Juventud. Si hay una palabra que le calza al nuevo disco de Bestia Bebé, es esa. En Yendo rápido a ningún lugar -que sale a la calle el viernes 15 de mayo- todavía quedan algunas cicatrices de su debut homónimo, publicado trece años atrás: la objeción de Tom Quintans a disciplinar la voz, un indie contaminado por la psicodelia del rock y esa noción de comunidad que también se manifiesta en cómo se les infla el pecho cada vez que hablan de Racing Club (no por nada acaban de lanzar un tema que se llama "Gustavo Costas"). Con Metallica, Ramones, Neutral Milk Hotel y Almafuerte presentes en sus bateas, el cuarteto de Boedo elaboró una retórica más confrontativa que desborda el marco nihilista del "no future". Van a contramano, les fastidia la lógica tributo y son demasiado antipáticos con todo lo que florece en lo llamado "mainstream".
Lo único que les importa, y nunca cambió, es salir a tocar. Sobre las tablas, entonces, Quintans y sus muchachos lo arrasan todo. Mientras entran en calor para el 18 de abril en el CC Konex -escenario donde quedó registrado Siempre escucho las mismas canciones (2025)- y en la previa de una gira europea que los paseará por Francia, Portugal, Irlanda, Inglaterra y España, con parada en el Primavera Sound, el vocalista y Chicho Guisolfi (bajista) charlaron con Billboard Argentina para poner en palabras esta etapa: la escena under, sus propias inseguridades y ese vínculo problemático con la industria musical.
El primer adelanto fue "El atrevido" y hay un verso que me llamó la atención: "Siempre dicen que crecer es una trampa y yo crecí, amigo, y no cambió nada". ¿De verdad no cambió nada?
Tom: No, cambiaron un montón de cosas, pero se refiere más a que no fue una trampa, no fue algo malo. Después dice "estuvo bien" 500 veces, así que va un poco por ahí. Es una canción que se burla de los mandatos y de esas cosas que supuestamente están escritas y hay que hacer. Apunta a tratar de hacer lo que nos gusta. Más allá de que muchas veces nos vemos contra la pared y todo se hace difícil, lo importante es poder intentarlo dentro de lo que se puede.
La portada soy yo de chiquito. Me gusta porque la tapa del disco es una foto también. Me gusta que haya una coherencia con los adelantos. Estaba viendo fotos viejas que tenía guardadas -mi vieja me las dio para que las guarde en mi casa- y me encontré con esa. Me pareció que era graciosa con la letra y todo. Tenía algo del paso del tiempo.
¿Sintieron presión por meterse en el estudio?
Tom: No, presión no. Al ser una banda autogestionada, uno maneja sus tiempos. Obviamente, hay fechas que hay que respetar por las giras. Y sobre todo en las que hacemos por Europa o por Latinoamérica, hay que ir con algo nuevo porque sino no funciona. Hay cosas en las que hay que estar atento: la parte más aburrida de todo esto, que es la industria, el marketing y todo eso. Hoy, con la lógica de las plataformas, estamos inmersos en que hay que sacar temas todo el tiempo. Creo que hay que seguir eso, pero sin perder la esencia ni lo que uno quiere hacer. No apurarse al pedo, no hacer cosas sin estar convencido. Eso es fundamental.
¿Sienten que van en contra de la cultura de hoy en día?
Chicho: Nosotros hacemos nuestro camino. Realmente no nos importa tanto.
Tom: Nosotros nos creamos en nuestra cabeza que nadie nos quiere, y después nos damos cuenta de que no es así. Pero es algo nuestro, nos sentimos en nuestra propia escena. Decimos lo que somos. Decimos las cosas que no nos gustan. Hoy parece que todos somos amigos, que todo está bien, que todo está bueno y es mentira. Como también es mentira decir que todo es una mierda.
¿De dónde creen que surge esa inseguridad o esa mirada más pesimista sobre ustedes mismos?
Chicho: La independencia te lleva a proteger muchas cosas.
Tom: Pero yo creo que no, al revés: tener una banda así me hizo aprender un montón y ponerme en lugares que, por ahí, si tuviera gente trabajando para mí, no los haría. Antes arreglaba las fechas, ni hablábamos de sonidista… Los conocías el mismo día y estaba todo bien. Eso también te hace conocer el otro lado. Los que laburan con nosotros no es que arreglan con un manager y yo no sé ni quiénes son. Estamos todos juntos, somos amigos. Pero volviendo a tu pregunta, soy así en la vida. Cuando tengo un lugar nuevo, con gente nueva, ya me quiero matar, no quiero ir, me da pánico.
¿Cuál es la fórmula para que una banda autogestionada llegue al Primavera Sound de Barcelona?
Tom: Que tenga buenas canciones, eso es clave. (Risas)
Chicho: Y después, insistir. Es un poco lo que venimos diciendo: hacerlo. No esperar que alguien te resuelva el camino.
Tom: En nuestro caso, fue todo muy orgánico. No hubo lobby, ni mandar mails, ni poner en redes "mi sueño es tocar en Primavera Sound". Nada que ver. Sacamos un disco, fuimos a España, hicimos 20 shows, conocimos gente, editamos un vinilo allá, después un sello sacó otro discoy así fue creciendo. Hasta que llegó la invitación al festival.
No fue por la vía fácil. Ahora se ve mucho eso de mendigar en redes, tipo "regálenme cosas".
Chicho: Claro, poner "@Fender, regálame una guitarra".
Tom: Eso no. A nosotros no nos sale así. Siempre fue tocar, tocar y tocar. Así te van conociendo y te terminan invitando. Nunca pasó por ser amigos de alguien.

¿Qué rescatan de la escena actual?
Chicho: A mí me gusta que los pibes sigan agarrando guitarras y armando bandas, como hacemos nosotros. Eso está buenísimo. Lo que sí siento es que los medios no están muy dispuestos a torcer un poco eso. Prendés la radio y siguen sonando La Vela Puerca, Bersuit Vergarabat, Andrés Calamaro, Luis Alberto Spinetta, Charly García. Está todo bien con todos, pero me encantaría escuchar otra cosa, algo nuevo, algo que te haga decir: "¿qué es esto?".
Tom: Es un momento raro. Hay un montón de bandas nacionales llenando estadios, y eso antes no pasaba. No termino de entender bien por qué. A veces pienso que es más fácil vender entradas, comprar desde el teléfono… no sé. Eso está bueno, si funcionara como un derrame, pero no es tan así.
Después veo que hay muchas bandas nuevas del under, pero no hay tantos lugares para tocar. Después de la pandemia no hubo una nueva explosión de bandas que crecieran muy rápido. Cuando nosotros arrancamos, a nadie le pasaba eso: nos costó un montón meter 500 personas. Ahora hay bandas que en uno o dos años meten mil, y eso está buenísimo, que sea un poco más fácil.
También hay algo que pasa mucho, sobre todo en el interior: la epidemia de las bandas tributo. Y eso es un problema bastante grave en Argentina porque compiten con las bandas. Acá en Buenos Aires no pasa tanto, pero hay tributos que llenan estadios, y eso me parece tremendo. En ciudades más chicas, los pibes de las bandas compiten todo el tiempo con tributos. Y también entendés por qué: el tributo te atrae más fácil. Pero ahí hay algo que no termina de cerrar, porque la gente elige ir a ver eso.
Entonces es todo tributo a Charly, tributo al rock nacional, tributo a Soda Stereo… y la publicidad de los shows va por ahí. Me da un poco de miedo que se vuelva así. Habría que ver cómo regularlo, no sé… encontrar alguna forma de equilibrar eso.
¿A qué creen que se debe ese empobrecimiento cultural?
Chicho: A todo. Las redes sociales, la inmediatez, lo efímero, todo pasa muy rápido. Sacamos un disco y para nosotros es algo importante, vale un montón, pero capaz en un mes ya quedó atrás.
Tom: Sí… más allá de eso, también hay que rescatar lo bueno. Tratar de poner el foco en esas bandas nuevas que están haciendo cosas distintas, buscando una identidad, en los lugares chicos, el under, la gente que intenta hacer algo propio. Eso es lo que vale, no armar una banda tributo. Eso ya está, dejalo para girar.
Hay que mirar lo que sí funciona. Nosotros somos optimistas -también porque no nos queda otra siendo una banda autogestionada-. Que la gente vaya a ver bandas nuevas, que acompañe, que los medios también. Nosotros ya somos más grandes, pero está bueno quedarse con esas cosas lindas, no con los tributos.
Tres temas de Yendo rápido a ningún lugar (Spoilers)
"Algo que siempre te quise decir"
Tom: Es de las mejores canciones que hice. La melodía es emotiva, es la primera canción del álbum. Es un disco que no arranca al palo. La letra es simple, más clásica de Bestia Bebé. La producción va por un lado cercano a Neutral Milk Hotel: tiene algo de folklore en la base, pero después deriva en un final más ruidoso, con guitarra y distorsión. Me hubiese gustado que la cante Ricardo Iorio.
"Cara de piedra"
Tom: Tiene algo medio Liam Gallagher, bien británico. Cuando lo grabamos, estábamos boludeando en el estudio y empezamos a armar algo medio loco con teclados y baterías sampleadas. Y terminó quedando un tema más familiar, medio Flaming Lips, más raro.
"Gustavo Costas"
Tom: "Gustavo Costas" funciona como un símbolo de alguien que disfruta lo que hace, que ama su club -en este caso Racing-, podría ser cualquiera de nosotros. Es una figura que vive la vida con intensidad, una especie de metáfora. La letra no habla de él de manera puntual, sino que describe un momento de felicidad después de muchas frustraciones.