En 1972, mientras promocionaba Exile on Main St., un Mick Jagger de 28 años decía que a los 33 pensaba retirarse. "No quiero ser una estrella de rock para toda la vida", aseguraba, perturbado ante la posibilidad de terminar como Elvis Presley en Las Vegas, "cantando para amas de casa y señoras con carteras". Para ese entonces, con los Rolling Stones ya se había despachado con Aftermath (1966), Let It Bleed (1969) y Sticky Fingers (1971). El éxito estaba sobrado de copas y el blues empezaba a pasar la cuenta. Será porque nunca supieron quedarse satisfechos, pero lo cierto es que el flaco seductor de Dartford está a nada de cumplir 83 y sigue esquivando la despedida. Tanto es así que, medio siglo después de la amenaza, las Majestades Satánicas vuelven con Foreign Tongues: un disco hecho para darse el gusto y saciarnos de rock and roll.
Jagger podrá venderlo como una prolongación de Hackney Diamonds (2023), aquel regreso al material original tras dos décadas; sin embargo, Foreign Tongues suena más compacto, conmemorativo y stoneano. Keith Richards y Ronnie Wood recuperan el frente con ese juego de guitarras entrecortadas y complementarias; mientras que Mick muta de registro de acuerdo con lo que pide cada canción. El trío se apoya en un equipo que ya es de la casa: Darryl Jones conduce el bajo y Steve Jordan la batería, en un lugar donde el ritmo de Charlie Watts sigue siendo la vara. En la producción vuelve Andrew Watt, el mismo que estuvo detrás de su disco anterior y del reciente The Boys of Dungeon Lane de Paul McCartney. Los nombres de Sir Paul, Robert Smith y Bruno Mars sobresalen como invitados de lujo, así como las manos de Watts en "Hit Me in the Head" aportan el mayor calor interno.

El silencio se rompe con "Rough and Twisted", primera de un tracklist de 14 temas. Cruda, blusera y con una descarga de mugre y swing, suena exactamente como promete el título. Jagger pide un baile a lo Vaslav Nijinsky y pone esos pasos rusos sobre un rock clásico y rasposo, de ese que todavía le sale del cuerpo. Antes de mostrar la lengua oficial, el single circuló bajo el seudónimo The Cockroaches, un alias que habían utilizado en los setenta para recitales sorpresa.
En el segundo corte, "In The Stars", vuelven a preguntar si queda cuerpo para seguir bailando "hasta que se caiga el techo y las guitarras griten". Es popera y expansiva con madera de futuro clásico de lista de temas, si es que efectivamente vuelven a salir a la ruta. Hacia el final, los coros femeninos levantan el tema y lo llevan al gospel. Por ahora, ambos tracks son los únicos disponibles digitalmente; los restantes llegarán a las plataformas y disquerías el próximo 10 de julio, fecha en que la historia británica recuerda el inicio de la Batalla de Inglaterra en 1940. En un LP permeado por apocalipsis, fin de época, críticas a Estados Unidos y élites en fuga, la coincidencia no deja de tener su gracia. Casualidad o no, merece quedar anotada.
Si el disco abre con el rock en primer plano, enseguida se corre hacia un abanico más amplio, aunque siempre con la marca de agua Stone: armónica callejera, soul y funk. Basta pensar en "Jealous Lover", uno de los momentos más logrados del álbum, donde Mick vuelve al falsete con deudas hacia "Fool to Cry", "Emotional Rescue" y "Miss You", acompañado de Steve Winwood en los teclados.
"Mr. Charm" merodea la misma pandilla de la alta sociedad que los Rolling ya miraban con sorna en "Some Girls": tipos con plata y encanto barato. Jagger se divierte con la sátira y le pega directo a Elon Musk cuando lo llama "mad mogul", algo así como un magnate de la demencia. "Divine Intervention", en cambio, va por un lado más rockero, similar a clásicos como "Shattered". La guitarra de Robert Smith le mete una sombra post-punk al asunto, siendo esta la primera marca de sus dos intervenciones en el trabajo. La segunda llega en "Never Wanna Lose You", luego del volantazo político de "Ringing Hollow" (con reproches a EE.UU.). El líder de The Cure se hace cargo de los sintetizadores, el mismísimo Wood toma el mando del bajo funkero y como yapa aparece Bruno Mars con un cowbell fantasma.
Mientras medio mundo hablaba de su aparición en You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love, el nuevo disco de Olivia Rodrigo, se conoció la historia de cómo Smith terminó colándose en Foreign Tongues. Jagger lo contó durante una conferencia de prensa con Conan O'Brien en Nueva York. Estaba grabando voces en los estudios Metropolis de Londres cuando vio a un hombre de espaldas, envuelto en una bata larga. Cuando se dio vuelta, estaba cubierto de lápiz labial. "Nunca nos vimos antes, vos sos Robert Smith de The Cure", le dijo Mick. Smith confirmó que efectivamente jamás habían coincidido. La solución fue rápida: "Bueno, ya que estás acá, mejor grabá algo".
Las sorpresas también llegan desde el pasado. "Hit Me in the Head" recupera una toma directa grabada durante unas sesiones de ensayo en Los Ángeles y devuelve al disco una de las últimas apariciones de Watts. El resultado es un punk rock adrenalínico sobre el costado más tóxico del amor. Sin embargo, la jugada más insolente cae cuando ensucian "You Know I'm No Good" de corazón rollinga. A casi dos décadas de cantar junto a Amy Winehouse en el Festival de la Isla de Wight, Jagger roba la canción de Back to Black (2007), la sube de tono y le cambia la piel con su armónica.
En el tramo de despedida, "Some of Us" baja al frontman del centro y le entrega el mando a Richards. Una balada de aire country-western, con origen en unas sesiones de 1985, que deja el álbum servido para el cierre. Aún quedan pequeños derroches repartidos en el camino: McCartney paseando su bajo por "Covered in You" y la densidad psicodélica de "Side Effects", que abre paso a "Back in Your Life", la pieza más larga y expansiva de la producción. Termina donde empezó todo: Chuck Berry. Si entraron al mundo en 1963 con "Come On", ahora cierran Foreign Tongues con "Beautiful Delilah", otra obra de arte del Padre del Rock and Roll y viejo número de sus presentaciones más primitivas y desprolijas.
El 12 de julio, apenas dos días después del lanzamiento, los Rolling Stones cumplirán 64 años como banda. Tienen más pasado que medio rock junto, pero no se vencen ante el correr del tiempo. Viejos son los trapos, diría cualquier tía con razón. Muchos ya se apuran a leer Foreign Tongues como el último disco, ahora bien, jugar con el final siempre es una apuesta tramposa. Lo concreto es que, si llegara a serlo, el álbum está a la altura de una discografía que no necesitaba otra prueba de vigencia pero igual la consiguió. Luego de dejar algunas piezas sueltas con Hackney Diamonds, con este nuevo disco acomodan el tablero y vuelve a recordar por qué siguen ocupando un lugar central en la historia de la música popular. Canciones para sostenerlo hay de sobra.