"Odio el éxtasis, odio la coca, odio a los modernos, odio al DJ". Así empieza Zafarrancho, el tercer álbum de RYAN, tomando prestada una línea de "Everybody in the Discotheque (I Hate)" de Stereo Total. "Es como leerle un manifiesto a quien lo está escuchando", resume Dante Citara (vocalista). El cantante pone el dedo en la llaga al señalar lo que le resulta vivo y lo que directamente no soporta de la escena que lo rodea. Aunque muchos ven una postura contracultural en él, no se sube a ese tren. Le parece "hipócrita" pararse en la vereda opuesta mientras una discográfica respalda el proyecto y existe la posibilidad de seguir sacando discos. Franco, kamikaze y poco amigo de la corrección, siempre encuentra una frase que sacude la mesa.
En términos de definiciones, nadie mejor que él para encontrar las que más le calzan a un repertorio reacio a las clasificaciones: del rock alternativo al country cósmico, con la psicodelia de "Bendiciones", el frenesí punk de "Bombo y Tacho" y una balada cincuentera como "Perdería". "Es un cocoliche de géneros, pero sigue siendo un disco de rock alternativo", dice en charla con Billboard Argentina, después de presentar sus nuevos temas en formato acústico en las oficinas. En el medio, también se permitieron una versión de "Voy a bailar a la nave del olvido" de La Renga, incluida en Esquivando charcos (1991). "Los vi por primera vez el año pasado en Huracán y no tocaron este tema, así que les hacemos el honor", agrega.
Corridos del ritmo porteño, la banda se instaló durante un mes en una casa de Cañuelas junto a un grupo de 15 amigos para construir el trabajo de punta a punta. La tapa -una pintura de Ezequiel Galicia-, las fotos y los videos también nacieron en esa convivencia artística. Antes de salir a defenderlo en vivo por el país, Dante Citara (voz) y Sebastián Tortu Venezia (guitarra) repasan el proceso de un trabajo hecho a mano. Catalina Banega (bajo), Valentín Moura (guitarra) y Agustín De Cousandier (batería) completan el quinteto.
Zafarrancho tiene varios significados, entre ellos, el caos. ¿Cómo se relacionan ustedes con esa palabra?
Dante: Somos caóticos y barrocos. Tenemos un ritmo y un estilo de vida caótico. Tener una banda es caótico y para nosotros hacer música lo es todo. Sacrificamos un montón de cosas de la rutina diaria que tiene una persona más acomodada. Eso genera que tengamos horarios de trabajo caóticos y que relacionarnos con distintas cosas, más que nada con familiares o amigos, también sea caótico. No es buscado, sino simplemente lo que es. Lo que elegimos por lo que hacemos.
¿La vida del rockstar, se podría decir?
Dante: Al revés. No quería que suene así. Pero no podríamos ir a una oficina de lunes a viernes, de 8 a 6 de la tarde, porque tenemos que ir a tocar a Chapadmalal, a Rosario, a Rafaela o a Córdoba.
El disco arranca con frases de odio hacia el ambiente nocturno. ¿Le están hablando a una escena en particular?
Dante: Nos pareció fuerte, con unas líneas muy direccionales, muy al hueso. Algo que también se puede interpretar de una manera sarcástica. Después viajamos a la casa y la empezamos a armar. La verdad es que lo dejo a libre interpretación: no somos unos odiadores. Pero nos parecía interesante arrancar con algo tan directo y concreto, que al mismo tiempo se puede interpretar de muchas maneras. Algo como: "Odio el éxtasis, odio la coca, odio los modernos". Nosotros también, siendo tan jóvenes y siendo una banda nueva, sentíamos que había un contraste interesante.

¿Cómo hicieron para encontrar un hilo conductor entre tantos géneros?
Dante: Creo que no quisimos abrazarnos a la idea de: "Vamos a hacer un disco latino con sonidos súper tropicales". Tampoco dijimos: "Vamos a hacer un disco de punk". Fuimos experimentando de a poco y dándonos el gusto de laburar con trompetas, vientos y percusión. Fue como preguntarnos: "¿Qué puede hacer RYAN con estas cosas que nos gustan?". No limitarnos, pero tampoco forzarlo a que sea algo completamente distinto. No fue como un nuevo branding de la banda, ni cambiar drásticamente el sonido, sino probar desde lo que ya somos. Quedó este cocoliche de géneros que, igual, creo que se puede resumir en rock alternativo. Siento que una banda de punk, o una banda que hace rock con gospel, escucha el disco de RYAN y dice: "Sigue siendo un disco de rock alternativo". Tiene tintes, coquetea con distintas cosas.
Para hacer Zafarrancho se aislaron un mes en una casa de campo. ¿Qué estaban buscando lejos de la ciudad?
Tortu: En agosto del año pasado fuimos a Cañuelas. Teníamos ganas de ir a tocar todos juntos a una casa, a un living, a un lugar donde estemos nada más que nosotros y el equipo con el que queríamos trabajar.
Dante: Buscando en Internet conseguimos una casa, la alquilamos y conectamos con el lugar. Primero nos fuimos cinco días y compusimos un montón de cosas. Hubo muy buena conexión y empezamos a coquetear con la idea de grabarlo ahí. No fue solamente por el cambio o la desconexión, sino también por hacer un disco y terminarlo ahí. Éramos quince personas entre un par de amigos que vinieron, nosotros y la gente que nos iba a ayudar. Quisimos rematar esas cosas burocráticas que tiene un disco, que también son artísticas: la tapa, los videos, las fotos.
¿Fue una manera de escapar de las reglas de producción actuales?
Dante: Sí, pero también somos conscientes de que no sé si lo podría llamar contracultura. Tenemos una discográfica que nos banca. La verdad es que darnos ese espacio es un lujo en la actualidad. En Latinoamérica, especialmente en la Argentina, irte un mes a una casa a hacer música es algo que no cualquiera puede hacer. Hoy, la mayoría de los pibes y las pibas tienen que hacer discos en la casa o con lo que tengan a mano.