El 2025 fue un año bisagra en la carrera de Nico Cotton. Consolidado hace ya varios años como uno de los productores más influyentes de la escena argentina - compaginando entre ritmos urbanos y tradicionales -, logró dejar su huella en cada una de las producciones a su cargo, como álbumes de Cazzu, Juanes, Aitana, Nathy Peluso y muchos más.
Su mayor consagración hasta la fecha ocurrió en la ceremonia de los Latin GRAMMY 2025, donde se quedó con el premio a Mejor Productor, algo que para él todavía sigue siendo un sueño. "Realmente no me lo esperaba. Cuando estaba en la ceremonia, con tan grandes productores ternados, no pensé que iban a decir mi nombre. Es un recuerdo que me alegra hasta día de hoy", compartió para Billboard Argentina.
Con este reconocimiento, el productor argentino se vuelve a destacar luego de haber sido nominado en múltiples ocasiones por su labor con artistas emblemáticos como Conociendo Rusia, Wos y Cazzu, artista con la que juntos consiguieron, a través del álbum Latinaje, un sonido auténtico, orgánico rindiendo homenaje a las raíces de la cantante.
Además de este último álbum, entre sus trabajos recientes se pueden encontrar registros de la talla de: producción y mezcla de "Desastres Fabulosos", de Jorge Drexler y Conociendo Rusia, ganadora del Latin Grammy a Mejor Canción Rock/Pop. También produjo "Con Otra" de Cazzu, que alcanzó el #1 del Billboard Argentina Hot 100 durante ocho semanas consecutivas, y "Superestrella" de Aitana, que llegó al #1 del Top 50 de Spotify España.
"Sigo trabajando en un montón de proyectos en simultáneo, que estoy seguro que verán la luz después del Mundial, ya tengo ganas de que puedan escucharlos", cerró Cotton.
¿Qué fue lo último que publicaste?
Lo último que salió fue el nuevo álbum de Juanes, que tuve el honor de producir y trabajar junto a él. Conocerlo fue una experiencia espectacular porque, además de ser un gran músico, es una persona increíble.
Terminamos el disco el año pasado y hace poco finalmente vio la luz. Después sigo haciendo cosas todo el tiempo, aunque muchas todavía no se pueden contar. También acabamos de lanzar una canción de Kenia OS junto a Cazzu, así que esos son algunos de los proyectos más recientes.
Después de trabajar en proyectos tan distintos como los de Juanes y Cazzu, ¿cómo hacés para cambiar de un género a otro sin confundirte?
Creo que tiene que ver con que soy muy fan de toda la música. Mi playlist puede pasar de Kendrick Lamar a Bon Iver sin ningún problema. Escucho de todo y disfruto mucho poder hacer música en distintos estilos.
Si me toca producir un drill o una canción que no tiene nada que ver con un disco de Juanes, me entusiasma igual. Siempre aparece algo de mi impronta de manera natural, aunque no sea algo que busque conscientemente.
Además, esa diversidad es lo que me mantiene en constante exploración. Es un desafío enorme pasar de un álbum urbano a un proyecto como Latinaje, donde cada canción tiene una identidad diferente, o después ir hacia un disco más ligado a las guitarras, el pop rock y las cumbias. Me divierte mucho y lo disfruto muchísimo.
Hablando de Latinaje, ¿cómo fue ese proceso de trabajo con Cazzu?
Nos hicimos muy amigos. Empezamos a trabajar juntos en Nena Trampa, su álbum anterior, cuando nos fuimos un mes a Puerto Rico a componer y producir.
Desde entonces comenzamos a colaborar constantemente y Latinaje fue el resultado de un proceso muy largo, de casi dos años, en el que nos animamos a experimentar y probar cosas diferentes. Fue un camino muy importante y realmente muy divertido de recorrer.
Cuando producís una canción, ¿pensás también en cómo va a sonar en vivo?
No tanto. Cuando hago una canción pienso principalmente en la grabación y en lo que va a quedar registrado. El vivo es otro universo completamente distinto.
Por ejemplo, en el caso de Cazzu, tiene una banda increíble que reversionó muchas canciones urbanas para llevarlas a un formato más orgánico, con vientos, cuerdas y batería. Eso me encanta, pero son dos mundos diferentes.
Cuando produzco un álbum trato de concentrarme en crear ese universo grabado. Después, el desafío de llevarlo al escenario aparece más adelante.
A lo largo de tu carrera llegaron muchas nominaciones y premios. ¿Todavía te emociona verte en una terna?
Sí, claro. No es algo que persiga constantemente, pero cuando llega se disfruta muchísimo.
Ganar el Latin Grammy como Productor del Año fue una locura. No me lo esperaba y además tenía un significado muy especial porque era un reconocimiento personal, algo que venía directamente asociado a mi trabajo.
También hay algo muy particular en lograrlo siendo argentino. Estamos geográficamente lejos de muchos centros importantes de la industria, así que para mí fue algo enorme.
¿Qué sentiste cuando escuchaste tu nombre como ganador?
Fue muy fuerte. Los premios no son lo más importante de la música ni del arte, pero cuando estás ahí sentado y llega el momento de anunciar al ganador, las piernas empiezan a temblar.
Y cuando finalmente dicen tu nombre, querés abrazarte con todos, festejar, gritar, llorar. Al mismo tiempo tenés que subir al escenario y dar un discurso, así que intentás mantener cierta compostura.
Todavía hoy veo el Grammy en mi estudio y me cuesta creer que realmente lo gané.
Más allá de la emoción, ¿sentís que ese reconocimiento te abrió puertas?
Sí, sin dudas. Es una motivación muy grande y también te da mucha visibilidad dentro de la industria.
Muchos artistas empiezan a conocerte a partir de ese reconocimiento y aparecen nuevas oportunidades de trabajo. Es un premio muy prestigioso y muy importante.
Viajaste por muchos países trabajando con distintos artistas. ¿Qué te aportan esas experiencias?
Muchísimo. Tengo la suerte de trabajar con artistas de distintos lugares y eso te nutre constantemente.
España, por ejemplo, me fascina. Trabajo con artistas como Aitana, Leiva y próximamente van a salir cosas con Lola Índigo. Además, la experiencia de estar allá, salir del estudio y compartir la cultura local, también termina formando parte del proceso creativo.
Por otro lado, algo que sucede mucho es que los artistas vienen a Buenos Aires para trabajar conmigo. Les encanta la ciudad y también prefieren que yo esté en mi ambiente natural, que es mi estudio.
¿Qué tres cosas no pueden faltar en tu estudio?
Lo primero es la luz natural. Tengo una ventana enorme con vista a un árbol y me encanta poder ver cómo cambia el día mientras trabajo. Descubrí que me inspira mucho más que estar encerrado durante horas.
Lo segundo son los instrumentos. Siempre hay guitarras, bajos, baterías o algún instrumento dando vueltas. Me gusta experimentar, modificar sonidos y tocar constantemente.
Y lo tercero es la tecnología. La computadora sigue siendo una herramienta fundamental porque crecí haciendo música de esa manera. Tener todo funcionando y actualizado es parte esencial del trabajo.