Un trío que lleva más de quince años juntos y decide que el camino no es repetirse sino desmarcarse, jugarse a perder el control. De eso se trata Night Light, el séptimo disco de White Lies. Londres, que alguna vez fue un altar para el indie sombrío, hoy parece más bien una rotonda infinita. Se cruzan el post-punk y el prog rock, los sintetizadores con los saxos, la herencia de Bowie con la de Kate Bush. Empapados de esa deriva, Harry McVeigh, Charles Cave y Jack Lawrence-Brown grabaron el disco en los Church Studios, con Riley MacIntyre en la producción y Chris Coady en la mezcla. El grupo primero tocó en vivo "como en los setentas", y luego entró al estudio, intercambiando el habitual flujo "pista por pista" por una dinámica más orgánica. Cambiaron la precisión digital por el error humano, y ahí apareció algo más real. No intentan madurar ni hacer arqueología de sí mismos, solo aceptan que crecieron: que ahora hay hijos, rutinas, cansancio, fricciones y aun así sigue existiendo esa necesidad de tocar juntos. Es el resultado de una banda que aprendió a disfrutar de no tener que demostrar nada.
Desde su casa en el Reino Unido, McVeigh habló con Billboard Argentina sobre la creación del álbum, el presente de la banda y lo que aún buscan alcanzar.
¿Les preocupaba conservar la "marca registrada" de White Lies o se dieron el gusto de perderle el respeto a su propio sonido y ver hasta dónde podían llevarlo?
Con este disco decidimos enfocarnos en experimentar. Ya tenemos varios álbumes encima, y antes de empezar a escribir o grabar, hablamos mucho sobre qué queríamos lograr realmente. Estamos en una etapa distinta de nuestras vidas: Jack y yo somos padres, y Charles combina la banda con su trabajo en fotografía y su relación amorosa. Eso nos obligó a pensar el proyecto desde otro lugar, con más conciencia del tiempo y de la energía que invertimos. Queríamos asegurarnos de que el álbum valiera la pena, de que todos estuviéramos igual de involucrados. Por supuesto, hay rastros del sonido clásico de White Lies, pero también nos dimos permiso para explorar y divertirnos un poco más, hacerlo sin cálculo, simplemente porque todavía nos gusta hacer música juntos.
En este disco se nota una fusión de post-punk con matices del progresivo de los '70. ¿Cómo eligen esas influencias y qué quieren comunicar con ese sonido?
Nuestras influencias son muchas; escuchamos música de todo tipo. Hoy, con plataformas como Spotify, nuestro gusto se volvió muy amplio. Para este disco, mientras escribíamos, pasábamos mucho tiempo viendo The Midnight Special, una serie musical estadounidense de los años 70 con actuaciones de todas las grandes bandas de la época. Aunque el sonido y las mezclas eran bastante crudos, se sentía la energía de los músicos tocando en vivo. Eso nos inspiró muchísimo, no solo por la música que amamos, sino por esa sensación de performance en vivo que resulta tan emocionante. Queríamos capturar esa energía en el disco.
Mencionaron a bandas como Genesis y Gong como influencias. ¿Cómo se vincula White Lies con la historia del rock británico y europeo a lo largo de su trayectoria?
Es difícil de precisar. Creo que la inspiración que tomamos de esas bandas de prog rock viene de su constante búsqueda de algo diferente. Su música es técnicamente compleja, pero va más allá. Juegan con compases inusuales, escalas extrañas o melodías inesperadas. Me encanta esa sensación de sorpresa, cuando escuchás algo que no esperabas, una nota rara, un giro melódico distinto.
Eso nos inspira mucho y tratamos de reflejarlo en nuestra música. Supongo que es parte de la tradición del songwriting británico: las canciones que destacan suelen ser un poco excéntricas, con algo que las hace únicas, que casi te pone la piel de gallina. Es un rasgo muy d enosotros, aunque no siento que seamos una banda particularmente "británica", simplemente hacemos la música que nos gusta, y nuestras influencias vienen de todas partes del mundo.
¿Piensan que los oyentes perciben estas referencias, o son más un placer interno para la banda?
Creo que es un poco de ambas cosas. Algunos de nuestros oyentes quizá hayan crecido en los años 70 y reconozcan ciertas referencias, pero no escribimos música para parecer inteligentes, hacemos lo que realmente nos gusta. Al mismo tiempo, compartimos muchos gustos con nuestros fans, así que siempre estamos algo conectados con ellos. Además, al crear y grabar este álbum, nos aseguramos de tocar las canciones en vivo antes de entrar al estudio. Imaginábamos cómo reaccionaría la audiencia, cómo se sentirían si estuviéramos en la misma sala tocando. Creo que esa es una parte clave de trabajar como banda, pensar en la experiencia en vivo desde el principio.
Si tuvieras que resumirlo, ¿cuál dirías que es la idea central o el hilo conductor que une todas las canciones del álbum?
Musicalmente, el disco tiene mucho de los años 70; se perciben influencias de bandas como Steely Dan y otras de prog rock que ya mencionamos. En cuanto a las letras, Charles siempre dice que el álbum es bastante irónico, con un humor tongue in cheek. Desde mi perspectiva, al leer las letras, siento que son muy personales, como si él contara historias de su propia vida. Esa es la sensación que tengo al cantarlas. Pero, claro, él lo ve de otra manera. Y eso es lo bonito de la música, depende mucho de quién la escucha.
Desde To Lose My Life hasta hoy, ¿qué aprendieron sobre la fama y sobre mantenerse fieles a ustedes mismos, y cómo se refleja eso en esta obra?
No somos tan famosos; la gente conoce la banda, pero no nos paran en la calle ni nada por el estilo. Lo más importante que aprendimos es a ser honestos con nuestra música: siempre intentamos hablar desde el corazón y no pretender ser algo que no somos. Creo que eso es algo que nuestros fans valoran mucho.
Con los años también adquirimos experiencia técnica, entendimos cómo funciona un estudio y cómo aprovechar el tiempo. Por ejemplo, en este álbum estuvimos solo dos semanas en el estudio, el período más corto que hemos dedicado a grabar un disco. Llegar a trabajar así nos llevó unos quince años de aprendizaje; ahora sabemos exactamente qué hacer en cada momento para que todo fluya.
También nos volvimos mucho más eficientes al escribir un disco. Sabemos cuándo una idea va a funcionar y cuándo no, así que no perdemos tiempo con cosas que terminaremos descartando. Con este álbum teníamos además una visión clara de todo: no solo la música, sino la estética del disco, la portada, cómo tocaríamos las canciones en vivo e incluso cómo presentaríamos todo en redes sociales. Creo que, ahora que somos un poco mayores, tenemos más confianza para tomar decisiones y dirigir el proyecto.
Trabajamos con gente increíble de la discográfica y del management, pero la relación cambió: ahora podemos decirles lo que queremos y cómo queremos presentarlo al mundo. Antes, cuando éramos jóvenes, ellos eran casi como padres, guiándonos y explicándonos cómo hacer todo. Hoy la colaboración es mucho más equilibrada y fluida.
Mirando toda su trayectoria, ¿qué dirías que los define más allá de la música?
No estoy del todo seguro. Creo que hemos creado algunos videos realmente destacados, sobre todo los del primer disco con Andreas Nilsson. Por ejemplo, el video de "In the Middle" de este álbum es algo que siempre recordaré. Son videos que, además de ser obras de arte por sí mismos, creo que envejecen bien; no se sienten anticuados. Muchas otras bandas se han inspirado en esos trabajos para crear los suyos, y espero que ese legado se mantenga con el tiempo.