"Fumemos un cigarrillo para poder conversar". La invitación la hizo Piero en 1969, cuando publicó una canción que, más de medio siglo después, terminaría llegando a los oídos de un músico francés. Lewis OfMan la descubrió en Un Saborcito de Música Latina de Numero, una selección musical curada por Numero Group. No buscaba especialmente al cantautor argentino, pero algo de aquella melodía le llamó la atención y quiso saber de dónde venía. Así comenzó uno de sus tantos encuentros fortuitos con la música de nuestro país.
La historia adquiere otro significado ahora. Piero murió el pasado 7 de octubre, a los 81 años, y su obra sigue encontrando oyentes lejos de la Argentina. Para Lewis, aquel descubrimiento abrió una puerta que lo condujo a Pescado Rabioso, la banda de Luis Alberto Spinetta, y, más recientemente, a María Wolff, una artista contemporánea con la que incluso comenzó a conversar sobre la posibilidad de trabajar juntos. Tres nombres de distintas generaciones que llegaron a su vida por pura curiosidad musical.
El próximo 5 de noviembre, OfMan se presentará en Niceto Club con 50KWTTS, su tercer álbum de estudio, publicado en abril de 2026. El productor, cantante y multiinstrumentista francés desembarcará en Buenos Aires con un trabajo que nació de la necesidad de romper con la precisión de sus entregas anteriores. En conversación con Billboard Argentina, habla de esa búsqueda, del inesperado éxito de un tema que publicó hace cinco años y de las pequeñas aventuras que supone viajar por el mundo haciendo canciones.


Todo bajo control, hasta ahora
Antes de 50KWTTS había publicado Cristal Medium Blue (2024), un álbum en el que cada elemento respondía a una búsqueda precisa. Durante la gira, esa misma rigurosidad se trasladó al escenario. Lewis recuerda que todo estaba calculado: las notas, los efectos, los acordes y hasta la manera de tocar con su banda. Cuando terminó aquella etapa y recuperó algo de tiempo libre, sintió que necesitaba sacudirse esas estructuras.
"Sentí que quería destruir todo el castillo y probar un estilo nuevo", cuenta. El resultado fue un disco atravesado por guitarras eléctricas, distorsiones y sonidos que parecen estar a punto de romperse. Lejos de renegar de sus trabajos anteriores, el francés encontró en esa libertad una forma de recuperar el entusiasmo por experimentar. Una inquietud que, según explica, lo acompaña desde sus primeras producciones.
Claro que cambiar también implica aceptar que no todos los oyentes van a seguirlo. Algunos prefieren sus temas iniciales, otros se encariñan con una etapa determinada y esperan que cada lanzamiento conserve aquello que les gustó. OfMan lo sabe y se lo toma con humor. Bromea con que, a medida que avance su carrera, quizás cada vez haya menos gente que disfrute de sus nuevas composiciones. Hasta que algún día, exagera, podría no gustarle su música a nadie.
Enseguida aclara que no cree que eso vaya a suceder. Pero detrás del chiste aparece una contradicción conocida por cualquiera que haya intentado sostener una carrera artística: mientras el músico busca nuevas posibilidades, una parte de su público sigue esperando que vuelva a hacer lo mismo de siempre.
Algo de esa tensión apareció con "Siesta Freestyle". Publicada originalmente en 2021, la canción encontró una segunda vida cuatro años después, cuando comenzó a circular masivamente en las redes sociales. Lewis la recuerda como una pieza dulce, ligera, casi como un caramelo. Una melodía amable, de esas que entran sin demasiadas explicaciones y se quedan dando vueltas en la cabeza. Lo que nunca imaginó fue el lugar que terminaría ocupando.
Cuenta que no había advertido su conexión con una estética asociada al universo femenino. El tema apareció en una playlist llamada Música para Girls y empezó a musicalizar videos de mujeres maquillándose. De repente, aquella producción de cinco años atrás sonaba mientras desconocidas se preparaban frente al espejo. Cuando descubrió el fenómeno, se divirtió viendo cómo algo que había compuesto sin grandes expectativas encontraba una audiencia completamente inesperada.
Sin embargo, semejante repercusión también trajo nuevas exigencias. Muchos llegaron a su obra esperando encontrar otras canciones como "Siesta Freestyle", aunque él ya estaba explorando territorios diferentes. Cuando la conversación recupera una declaración anterior en la que había definido el éxito como una trampa, primero parece sorprendido. "¿Yo dije eso? ¿El éxito es una trampa?", pregunta.
Después encuentra una explicación en su propia experiencia. La popularidad puede llevar a un artista a preguntarse si debería repetir aquello que funcionó, incluso cuando ya no tiene demasiado interés en hacerlo. La expectativa ajena empieza a intervenir en las decisiones creativas y lo que alguna vez surgió de manera espontánea corre el riesgo de convertirse en una fórmula. "Creo que hay que ignorar el éxito si querés seguir haciendo música que te interese y te apasione", reflexiona.
Eso no significa desentenderse de quienes lo escuchan ni componer únicamente para sí mismo, sino preservar cierta libertad para cambiar de dirección. De hecho, recuerda que ni siquiera habían planeado demasiado el videoclip de aquel tema. Lo hicieron porque tenían tiempo disponible. Años más tarde, esa producción terminaría convirtiéndose en la puerta de entrada a su universo para miles de nuevos oyentes. Una canción, al parecer, puede seguir creciendo incluso cuando su autor ya está pensando en otra cosa.
El valor del error
Lewis tiene una relación particular con las imperfecciones. En una época en la que las herramientas digitales permiten corregir prácticamente cualquier detalle de una grabación, encuentra algo atractivo en aquello que no sale exactamente como estaba previsto. Hay cierta espontaneidad en los accidentes y una personalidad difícil de reproducir cuando todo está demasiado calculado. Ante la pregunta de si alguna vez arruinó una canción por intentar mejorarla, responde sin dudar. "Sí, muchísimas veces".
Pone un ejemplo sencillo: grabás una guitarra o una batería, escuchás la toma y te gusta. Después empezás a pensar que podría sonar mejor. Repetís el registro, ajustás detalles, corregís pequeñas irregularidades. Y cuando terminás, descubrís que aquella primera versión tenía algo que desapareció durante el proceso. "Terminás perdiendo el alma", explica.


Para OfMan, se trata de un error habitual entre músicos y productores: obsesionarse con alcanzar un sonido supuestamente perfecto, aunque eso implique sacrificar lo que hacía especial a la interpretación original. Por eso prefiere conservar ciertos accidentes. Una línea de bajo, un sintetizador o un arreglo instrumental pueden mantener pequeñas asperezas que terminan por darles identidad. Incluso cuando graba un solo, a veces intenta dejarlo deliberadamente un poco desprolijo. Le resulta divertido.
Esa misma libertad aparece cuando habla del baile. Aunque reconoce que últimamente no está dedicándole demasiado tiempo -"debería bailar más", admite-, describe esos momentos como una forma de abandonar el control. A veces cierra los ojos e imagina espacios o imágenes casi cósmicas mientras escucha música. Otras simplemente mira al DJ, se ríe con sus amigos y disfruta de estar ahí. Le gusta especialmente cuando el movimiento deja de ser una decisión consciente y el cuerpo empieza a seguir el ritmo casi por su cuenta.
Una disquería en Nueva York
Entre las canciones de su repertorio hay una por la que siente un cariño especial: "Frisco Blues". Su historia comenzó en una disquería de Nueva York, donde Lewis encontró una compilación de Ultimate Breaks y escuchó "Frisco Disco", de Eastside Connection, un grupo de los años setenta. Lo que más le interesó fueron unas voces que repetían una melodía. Apenas las oyó, supo que quería hacer algo con ellas.
Tomó aquel fragmento y comenzó a experimentar. Mientras estaba en el campo, modificó la altura de los registros vocales hasta conseguir un timbre más agudo, casi como el de un coro infantil. Hacía tiempo que quería componer algo con esa sensación, aunque todavía no tenía demasiado claro cómo resolverlo. Después aparecieron los acordes y la pieza empezó a tomar forma.
OfMan recuerda el proceso con especial orgullo. No solamente por el resultado, sino por esa experiencia de encontrar una grabación ajena capaz de disparar una idea completamente nueva. "Frisco Blues" sigue siendo una de las composiciones que más valora de su catálogo. Incluso asegura que es de las primeras que mostraría a las personas cuya opinión realmente le importa.
La historia tuvo, además, un pequeño regalo inesperado. Consiguieron la autorización para utilizar el sample original y recibieron una fotografía de Eastside Connection tomada después de que la banda registrara aquel tema en los setenta. Dos generaciones de músicos conectadas por unos segundos de sonido encontrados décadas más tarde, entre las bateas de una disquería.

Los sonidos argentinos
Esa curiosidad por las grabaciones de otras épocas también explica cómo llegó a Piero. Lewis cuenta que descubrió "Fumemos un cigarrillo" en una selección de música latinoamericana de Numero Group y quedó fascinado. Quiso averiguar de dónde venía aquella voz y terminó acercándose a una figura fundamental de la canción popular argentina. Más adelante, alguien le mostró Pescado Rabioso. Reconoce que conocía poco sobre ese universo y que enseguida comprendió la importancia de Spinetta en la historia del rock nacional.
Pero su interés por nuestra escena no se limita al pasado ni a sus nombres más consagrados. Un amigo también le acercó la obra de María Wolff, una de las artistas de la nueva generación del pop local, con quien ya estuvo en contacto. "Me encanta su música. Estuvimos hablando un poco y quizás nos gustaría hacer música juntos", revela.
Todavía no hay ninguna colaboración confirmada. Por ahora, es apenas una posibilidad surgida de otro descubrimiento, algo que parece repetirse en su manera de trabajar: escuchar una canción, encontrar un detalle que le interesa e imaginar qué podría hacer a partir de ese estímulo. El mismo impulso que lo llevó a recuperar un fragmento de funk setentista en Nueva York ahora lo acerca a músicos argentinos de distintas generaciones.
El sintetizador perdido
No todas las aventuras musicales de Lewis comienzan con una canción. Algunas, directamente, arrancan con un instrumento que desaparece. Después de una gira por México, uno de sus sintetizadores nunca llegó a destino. Pasó bastante tiempo sin noticias hasta que, apenas unos días antes de esta conversación, recibió un correo electrónico inesperado: un amigo había encontrado el equipo a la venta en una subasta de la aduana del aeropuerto de París.
OfMan entró a la página web y ahí estaba, expuesto entre los objetos disponibles para comprar por internet. "¿Qué?", recuerda que pensó cuando lo vio. Finalmente, consiguió comunicarse con los responsables de la venta y, según cuenta, estaba todo encaminado para recuperarlo. Tampoco era la primera vez que un inconveniente técnico alteraba sus planes.
Durante otra visita a México, uno de sus instrumentos se había averiado y necesitaba repararlo antes de un concierto. Terminó encontrando a un técnico mexicano-japonés que logró solucionar el problema apenas un día antes de la presentación. Con los años, aprendió que viajar con equipos tan delicados implica aceptar cierta dosis de incertidumbre.
No busca esos contratiempos ni considera indispensable atravesarlos, pero tampoco parecen quitarle las ganas de salir de gira. Al fin y al cabo, son situaciones que lo obligan a conocer personas, resolver problemas insólitos y acumular historias que difícilmente habría vivido de otra manera.
La próxima parada será Buenos Aires. OfMan llegará con 50KWTTS, el álbum que hizo cuando sintió la necesidad de romper con el perfeccionismo de su trabajo anterior. Y aunque ahora disfruta de ese sonido más crudo y distorsionado, su cabeza ya está en otro lado. "Para ser sincero, ahora quiero hacer algo distinto", admite.
Quizás ahí esté una de las claves de su manera de entender la música. Lewis no parece demasiado interesado en quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, ni siquiera cuando una fórmula funciona. Prefiere seguir buscando, equivocarse, escuchar otras cosas y empezar de nuevo. Algo que explica tanto sus cambios de rumbo como esa curiosidad que lo lleva de una disquería neoyorquina a una vieja grabación argentina.
Mientras tanto, sus canciones continúan haciendo su propio recorrido. "Siesta Freestyle" encontró nuevos oyentes años después de su lanzamiento. "Frisco Blues" nació de un registro setentista que descubrió casi por casualidad. Y una composición de Piero, publicada en 1969, terminó despertando su interés más de medio siglo después.
"Fumemos un cigarrillo", proponía el cantautor argentino. Una invitación para poder conversar. Lewis OfMan la encontró muchos años más tarde, sin imaginar que terminaría hablando de ella en la previa de su llegada a Buenos Aires. El francés sigue buscando sonidos nuevos. Las canciones, mientras tanto, encuentran sus propias maneras de seguir circulando.