Desde el título hasta la tapa, el nuevo disco de Cata Bayá entra por el lado del desconcierto. Los dioses se tienen que vestir arranca, de mínima, como una provocación: una portada futurista, con la cantante plantada en el centro de la escena, sentada de frente en un mono negro que recuerda a Sharon Stone en Basic Instinct (1992), entre la femme fatale y la diva de otro tiempo. El contenido, sin embargo, va por un lado más divertido y contemporáneo. A tono con el que la artista viene afinando su canción pop-rock desde 2022, ahora le suma una veta electrónica que recorre todo el álbum y le cambia la temperatura. En la presentación del disco, revisita su búsqueda, el lugar que ocupa la ironía en sus canciones y su relación con el circuito independiente.

Hablás de un disco "rockero". ¿Qué entendés hoy por rock en tu caso?
En mi caso, siento que es una cuestión de sonido. Es una búsqueda que vengo haciendo hace bastante tiempo y, gracias a la conexión que tuvimos con el productor del disco desde el minuto cero, pudimos lograr canciones dentro del rock moderno que yo imaginaba cuando entré al estudio por primera vez. Aun así, estoy parada en otro lugar de donde venía, y esas letras y mi forma de cantarlas claramente ayudaron y acompañaron esa búsqueda.
El álbum trabaja los vínculos, pero desde un tono irónico. ¿Qué te permite el humor a la hora de hablar de cosas que en el fondo son más oscuras?
La ironía me permitió, en este disco, jugar un poco más con el drama que lo atraviesa. Con frases irónicas que hablan de algo profundo y oscuro, pero desde un lugar más divertido, o al menos un poco menos intenso. Estoy aprendiendo a divertirme más interpretando y cantando, y también a reírme un poco de mí misma, a diferencia de mi primer disco, donde todo era más dramático y sufrido.
Si en tus trabajos anteriores había más lugar para el sufrimiento, ¿este título marca también una forma de dejar de poner al dolor en un pedestal?
Sí. Me cansé de que las letras hablen de los vínculos desde el sufrimiento. Para este disco entendí que soy un ser humano vulnerable, como cualquier otra persona, y que cuando aflojé eso, las personas que tenía en un pedestal se cayeron. Este es un disco para pasarla bien y conectar desde la ironía y el up tempo que atraviesa a la mayoría de las canciones de Los dioses se tienen que vestir.
Decís que este álbum representa la música que te gusta escuchar. ¿Sentís que antes estabas más condicionada por otra cosa (expectativas, contexto, industria)?
Este disco representa bastante claro la música que me gusta escuchar, pero no siento que antes haya estado condicionada. Desde muy chica escucho un poco de todo. Algunas de esas influencias son Charly García, The Beatles, Queen, Avril Lavigne, entre otras. También, en mi caso, siento que lo que escucho y de donde saco información a la hora de componer tiene más que ver con cómo me siento, qué quiero decir y qué quiero transmitir. Durante el proceso de composición y producción del disco estuve escuchando más que nunca rock nacional, me volví muy fanática de St. Vincent y escuché infinitas veces el último disco de Marilina Bertoldi.
¿Qué lugar ocupa el under hoy? ¿Sigue siendo un espacio de búsqueda o ya está medio absorbido por lógicas más industriales?
Hoy creo que quien quiere hacer música de una manera más profesional y vivir de esto se ve un poco obligado, por la industria y por la velocidad con la que pasan las cosas, a hacerlo de una forma más fría y calculadora. A mí es la parte que más me cuesta, y obviamente sigo formando parte del under de hoy. Pero si querés hacerte escuchar y entrar en una lógica más industrial, no queda otra que adaptarse.
¿Qué creés que define a esta camada cuando alguien la mire en unos años?
Creo que todos los que formamos parte del under somos muy valientes y tenemos muchas ganas de crecer y de tocar en escenarios cada vez más grandes. Somos una camada de artistas con hambre, y eso se nota. Lo hablo mucho con mis colegas alrededor.