidad. En tu vida cotidiana, ¿seguís siendo primero ese chico de Baltimore y después músico?
Sí, para mí están relacionadas. Seguimos viviendo acá. Siempre amé la música, siempre toqué. En ese sentido, nada cambió demasiado: seguimos haciendo lo que hacíamos al principio, y todavía se siente natural. Lo más revelador fue descubrir hasta dónde podía llevarnos eso. Cuando empezamos, nunca imaginamos tocar más allá del bar del barrio. Con el tiempo se abrieron puertas y decidimos cruzarlas. Cada oportunidad fue ampliando el horizonte. Nunca hubo una división entre el músico y la persona. Todo está entrelazado, no hay separación.
Después del gran salto, ¿cambió tu relación con el ego?
Está en constante cambio. Es un ejercicio permanente de conciencia, de preguntarte cuál es tu lugar en todo esto. Venimos de una escena -la del hardcore- que trasciende la idea de un género musical. Es una experiencia que te ancla, que te mantiene con los pies en la tierra. Esa base definió la manera en que pensamos y encaramos lo que hacemos. También moldeó la forma en que nos percibimos y cómo nos movemos dentro del mundo que nos rodea.

Creciste escuchando a Blink-182 y años después saliste de gira con ellos. ¿Qué se siente compartir escenario con una banda que marcó tu adolescencia?
Desde que empezamos, nos pasó con muchas bandas. Es algo muy hermoso, porque con el tiempo pudimos tocar o cruzarnos con varios de nuestros héroes, artistas que yo escuchaba cuando era chico.
Cuando empecé a involucrarme en la música, muchas de mis bandas favoritas estaban formadas por chicos apenas mayores que yo, que tocaban en los mismos espacios que yo frecuentaba. La música sucedía en esas mismas habitaciones, a pocos metros. Los admiraba profundamente. Después, claro, también estaba la música que sonaba en la radio, pero eso se sentía más distante, casi como un universo aparte.
Con el tiempo, ese amor íntimo con la música, la comunidad y las bandas de mi entorno empezó a entrelazarse con esos nombres que solo escuchaba en la radio. Todo comenzó a sentirse parte de una misma escena. Hoy nos sigue pasando: tocamos en festivales, conocemos gente y compartimos canciones con artistas que escuché toda la vida.
La validación del mainstream
El año pasado, Turnstile alcanzó por primera vez el número uno en un ranking general de Billboard: "Never Enough" encabezó el chart de Alternative Airplay en la lista fechada el 16 de agosto.
No fue, sin embargo, su primer paso por la cima. El álbum Never Enough ya había liderado el Top Hard Rock Albums en junio, mientras que Time & Space (2018) se había ubicado al frente de Heatseekers Albums. En 2021, con el arranque de Glow On, también ocuparon el primer puesto en Emerging Artists durante una semana.
En Alternative Airplay habían debutado en 2022 con "Mystery", que llegó al número 8, y ese mismo año "Holiday" alcanzó el 10. Esta vez no se quedaron a mitad de camino y fueron directo al número uno.

La noche que compartieron horario con Miley Cyrus
Ahora vuelven a la Argentina. La primera vez que tocaron en Buenos Aires fue en Lollapalooza, con su show superpuesto al de Miley Cyrus. ¿Qué recordás de esa experiencia?
Recuerdo que tocamos muy tarde y en un escenario bastante alejado del centro del festival. Estaba nervioso porque cuando coincidís en horario con un artista enorme, nunca sabés qué va a pasar. En los festivales el público se reparte, cada uno está ahí por algo distinto, y a veces simplemente te toca el horario que te toca.
Pero apenas empezamos, todo cambió. La gente no solo cantaba las letras: coreaba las guitarras, los riffs, cada detalle. Eso me sorprendió muchísimo. Sentí una conexión inmediata, como estar en casa, incluso dentro de un festival, que suele ser un formato más distante, con escenarios enormes y público más disperso.
Esa noche se armó algo particular. Era como si, dentro de todo el predio gigantesco, se hubiera formado una pequeña isla con algo propio, especial, sucediendo tarde en la noche. Lo recuerdo como un momento realmente único.
¿Y qué significa para ustedes volver a Lollapalooza?
Estamos muy entusiasmados. Los lugares donde tocamos dentro de este festival están entre nuestros favoritos del mundo; Sudamérica, sin dudas, ocupa un lugar especial para nosotros. Hace un tiempo, mientras estábamos escribiendo el álbum, casi no tocamos en vivo. Aún así, viajamos a Argentina, Brasil y Chile para hacer algunos shows porque sabíamos que esa experiencia nos iba a inspirar, que iba a encender algo mientras trabajábamos en las canciones. Ahora es la primera vez que volvemos desde que salió el álbum, y me entusiasma mucho.
Sí, de hecho, estuve en uno de esos shows. Cuando tocaron en Vorterix, me acuerdo que antes de salir al escenario sonó "I Wanna Dance with Somebody" de Whitney Houston y se armó un pogo entre el público. ¿Qué te pasa por la cabeza cuando ves que la energía del hardcore y la cultura pop chocan de esa manera?
En un momento así lo que ocurre es pura energía compartida. Cuando todos están en la misma sala y la energía se vuelve contagiosa, algo se activa. La gente estaba celebrando el simple hecho de estar ahí, juntos, en un mismo espacio. Había una excitación colectiva que se volvió infecciosa. Recuerdo lo fuerte que cantaba el público y cómo bailaban. Son instantes especiales. Y cuando suceden, conectan con algo muy esencial: la razón por la que nos reunimos en una habitación para hacer y vivir música.

Esta es su tercera vez en la Argentina. ¿Qué les gustaría dejar después de esta visita?
Me gustaría que dejemos un momento. Esa hora que tenemos sobre el escenario, que quede como algo que valió la pena vivir. Que la gente pueda estar ahí y sentir que vivió una experiencia real. Que haya alegría, entusiasmo, entrega. Que puedan sentirse conectados entre ellos y con la música. Eso es todo.
Si tuvieras que describirle a alguien en Baltimore cómo es tocar en Buenos Aires, ¿qué le dirías?
Eléctrico.
Son la portada de Billboard Argentina. ¿Qué les provoca que una banda nacida en Baltimore haya construido un vínculo tan fuerte con un público a miles de kilómetros de su propio territorio?
Eso es lo fascinante de la música: los lugares a los que puede llevarte. Argentina -y toda esa región- ocupa un lugar especial para nosotros. Es uno de los territorios donde más disfrutamos tocar.