"Tiene un amor de ultramar, brilla en la oscuridad". Todavía no estaba en el mundo, pero ya tenía una canción esperándola. La frase pertenece a "Lisa", el segundo track de Amor Amarillo (1993), el debut solista de Gustavo Cerati. Como pasa con los nombres familiares, el suyo también trae sus teorías. La versión romántica cuenta que su papá se enamoró del apelativo por unos peces de un lago chileno. La más reciente, dice que su hermano Benito, fanático total de Los Simpson, habría tenido la última palabra. Lo cierto es que la acompaña desde siempre y ahora toma otro significado: Lisa María, su disco de estudio.
Alcanzan unos minutos de charla con Lisa para darse cuenta de que su cabeza musical viene con una suerte de plus. Sobre todo cuando se refiere a su infancia. Los ojos se le prenden al mencionar a Michael Jackson, pero al toque se declara fanática de Garbage. El primer álbum que tuvo entre manos fue un compilado de Queen y uno de sus temas de cabecera es "Pasajera en trance" de Charly García y Pedro Aznar. En plena enumeración, comparte al pasar que llegó a ser "familia" del hombre del bigote bicolor porque estuvo en pareja con el hermano de su novia. En su mundo, sentarse con un ídolo no rompe con la normalidad. El jazz fue la puerta de entrada; después vinieron el funk y el groove. En plena edad de descubrimientos, el pop hizo lo suyo con Madonna, Spice Girls y demás divas. Ahora atraviesa una etapa "muy Soda": si abre el celular, dice, posiblemente lo último que aparezca sea Soda Stereo (1984).
"No tengo un recuerdo que no sea con música", afirma en diálogo con Billboard Argentina. "Yendo a un show, a una exposición de arte, al cine. Más que como un complemento a la vida, era una forma de vivir", añade. Gustavo y su mamá, la exmodelo Cecilia Amenábar, fueron sus primeros canales hacia ese mundo, en la casa siempre había un disco de fondo, alguien ensayando o una película. El vínculo artístico apareció temprano y con disciplina. A los 12 años grabó junto a Benito un álbum de covers de Michael, con participaciones de su papá en algunas versiones. El material sigue inédito, aunque asegura que "el que busca, encuentra". "Hay un par de links dando vueltas", suelta.
Su destino, en teoría, estaba cantado: alguna forma de arte la iba a encontrar. Hija de ese ida y vuelta entre Santiago de Chile y Buenos Aires, estudió cine en la Fundación Universidad del Cine (FUC) y después fue abriéndose paso por distintas áreas creativas. A partir de la pantalla grande, empezó a escribir. Lo que parecía un hábito personal comenzó a ocupar más lugar del previsto, tanto que llegó a los 30 con un compilado de canciones que terminaron convertidas en su primer proyecto.
Para llegar a Lisa Maria se tomó casi diez años. Hay composiciones que arrastra desde hace una década y otras que escribió hace apenas dos meses, un archivo armado a distintas temperaturas. Ella dice que tardó por insegura y autoexigente. Lo primero no se nota demasiado: frente a cámara sabe ocupar lugar, jugar con el gesto, correrse de la pose tímida. No por nada más de una vez la compararon con Lady Gaga, por cierto aire físico como por esa excentricidad que aparece cuando se acerca a un micrófono. El video de "Demente", uno de los centros del álbum, basta como prueba. Lo segundo, en cambio, queda a la vista. Cada decisión parece medida, pensada y vuelta a mirar.
A pesar de que ya tiene otro disco en marcha, Lisa dice que por ahora quiere quedarse un rato en este. Mientras arma una fecha para presentarlo en vivo (todavía sin lugar ni día cerrado), habla sobre las imágenes que disparan su escritura, su familia y lo que empieza a asomarse después del debut.

Me llama la atención que te presentaste como "Lisa María". ¿Era una manera de correrte del apellido Cerati?
No, artísticamente me gusta Lisa María. Siempre fui eso. Cuando me llaman, soy Lisa. Lisa María. fue más allá del apellido de mi papa, me gusta esa combinación. Pero a veces soy Lisa Cerati, hay momentos en que está ahí, obviamente. Pero en cuanto a mi proyección artística, simplemente me gusta Lisa María.
Me llama la atención que te presentaste como "Lisa María". ¿Era una manera de correrte del apellido Cerati?
No, artísticamente me gusta Lisa María. Siempre fui eso. Cuando me llaman, soy Lisa. Lisa María. fue más allá del apellido de mi papa, me gusta esa combinación. Pero a veces soy Lisa Cerati, hay momentos en que está ahí, obviamente. Pero en cuanto a mi proyección artística, simplemente me gusta Lisa María.
¿Por qué sentiste que era el momento de lanzar Lisa María?
Porque este disco lo siento muy personal, muy mi mundo y mi persona. Tardé mucho en descubrir eso: qué es lo que quiero decir, cuál es mi autenticidad, qué universo quiero crear. Hay canciones que tienen muchos años, otras que son de hace literalmente dos meses. Y hoy sentí que llegué a una Lisa que abraza todo. Entonces, para mí, es más un punto de llegada a un compilado personal. Con lo visual y con todo lo que pasó, lo que se sumó con otra gente y un equipo, terminó de darle forma a algo con lo que estoy contenta.
¿Qué descubriste al volver a esas canciones que habías escrito hace diez años?
Hay canciones que capaz algunas personas recién las escucharon por primera vez, y yo ya voy por la escucha número 500. Ahí tenés que parar o darles un descanso. Muchas ya estaban listas y no las volví a escuchar por mucho tiempo. Recién ahora, hace poco, cuando estaba por salir, escuché una por una. La verdad es que les tengo mucho aprecio, porque me remontan a un momento mío. Puede ser más difícil o menos, pero ahora, desde este lugar del amor y el aprecio, las escucho desde otro lugar. No desde el lugar técnico, porque hay cosas que hoy sé que estoy en otro momento, pero les tengo cariño. Me gustan. A veces entro en el mundo y digo: "No está tan mal, me gusta esto". Y va bien. Pero entiendo que hay algo medio del pasado.
¿Cómo te llevás con la vulnerabilidad que implica el arte?
Para mí, la vulnerabilidad es una fortaleza enorme. Admiro eso en los artistas: cómo sacan su corazón, su todo, hacia afuera. En lo personal, lo vulnerable apareció en las letras. Aunque hay realidad y fantasía mezcladas, nunca es tal cual una experiencia mía. Pero me pasó que las letras me costaron mucho por eso, porque era lo que más exponía, lo que más sacaba afuera. De hecho, al principio los temas eran todos en inglés. Entonces dije: "No, lo voy a hacer en el idioma que hablo". Era el desafío de exponerme más todavía, de hablar más de eso. En las letras siempre encuentro esa vulnerabilidad. Tampoco es lo que más me gusta del proceso. Después, en lo musical, me siento muy protegida. Entonces fue una combinación de las dos cosas.
Escuchando el disco se me vino a la cabeza Almodóvar. Hay mucho poder femenino.
Sí, a mí también me pasó eso. Mientras hacía el disco me imaginaba escenarios muy visuales, texturas. El rojo siempre estuvo ahí. Me pasa que, cuando agarro y veo lo que sale, aparece algo delicado, medio elegante y sofisticado, que me gusta mucho. Siento que la energía femenina abraza muy bien todo eso. Me siento cómoda en ese lugar. Entonces fue como llevarlo al cien por ciento. También está lo surreal: Almodóvar, Kubrick, David Lynch. Tienen algo elegante, pero también muy soñador. Y eso habla de inspiraciones que no eran solamente musicales: ver una escena, una imagen, algo, y desde ahí quizás pensar una canción.
"Estoy mostrando mi arte y eso abre un lugar muy vulnerable"
¿Te pesa la exposición pública?
Me cuesta a nivel personal. Me cuesta cuando estoy en el celular y veo el nivel de bullying, el nivel de odio. Muy de sobra, muy deshumanizante. También siento que estoy en un momento donde no me tomo nada personal. Estoy mostrando mi arte, y eso abre un lugar muy vulnerable, donde te pueden pegar en un lugar que duele. Pero lo tengo trabajado. Es como: "Bueno, lo que sea. Si no te gusta, está todo bien. Y si me querés recomendar que trabaje en algo, lo abrazo". Pero el odio es otra cosa. Y lo hay. A nivel humano me cuesta verlo, entenderlo. Es como: "Wow, en la que estamos". Es tremendo. En ese lugar me angustia un montón. La exposición viene con eso.
¿De dónde creés que surge ese odio hacia vos? ¿Por ser "hija de"?
Sí. Tenía Twitter y me fui de ahí. Te juro que no pude. Pero ni siquiera tanto porque me atacaran a mí, sino porque veía el descargo y era como: "Che, suficiente tengo yo conmigo misma. No me puedo sumar más".
Siento que ser "hija de" ya viene con un lugar que, como todo, tiene lo bueno y lo malo. Como cualquier lugar en el mundo, tiene lo suyo. Cada una con su historia, sus luchas. Pero sí, a mí me pasó que me quería probar a mí misma. Y a veces es difícil, porque hay una vara muy alta. Parece el punto de partida para comparar. Y es como: cada uno piensa en sus padres de una manera. Somos muy distintos. Podemos tener similitudes -ojalá muchas-, pero hay una presión ahí: hasta qué punto quiero cumplir expectativas o ser yo. Y bueno, el que me sigue, me sigue con mi autenticidad.
Además, son carreras incomparables.
Son vidas distintas. Mi papá, para mí, es un caso muy atípico. Los cuento con los dedos de una mano: las personas o artistas que siento que bajaron con otra data espiritual. Esa cosa de poder mover masas con mucho amor. Más allá de lo genio musical, tenía eso. Entonces para mí no hay comparación posible. Somos casos muy aparte.
Dentro del archivo íntimo de Cerati
El año también traerá otro movimiento alrededor del apellido Cerati: Netflix anunció un documental sobre la vida de Gustavo, con acceso a material de archivo y videos inéditos. La producción tendrá dirección de Picky Talarico (también al frente de Rompan todo: La historia del rock en América Latina) y Andy Fogwill. Lisa participa del proyecto, aunque mira el género biográfico con cierta desconfianza. Dice que la biopic de Michael Jackson le encantó, pero que la de Freddie Mercury le hizo ruido por el peso de la ficción. Todavía no hay fecha de estreno confirmada, pero se estima que podría estar lista el año que viene.
En este trabajo, ¿descubriste algo de él que no sabías?
Sí, un montón de cosas. En videos, en él como padre. Yo tenía dos años y obviamente no me acuerdo, entonces lo veo y digo: "Guau, cuánto amor". Le veo los ojos y es muy hermoso poder tener eso, poder volver a eso, después de que también pasaron cosas muy difíciles. También verlo en el estudio, algunas grabaciones, o amigos que me cuentan qué artistas le gustaban o le interesaban. Es como seguir conociéndolo a través de otras personas. Es algo muy lindo. No se fue.
No se fue. Y Soda Stereo Ecos es otra prueba de esa presencia que sigue intacta.
Fui a varias funciones. Incluso fui a México, a Perú y a Chile para los estrenos. Es un espectáculo, por momentos es muy real. Muchos amigos me preguntan: "Che, ¿qué te pasa con esto?". No sé, yo siempre pude separar mucho a mi papá del artista. Hubo días en los que lloré toda la noche, pero también me puse muy feliz. Sobre todo por lo lindo de ver a las personas.
Es hermoso que la música siga tan viva. Que pasen los años y nuevas generaciones sigan llegando a Soda y a su obra solista.
Es muy loco. Para mí es atemporal. Obvio que pertenece a una época, pero hay algo que sigue resonando. Lo escucho hoy y una letra me puede pegar un montón. Y capaz me va a pasar lo mismo a los 70. Es algo que va más allá de una moda o una tendencia. Hay artistas como él que tienen una cosa muy inmortal. Y se ve: lo consigue. Está muy presente.