Incendio Chico es una de esas bandas nuevas del Oeste que conviene escuchar con los oídos bien abiertos para empezar a encontrarle los sabores. El proyecto junta a Guillermo Beresñak, productor de más de ochenta discos para artistas como Kumbia Queers, Miss Bolivia, Leonchalon o Natalia Oreiro en su etapa como Gilda, con Matías "El Chávez" Méndez, conocido por su trabajo junto a nombres como Gustavo Cordera o No Te Va Gustar. A ellos se suman Luciano Planta, Hernán Bourguet y Luli Mazer, completando una formación donde todos participan como intérpretes, compositores y productores.
"En general venimos de proyectos solistas", cuenta Beresñak en diálogo con Billboard Argentina. "Entonces formar parte de una banda donde somos todos pares cambia bastante las cosas. La forma de tomar decisiones, de compartir, de proyectar a futuro… todo se vuelve más colectivo". Refugio Amigo, el debut, es el primer resultado de esa amistad artística: nueve canciones donde se mezcla el dub, el rock y sonidos instrumentales. Las canciones nacieron con guitarra criolla y fueron creciendo en la sala, dentro de lo que cinco músicos podían hacer juntos.
El próximo 20 de marzo llevarán su álbum al vivo en La Tangente. En la previa, repasan el proceso de producción, el peso que tiene el Oeste en su identidad sonora y algunas historias que aparecen en el camino: un single dedicado a Diego Maradona, fogones en la playa y otras anécdotas que ayudan a entender la construcción de la banda.

El nombre de la banda llama la atención. ¿De dónde surge Incendio Chico? Tiene algo paradójico: un incendio suele ser algo enorme, y acá aparece en diminutivo.
El Chávez: El nombre lo propuso Mati, pero creo que cada uno le encuentra un significado distinto. Tiene algo de eso que decís. Cuando pienso en la banda, la imagino como un fuego del corazón: algo chiquito pero que, al mismo tiempo, tiene una energía muy grande.
También viene de nuestra historia juntos. Vivimos cerca, somos amigos de hace muchos años, de juntarnos a guitarrear, hacer asados, prender un fogón. En las vacaciones siempre terminábamos haciendo fuego en la playa. Ese fueguito aparece mucho en nuestra vida cotidiana. Entonces el nombre tiene que ver con eso: con algo simple, cercano, que forma parte de lo que somos.
¿De qué manera se presenta esa identidad del Oeste en el sonido de Refugio Amigo?
Bourguet: Tiene que ver con la historia musical de cada uno. Mati viene más del reggae, Guille y yo más del rock. Todo eso aparece en el disco. Y también hay cosas nuevas que fueron saliendo en la sala.
Yo soy un poco más chico que ellos y, cuando era pibe, ya los veía tocando con sus bandas. Había una escena en el Oeste que, desde afuera, tal vez no se percibe tan clara, pero cuando crecés ahí te das cuenta de que hay una historia. Ellos fueron marcando un camino y después uno fue armando sus propios proyectos dentro de ese mismo circuito.
Hoy también veo pibes de veinte años con bandas y siento que sigue habiendo algo particular en el Oeste, una identidad que se mantiene. Creo que algo de eso también se escucha en el disco.
El álbum tiene un cruce de sonidos bastante marcado. ¿Qué música sonaba en la sala mientras trabajaban en el disco?
Beresñak: Escuchamos bastante a Pachyman, un artista que hace una especie de dub con sonido muy setentoso, todo grabado con instrumentos vintage: órganos raros, baterías grabadas de una forma muy particular. Es bastante instrumental, tiene algunas voces, pero no muchas.
Era un disco que sonaba seguido cuando nos juntábamos a armar la sala o a ensayar. También Mati ponía playlists de euro-dub. Después cada uno, en su vida cotidiana, escucha cosas distintas.
En mi caso, últimamente estuve muy metido con el folklore, sobre todo folklore viejo. Pero cuando nos juntamos a tocar, lo que más aparece es reggae.
Hay también una búsqueda de un sonido más analógico en el disco, ¿no?
Bourguet: Sí. De hecho, ese disco de Pachyman lo llevé yo a la sala un poco como referencia. Ellos venían más del rock canción y yo quería empujar hacia una impronta más analógica.
La idea inicial era que el disco no tuviera samplers, loops ni efectos agregados. Que fuera completamente orgánico, todo tocado. En mi caso, como músico y productor, venía haciendo discos bastante opuestos a eso, llenos de capas y efectos. Entonces me gustaba la idea de volver un poco a la raíz: que los instrumentos suenen tal como son.
¿Cómo se lleva eso al vivo?
Bourguet: Tal cual como está en el disco. De hecho, las canciones primero las tocamos mucho en la sala antes de grabarlas. Cuando entramos al estudio, los temas ya sonaban. Entonces ahora, en vivo, lo que hacemos es recrear exactamente eso.
Beresñak: Yo me acordaba de un disco de Charly de los 80, no recuerdo cuál, pero estaba pensado de esa manera: grabado de forma que después pudiera tocarse igual en vivo. Muchas veces el disco termina teniendo cosas que después son difíciles de reproducir en el escenario.
Nosotros quisimos evitar eso desde el principio. Las canciones nacieron con guitarra criolla y después crecieron en la sala, siempre dentro de lo que realmente podemos tocar.
Esa misma limitación fue armando la estética de la banda. Yo, por ejemplo, venía de tocar teclados y empecé a tocar guitarra eléctrica por primera vez. Eso también define qué cosas pueden aparecer en la música. Si estuviera en un estudio grabando cuarenta tomas quizás haría cosas más complejas, pero después sería imposible sostenerlas en vivo.
Entonces esas limitaciones fueron moldeando el sonido: cómo toca Mati la batería, cómo toca Lucho… todo eso terminó generando una identidad. Y cuando ahora lo llevamos al escenario, suena honesto con lo que realmente somos como banda.
En Refugio Amigo hay una historia que termina pasando por Maradona. ¿Cómo aparece Diego en el disco?
Beresñak: Hay una historia que conecta con el disco. En 2014 tuve la oportunidad de conocer a Diego Maradona en Dubái. Yo había compuesto una canción para un programa de Sergio Goycochea y Diego la terminó grabando allá.
Viajé para conocerlo y grabarla con él en su casa. Fue un momento muy fuerte: poder agradecerle en persona por toda la alegría que nos dio siempre.
Y el vínculo con el disco aparece ahora. El año pasado compuse una canción que se llama "Santo de los potreros", que terminó entrando en el álbum. Es un homenaje a Diego, una forma de cerrar ese círculo de agradecimiento.
¿Qué te llevó a escribir "El santo de los potreros"?
Beresñak: La escribí como una manera de dejar un mensaje para los más chicos, para los que quizá no llegaron a ver a Maradona jugar. Pensaba mucho en mi sobrino, que también es mi ahijado. Para su cumpleaños me había pedido un cuadro de Diego.
Le compré uno en el que aparece Maradona con 20 años, jugando en Boca, en el '81. Y cuando lo miré me quedé pensando en todo lo que podía estar pasando por la cabeza de ese pibe en ese momento: con esa edad, siendo el diez de Boca y ya el mejor jugador del mundo, en una época que era completamente distinta a la de hoy.
Eso me llevó a un lugar bastante melancólico. Diego me despierta muchas emociones cada vez que lo recuerdo. Es como si fuera un hermano mayor o un familiar. Yo tuve la suerte de conocerlo apenas un par de horas, pero al mismo tiempo siento que es alguien cercano para todos, incluso para quienes nunca lo conocieron.
Entonces la canción nació un poco desde ahí: como una forma de cerrar ese círculo y dejarle un homenaje.
El 20 de marzo la van a llevar al vivo. ¿Qué se van a encontrar quienes vayan a ese show?
El Chávez: Va a ser la primera fecha después de que salió el disco, así que estamos ensayando mucho y poniéndole toda la energía. Vamos a tocar el álbum completo y también algunos covers. El disco tiene nueve temas, así que el set vuela.
También va a haber invitados: va a estar Julian Esteban Gómez, conocido como Kun, El Príncipe del Acordeón. El año pasado le produjimos un disco y hay una relación cercana, así que se suma al show. También va a estar Rayo.