"Este álbum surgió de una cuestión íntima para mí; no sé para los demás, Yo sólo soy algo así como el director musical aunque todos tenemos mucha creatividad. Hicimos temas que la gente no conoce. Pero ahora estamos en la de grabar un disquito por año, obedeciendo a las exigencias del público. Y bueno, yo quiero al público". Con estas palabras dichas en una entrevista publicada por la revista Pelo en junio de 1986, Luca Prodan definía a su manera el concepto que giraba alrededor de Llegando los monos, la segunda producción discográfica de Sumo que le permitió consolidarse dentro de la escena del rock argentino tras la edición del demo Corpiños en la madrugada (1983), la concreción de un auspicioso álbum debut como Divididos por la felicidad (1985) y la repercusión de canciones como "La rubia tarada" y "Mejor no hablar de ciertas cosas".
Grabado en los estudios Panda y lanzado el 22 de mayo de 1986, el disco potenció el carácter visceral, transgresor, contundente, combativo e irónico que caracterizó al grupo desde sus comienzos llevándolo hacia un nivel superior. Aunque, por otro lado, conservó su espíritu post punk; ese sello que, a modo de paraguas protector, conjugaba con singular criterio una particular y explosiva combinación de reggae, new wave, punk, rock y funk. Todo esto, por supuesto, enmarcado y de acuerdo a la información y a las influencias que el cantante había traído desde Europa y que en aquel momento no eran tan conocidas en Argentina, como Jim Morrison, Lou Reed, Joy Division y Bob Marley, entre otras.
"Grabar un disco en Argentina durante los años ochenta era toda una celebración. El mero hecho de juntarse a grabar en un estudio profesional se transformaba en algo así como una gran fiesta donde había mucha ansiedad y locura, pero a la vez no mucho tiempo para profundizar en los sonidos individuales de cada instrumento. En aquella época, las discográficas te daban determinada cantidad de horas y en ese poco tiempo tenías que hacer el disco entero. A pesar de ello la pasamos muy bien dentro del estudio", rememora el guitarrista Germán Daffunchio en diálogo con Billboard Argentina.
El hoy líder y referente de Las Pelotas asegura además que no hubo ningún concepto o idea musical previa sobre el disco, que todo surgió espontáneamente dentro del estudio: "Es un álbum que contiene una mezcla de temas de la etapa más temprana de la banda, como 'TV caliente', 'Nextweek' y 'Heroína', junto con otros que compusimos después en las sierras cordobesas. Ahí surgieron 'El ojo blindado' y 'Cinco magníficos'. La idea de 'Que me pisen' salió en un sótano que usábamos como sala de ensayo en Villa Bosch y también grabamos 'Los viejos vinagres' porque nos dimos cuenta que nos faltaba un tema en castellano para difusión. En realidad, no era muy agradable y mucho menos comercial una canción con ese título, pero salió igual", recuerda entre risas Daffunchio para luego completar: "También estaban 'No good', un tema de la época de la Hurlingham Reggae Band, y 'Estallando desde el océano', que para mí es una canción espectacular y la que más me gusta porque logramos una fusión de guitarras increíble. La idea nació una tarde en la casa de Diego Arnedo y después la terminamos de desarrollar en el pequeño estudio casero de Timmy McKern, nuestro representante".

Seis magníficos
"Las sesiones de grabación fueron siempre nocturnas, comenzando a las 23 horas y terminando más allá del alba. Solíamos grabar todo en vivo, incluso las voces de Luca aunque él prefería quedarse en un pequeño cuarto contiguo antes que en la sala de control. De hecho, cuando hacían una toma y venían al control a escucharla, Luca permanecía en ese cuarto vidriado. Fueron sesiones intensas donde todos los músicos opinaban y daban su parecer. Por eso digo que, sin lugar a dudas, ese disco fue producido completamente por toda la banda", detalla Mario Breuer, ingeniero de sonido de Llegando los monos.
Y agrega: "Lo único que lamento es que aquel famoso efecto de delay que Luca solía manejar de manera especial para su voz, se rompió una semana antes de entrar a grabar. Así que tuvimos que apelar a otro diferente al que él utilizaba, pero que en definitiva quedó muy bien. En lo personal, a mí me hubiese gustado contar con más tiempo para mezclar ese disco aunque tampoco quedó tan mal. Tiene un sonido muy particular".
En cuanto a la dinámica de trabajo dentro del estudio, Breuer relata: "Mollo, Arnedo y Pettinato eran los más activos durante aquellas sesiones y con los que más interactué. Ellos iban a la salita contigua donde estaba Luca a consultarle qué le parecía cada toma. Si a él le gustaba, la toma se guardaba; y si no, se desechaba. Al menos durante la grabación de ese disco y fuera de los escenarios, Luca era una persona muy callada, muy calma, taciturna e introspectiva. Con esto no quiero decir que era alguien mala onda ni nada por el estilo, pero si bien él era el centro, jugaba un poco como mirándolo todo desde afuera".
El bulto empaquetado y atado de manera sumamente descuidada con una soga que ilustró la portada del álbum "fue una idea que trajo Roberto Pettinato", según Daffunchio, y estuvo inspirada en la obra Package 1961 del artista búlgaro Christo Javacheff. La misma puede interpretarse como un rejunte de objetos, donde la desprolijidad, la dejadez y el desorden están en un primer plano, representando de algún modo la esencia caótica y zigzagueante de una agrupación que, lejos de cualquier rígida etiqueta, hizo de la superposición de estilos y sonidos un verdadero arte.
El éxito de temas como "Los viejos vinagres", "El ojo blindado", "Que me pisen", "Heroína", "Nextweek" y el sublime "Estallando desde el océano" no sólo rompió con todos los cánones y los estereotipos establecidos hasta ese momento en el rock local sino que le permitió además despertar el interés de un nuevo público que se acopló a los muchos que ya seguían a Sumo desde su etapa under.
Fruto de esa creciente popularidad, la banda arribó el 9 de agosto de ese mismo 1986 al estadio Obras para presentar oficialmente Llegando los monos ante una multitud. A partir de allí, el sexteto oriundo de Hurlingham inscribió de una vez y para siempre su nombre en las grandes ligas del rock argentino de la mano de canciones que, aún después de cuarenta años, perduran y se mantienen vivas en el corazón y en la memoria de miles de personas.
"Sumo ya es parte de la historia del rock argentino y creo que nos merecemos que siga pasando todo esto con nuestras canciones. Aunque la mejor sensación de todas es haber estado ahí cuando esos temas surgieron y haberlo vivido a pleno", concluye Daffunchio.
El legado
Esas canciones han dejado una impronta más que importante en bandas surgidas poco tiempo después, como en los casos de Los Pericos y Caballeros de la Quema. "Luego de ver a Sumo por primera vez y de que me volaran la cabeza, ahí mismo me compré Corpiños en la madrugada, el demo que venía en cassette. Luego lanzaron Divididos por la felicidad, su primer álbum oficial, cuyo sonido no me había gustado demasiado. Pero eso cambió con Llegando los monos, un disco donde recuperaron la crudeza y la espontaneidad de sus shows en vivo, que venía con una tapa que era toda una rareza y que a Pericos nos marcó muchísimo musicalmente. De hecho, al principio cantábamos reggae en inglés porque nos gustaba y porque veíamos que Sumo también lo hacía", confiesa Juanchi Baleirón.
Iván Noble expone su propia experiencia: "Llegando los monos fue el primer disco de Sumo que compré y escuché atentamente. La mayor influencia de Sumo en Caballeros no se dio por el estilo en sí sino más bien a través del concepto de que no había que saber música de manera erudita para poder tocar. Nosotros rescatamos de ellos esa cosa visceral y anfibia de navegar por diferentes corrientes: reggae, rock crudo de garaje e incluso algunas canciones pero sin ser puristas. Nos seducía mucho esa versatilidad que tenía Sumo de poder tocar de todo y de aprender a hacerlo arriba del escenario".