El año pasado, Fatboy Slim convirtió el Movistar Arena en su hábitat. Frente a miles de personas, el legendario DJ y productor británico demostró que, después de más de cuatro décadas de carrera, sigue teniendo una capacidad única para transformar cualquier escenario en una verdadera celebración colectiva. Entre clásicos, remixes y hasta guiños a la música argentina, Norman Cook encontró una vez más una conexión inmediata con un público que lo recibió con la misma intensidad que él entrega en cada presentación.
Esa historia sumará un nuevo capítulo en septiembre, cuando el artista regrese al país para presentarse nuevamente ante sus fanáticos. Antes de ese esperado reencuentro, conversó con Billboard Argentina sobre el recuerdo que le dejó su último paso por Buenos Aires, la energía que distingue al público argentino y la razón por la que cada visita se siente especial. Además, reflexionó sobre el valor que adquirió su profesión después de la pandemia, repasó los momentos más importantes de una trayectoria que ya supera los 40 años y aseguró que, a sus 63 años, sigue disfrutando cada show como si fuera el primero.
El año pasado te vimos en el Movistar Arena y fue un show increíble. Antes que nada, felicitaciones por ese concierto y también por volver a la Argentina.
Muchas gracias. Cuando empezamos a hablar de hacer ese show, el promotor me llevó a conocer el estadio y pensé: "¿Cómo hacemos una fiesta en un lugar tan grande? ¿Cómo logramos que funcione?". Al final quedamos muy felices con el resultado. No solo porque agotamos las entradas, sino porque conseguimos generar una atmósfera de alegría, emoción y amor. Eso no siempre sucede en un arena; muchas veces estos lugares pueden sentirse un poco corporativos. Así que sí, tengo muchísimas ganas de volver.
Tenés experiencia tocando en playas, festivales, clubes y arenas, pero el Movistar Arena tiene una energía muy particular.
Sí, eso es justamente lo que intento lograr. Las bandas hacen grandes conciertos y el público observa la actuación, pero en mis shows la gente también forma parte del espectáculo. No se trata solo de que yo sea el artista arriba del escenario: todos terminamos siendo parte de la experiencia.
Todo gira alrededor de crear una atmósfera especial. Y, como decía antes, a veces eso es difícil en un arena. Pero los argentinos parecen tener esa capacidad de llevar alegría, vida y entusiasmo a todo lo que hacen.
La energía del público argentino realmente es incomparable.
(Risas). Bueno… también podríamos decir que sí es comparable, porque yo también tengo muchísima energía. Creo que por eso funciona tan bien: ustedes tienen mucha energía y yo también.
Todavía faltan algunos meses para el show. El año pasado sorprendiste al incluir canciones argentinas mezcladas dentro del set. ¿Este año también podemos esperar alguna sorpresa de ese estilo?
No quiero repetirme exactamente. Pero fue un momento muy lindo. Lo cierto es que, para mi vergüenza, conozco muy poco de la música argentina. Lo bueno es que la gente me escribe por Instagram y me dice: "Si venís a nuestra ciudad, tenés que poner esta canción". Esa termina siendo mi forma de descubrir música argentina.
Así que espero que de acá a septiembre me sigan recomendando temas nuevos para incluir. Son pequeños detalles que ayudan a construir un momento especial y esas sorpresas hacen que el show sea todavía más memorable.
Antes de venir a la Argentina todavía tenés varias fechas en Europa. Es impresionante cómo, sin importar el país donde toques, seguís generando una conexión tan fuerte con el público.
Bueno… no siempre es tan fácil (risas).
En los países de habla inglesa la conexión suele surgir más naturalmente porque puedo comunicarme mejor. Pero hay lugares donde cuesta más. No voy a dar nombres, pero en algunos países siento que estoy todo el tiempo intentando que la gente participe. Hay culturas donde el público simplemente se queda quieto mirando o pasa todo el recital con el teléfono en la mano. Y yo pienso: "Guarden el celular y diviértanse".
Así que no, esa conexión no siempre aparece de manera automática. Acabo de hacer cuatro shows en mi ciudad y ahí, obviamente, todo resulta muy sencillo. En Argentina también, porque siento que conectamos muy bien. Pero no ocurre igual en todas partes.
¿Cómo es este momento del año para vos? ¿Tenés tiempo para descansar o el verano europeo significa trabajar todavía más?
Estoy haciendo muchísimos shows al aire libre en Inglaterra. Por suerte este año realmente tuvimos verano (risas), así que eso ayuda mucho. Este fin de semana tengo más festivales y después me voy dos semanas a Ibiza. Es una época muy intensa, pero también muy linda porque los festivales de verano tienen una energía diferente.
En un club o en una sala se vive una atmósfera determinada. Pero cuando estás al aire libre, hace buen clima y sale el sol, los ingleses por un rato nos olvidamos de que somos ingleses (risas).
¿Y cuándo encontrás tiempo para desconectarte?
Soy bastante bueno descansando durante la semana. Como DJ, la mayor parte del trabajo ocurre los fines de semana. Este verano compré una pequeña cabaña escondida en medio del bosque. Me voy los lunes y me quedo hasta el miércoles.
¿Conocés los libros de Winnie the Pooh? Bueno, la cabaña está justamente en el Bosque de los Cien Acres. Así que paso tres días ahí completamente desconectado, relajándome. Y tener buen clima este año en Inglaterra hizo que fuera todavía mejor.
Cuando vengas a la Argentina vas a tocar en Buenos Aires, Mendoza y Córdoba. Quizás tengas algunos días para descansar acá.
Creo que voy a estar bastante ocupado. Seguramente tenga una tarde para caminar un poco por Buenos Aires, pero, fuera de eso, no voy a tener mucho tiempo libre.
Después de tantos años de carrera, ¿seguís disfrutando ese ritmo intenso entre un show y otro? ¿Todavía sentís esa adrenalina?
Sí, absolutamente. De hecho, cuanto más grande me hago, más lo disfruto.
Cuando era joven simplemente pensaba: "Esto es lo que hago". Era algo natural. Pero durante la pandemia entendí cómo era la vida sin poder reunirnos para hacer esto. Y pensé: "Qué mundo tan triste sería si no pudiera volver a hacerlo". En ese momento me prometí que, si alguna vez podía regresar a los escenarios, nunca más iba a dar mi trabajo por sentado.
Hoy disfruto cada show, cada momento. Acabo de cumplir 63 años y, sinceramente, ya no debería estar haciendo esto (risas). Así que cada día que sigo arriba de un escenario lo vivo como un privilegio.
Es un poco como un futbolista cuando llega a los 34 o 35 años y se pregunta si todavía puede seguir haciendo goles. Y de repente convierte uno. Ahí piensa: "Sí, todavía puedo". Esa es un poco la mentalidad con la que vivo cada presentación.
En septiembre también se cumplen 30 años de You've Come a Long Way, Baby y ya son más de cuatro décadas de carrera. No muchos artistas pueden decir eso.
Muchas gracias. Soy muy consciente de lo afortunado que soy y del enorme privilegio que representa seguir haciendo esto. Intento no abusar nunca de ese privilegio.
Si pudieras volver atrás en el tiempo, ¿cuáles dirías que fueron dos o tres momentos que jamás vas a olvidar?
El primero fue cuando aparecí por primera vez en Top of the Pops.
Era un programa de televisión muy importante en Inglaterra. Antes de las redes sociales, antes de YouTube, antes incluso de MTV, existía ese único programa semanal donde se concentraba toda la cultura musical del momento.
Yo crecí viendo ese programa. Vi a The Beatles cuando era chico, después a David Bowie, al punk... toda mi educación musical pasó por ahí.
Así que el día que aparecí por primera vez pensé: "Dios mío... estoy acá. Estoy viviendo mi sueño". Ese es un recuerdo que jamás voy a olvidar.
El otro fue la primera gran fiesta que hice en Brighton Beach. No hablo de la multitudinaria que vino después, sino de la anterior, donde hubo unas 45 mil personas.
Imaginate: 45 mil personas en la playa de mi ciudad, en mi casa. Sentir el orgullo de mi gente y ver que ellos también estaban orgullosos de mí fue algo realmente inolvidable.
Hablando de Brighton… ¿seguís muy de cerca al Brighton & Hove Albion?
Sí, claro.
Fue una buena temporada.
(Risas). Con Brighton siempre pasan cosas. Nunca es aburrido.
Constantemente hay jugadores que llegan y otros que se van. Chelsea suele llevarse a varios de nuestros mejores futbolistas... aunque con Alexis Mac Allister estábamos felices de que fuera al Liverpool.
Pero mi vínculo con el club va mucho más allá. Durante nueve años Skin Records fue sponsor de la camiseta, así que mi corazón está completamente ligado a Brighton.
Todavía sigo muy involucrado. Hace poco toqué en la ceremonia de premios del club y continúo formando parte de muchas actividades.
Siempre vivimos entre altibajos, siempre ocurre algo inesperado, pero justamente eso es lo que me gusta. Nunca sabemos qué va a pasar después.
¿Te gustaría hacer un show masivo en el estadio del Brighton?
Ya lo hice... dos veces (risas).
¡No lo sabía! Perdón.
No pasa nada.
Durante trece años el club no tuvo estadio propio. Éramos prácticamente un equipo sin casa. Jugábamos en otra ciudad y después en una pista de atletismo donde mis hijos hacían los deportes del colegio.
Mientras tanto luchábamos para construir nuestro propio estadio. Participé de marchas, protestas e incluso fui hasta Downing Street para entregar una petición al gobierno.
Y durante todos esos años la gente me decía: "El día que tengamos estadio, vos tenés que tocar en la fiesta inaugural".
Cuando finalmente inauguramos el entonces AMEX Stadium, hace unos doce años, di dos conciertos para celebrar la apertura. Fue un momento muy especial.