Era febrero de 2001 y Argentina estaba en plena crisis. Alguien propuso lo que parecía imposible: llevar el rock a la Plaza Próspero Molina, "la plaza del folklore", ubicada en Cosquín, provincia de Córdoba. Así nació Cosquín Rock.
De la primera conferencia de prensa participaron muy pocos medios. Durante la celebración del evento, arriba del escenario estaban las bandas que estaban cambiando el rock argentino. Mientras tanto, abajo se reunían miles de chicos que llegaban de todo el país con una mochila.
Rápidamente, la plaza quedó chica y, en consecuencia, el festival decidió mudarse. Buscó su lugar y lo encontró en el Aeródromo de Santa María de Punilla, a pocos kilómetros de donde nació. Y en 2021, cuando no se podía estar juntos, se hizo igual: en formato digital.
Hoy, Cosquín Rock suma 26 ediciones, más de 110.000 personas en las últimas ediciones, seis escenarios y más de 100 artistas por edición. Ningún otro festival del país sostuvo su lugar durante tanto tiempo, y no es casualidad. Es la montaña, es la experiencia que el público elige por encima de cualquier artista. Es un país entero que viaja para ser parte, generaciones que se encuentran frente al mismo escenario, bandas que empiezan ahí y otras que siempre vuelven.
Pero para que eso ocurra, primero hay que construir todo. En el predio no hay nada: ni luz, ni agua, ni baños, ni internet. Todo lo que necesita una ciudad se arma desde cero para recibir a 60 mil personas por día y a 12 mil trabajadores. "Construimos una ciudad desde cero. Contratamos a todos los proveedores de servicios de Córdoba, a todos, y a muchos de Buenos Aires y de Rosario, para poder armar los seis escenarios que funcionan simultáneamente", explicó José Palazzo, organizador del festival.
Los números del montaje dan una idea de la escala de su producción. Se descargan 119 camiones en el predio y se utilizan 242.000 litros de agua, 28.540 litros de combustible y 1.700 baños químicos. A esto se suman, 10.000 metros de preensamblado eléctrico y 50 grupos electrógenos. En materia de salud, el operativo cuenta con 8 ambulancias, un hospital móvil y 20 puestos sanitarios de Cruz Roja, además de 800 efectivos de seguridad. Son seis semanas de trabajo en el campo, con 12 mil personas que se van incorporando desde dos meses antes y llegan a su pico durante los días del festival.
El impacto se siente en toda la región: el festival deja $51.399 millones de derrame económico. Según los datos de la organización, el 85% de los asistentes viaja solo por Cosquín Rock, el 65,7% se aloja en la zona, el 52,1% llega de otras provincias y el 44,8% asiste por primera vez. Quienes ya son habitués volvieron, en promedio, 4,46 veces.
El cuidado del ambiente también es parte del desafío, porque cuando todo termina, el campo tiene que volver a ser campo. En la última edición se logró recuperar el 40% de los residuos, con 70 ecopuntos, 470 m³ de reciclables y 1.000 litros de aceite que se convirtieron en biodiésel. Estos datos fueron sacados tras la verificación de la huella de carbono del evento realizada por IRAM conforme a la norma IRAM-ISO 14067:2019 y a la Regla de Categoría de Producto para eventos de INTECO (INTE/RCP 10:2021).
Año a año, miles de personas confían su alegría a Cosquín Rock. Por esto, detrás de cada edición hay una industria entera para hacerlo posible.