"¿Posta me decís?", pregunta Milo J a Billboard Argentina. "No me digas que debuto en Cosquín justo cuando se cumplen 30 años de la primera vez que La Sole tocó ahí… ¡Cómo bajó la vara!", remata entre risas. En 2025, el rapero nacido en Morón dio un giro con La vida era más corta, un álbum donde se hizo cargo de sus raíces para traerlas al presente y proyectarse hacia adelante. En el camino, puso a los pibes a escuchar folklore. Y ahora, el próximo domingo 1ro de febrero, sellará ese cruce cuando se suba al escenario Atahualpa Yupanqui del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, en Córdoba.
Partiendo desde el rap y el trap, Milo viene transitando una evolución vertiginosa. El primer gran golpe fue a mediados de 2022 con "Milagrosa", que se volvió viral mientras recibía el aval de referentes como Duki. Meses más tarde grabó con Nicki Nicole ("Dispara") y con Ysy A y Bhavi ("Flechazo en el centro"). Luego llegó "Rara vez", compuesto junto a Taiu, hijo de Víctor Heredia, y el primer quiebre público: trascendieron desacuerdos por las regalías del tema algo que Milo dejó entrever en su "BZRP Music Session Vol. 57". "Pegué un tema top global y todavía no veo un peso", rapeó. El lanzamiento fue el track 1 del EP en dormir sin Madrid, un punto de inflexión que empujó su proyección internacional y lo acercó a una escritura más cancionista.
Mientras seguía afilando su costado trap —con proyectos como 511, 111 y 166—, en privado empezaba a jugar más fuerte con la canción, el timbre y un enfoque cada vez menos estándar. El resultado es La vida era más corta, una obra decisiva donde incorporó elementos identitarios del folklore argentino —bombos, guitarras criollas, voces ancestrales— a su base rapera. Un puente entre tradiciones, repleto de colaboraciones y con el que terminó de dinamitar cualquier etiqueta.

Es el primer día de diciembre en San Telmo. El Café Rivas, un notable que acaba de reabrir, funciona como escenario para el shooting y la charla con Camilo Joaquín Villarruel, 19 años, el nombre detrás del alter ego. No suelta el termo ni el mate. Tampoco convida, como haría cualquier matero de pura cepa. No solo toma por gusto, sino también para enfatizar lo que dice o para cerrar una idea. El ruido de mate como punto y aparte. Habla en voz baja, algo retraído. Dice que a veces lo ataca el síndrome del impostor, que hay cosas de su pasado que no quiere revivir y que sólo habla a través de sus canciones. Que le cuesta abrirse, incluso, ante las dudas de su madre, quien lee las letras de su hijo para intentar decodificarlo.
En dos semanas va a presentar el disco con dos funciones en Vélez. Cristalizará el concepto del disco con un show teatral que tendrá la intervención/actuación de Peter Lanzani. Habrá invitados como Soledad Pastorutti, Duki, Tini, Bizarrap, Cuti Carabajal, la murga Agarrate Catalina. Se quebrará al interpretar "Niño", quizás su canción más emotiva. Y cerrará con "No hago trap", volando por los cielos de Liniers. Pero hoy, cuando todavía faltan unos días para que suceda todo esto, reniega con el mote de "promesa". "Estoy podrido de que me digan así, boludo. Hay forros que me dicen 'promesa de la música argentina' y ya agoté un Vélez. Creo que va a ser una oportunidad para sacarme eso de encima", dice. "Entiendo el tema de mi juventud, pero lo venimos haciendo desde muy chicos y ya llegamos a lugares impensados".
Es muy familiar tu público.
Unimos bastante a las familias. El pibe de 15 lo escucha con su viejo y también hay gente de 30 que escucha Milo J. Se comparte mucho.
¿Por qué sentís que pasa con tu música? ¿Qué fibra tocás?
Todavía lo estoy intentando descifrar, pero es un hecho y es re loco. Lo de Cosquín es muy, muy loco. Me llega que hay pibes escuchando folklore por mi música… Es un orgullo, pero también es fuerte.
¿Te llegó la propuesta y dijiste que sí de una? ¿Dudaste?
Con muchas dudas dije que sí. Me la jugué. Y después seguí dudando.
¿Qué es lo que te hace dudar?
Es la novena luna, el cierre. Es histórico que un artista del palo urbano lo haga. Yo le rindo homenaje al folklore, pero no soy folklorista. Todavía no caigo y es un orgullo.
¿Qué vínculo tenés con el festival? ¿Fuiste alguna vez, lo veías por televisión?
Nunca pude ir, pero lo veíamos por la tele. Para mi familia y para la de mis músicos es muy fuerte. No me preocupan las reacciones: voy a mostrar lo mío. Va a tener la impronta de La vida era más corta, pero voy a cantar de todo. Le voy a tirar un poco de trap y rap al Cosquín. O, tal vez, tenga que cantar todas baladas, temas para abajo… Todavía lo estoy contemplando. Pero creo que vamos "con de todo". Mi banda y yo estamos preparados, pero quiero ver si la gente está preparada para eso..
¿Qué te da el folklore que el rap o el trap no?
Un abanico más grande y más rico. Más que nada en la forma de hacerlo: es sentarse a componer una canción, no te tiran un beat y te pones a bajar melodías. Y si a eso le agregas los recursos de la música urbana, es una mezcolanza hermosa.

Está bueno porque no lo planteás como purista de ningún género.
A los puristas del trap no les gusto, a los del folklore tampoco, a los puristas de la música urbana, que deben ser un par de centroamericanos, no les gusto. Si vamos al purismo de algo, no le gusto a nadie.… "¿Qué género hace Milo J?". "Milo J". Yo busco eso. Nunca seguí ningún molde para hacer música. Pero siempre con respeto: a los artistas que dejaron la vida por el folklore, al género...
¿Qué creés que le falta a tu generación para conectar con el folklore?
Entender que no es música de gente grande. No tenés que ser un abuelo que se levanta a las 7 de la mañana a tomar unos mates y escuchar folklore. La podés escuchar yendo al colegio, a la facultad. Es un género hermoso, con letras y melodías bellísimas, y un abanico de subgéneros gigante. La música nuestra es riquísima.
¿Y qué le aportás vos al folklore?
No sé si le aporto algo nuevo. Lo que yo hago, más que nada, es rendirle homenaje y mostrarle a un público que no lo escucha y decirle: "Mirá, pasa esto". Es rendir memoria más que aportar.
Milo J y las historias de La vida era más corta
La raíz del disco está en Santiago del Estero, provincia donde nació parte de la familia de Milo, aunque él no tenía lazos cotidianos con esa tierra. Hasta ahora. Si su álbum 166 representaba el viaje en colectivo desde Morón (su ciudad natal, ubicada en el conurbano bonaerense) a Palermo (el barrio porteño que es casi la capital de la industria musical argentina), ahora Milo fue a conocer la provincia para entender sus orígenes y encontrarse. Cual diario de trip lo contó en el tema "Daña (Elvira)", a la vez en que ya adelantaba para donde quería rumbear: "Me aburrí de hacer trap, negro, quiero hacer folklore / Tamo en Santiago, La Banda, tierra de cantores". "Mi bisabuela, por parte de mi mamá, era de ahí. Me cambió la cabeza haber ido por primera vez en mi vida… Y no fue hace mucho", cuenta.
Su guía fue Cuti Carabajal, leyenda del folklore, quien lo metió en el circuito de peñas y lo llevó por La Banda, la zona más populosa de la provincia. La experiencia también lo motivó a grabar allí todos los videoclips y visualizers (dirigidos y producidos por The Movement) con actores y personal santiagueño. "Conecté con una parte de mí que sentía perdida. La provincia terminó siendo la musa del disco. 166 era el viaje de cómo logré las cosas; y ya habiendo logrado las cosas, en este me exilié a Santiago para encontrar una parte mía. Fui al núcleo. Fue una secuen más espiritual que tangible", dice.
¿Cómo llegaste a La vida era más corta, el título y el motivo?
Fue un proceso mientras lo hacía: no planteé un concepto y en base a eso armé canciones. Lo arranqué al mismo tiempo que 166, que es todo trap, algo que hice para cagarme de risa. Pero para este disco dije: "Le voy a dedicar tiempo, no va a salir ya". Yo estaba en una situación de nostalgia y de buscarme a mí mismo, de entender un par de cosas, de reflexionar sobre lo que me estaba pasando.
De esa impronta iban saliendo temas, en grabación y postproducción terminamos de darle forma: armando el tracklist y viendo qué historia queríamos contar, cambiando versos, poner otras letras... El disco nace de la impronta de disfrutar el ahora. A veces el pesimismo o pensar tanto en la muerte no nos permite disfrutar del aquí y ahora, lo que está pasando. Y el título es un vaso medio lleno. La vida era más corta porque ahora va a ser más larga o la vida era más corta porque es corta. Ese es el mensaje. Un poco hippie de mi parte (se ríe).
¿Siempre tuviste claro eso del aquí y ahora? Recién dijiste algo de meditar…
(interrumpe) No, no me veas esa pinta porque no hago esas cosas. El aquí y ahora lo desarrollé cuando encaré este disco, porque venía de una gira intensa: México, Chile, España, un montón de lados… La hice con 16, 17 años y no me acuerdo de nada. Llegué a casa y dije: "¿Qué pasó?". Quería dejar de funcionar en automático y disfrutar de las cosas hermosas que estaban pasando, pero lo tenía que lograr encontrándome a mí mismo, mirando más para adentro.

Esa vorágine me lleva a en dormir sin Madrid, el EP con Bizarrap. ¿Ahí empezó tu cruce con lo folklórico?
Sí. Ahí empezó. Yo ya había laburado en "Dispara" con (el productor y multiinstrumentista) Santi Alvarado, con quien hicimos el disco junto con Tatool. En en dormir sin Madrid trabajamos así: él armaba armonías con guitarra, componíamos en tono cancionero y después lo hacíamos urbano. Yo bajaba melodías y letras. Después, pasó lo mismo acá.
Para este disco te corriste de una escritura autobiográfica.
Hay barras y vivencias mías, pero las plasmo desde otro punto de vista. Por ejemplo en "Niño": hay experiencias y recursos de mi vida, pero a mí no se me murió mi viejo y tengo la mejor con él. Quise ponerme en la piel de gente que ya no tiene a ese ser querido.
De algún modo, es un disco "marrón", ¿no? En las tonalidades, su correlato audiovisual. Y justo es una palabra que hoy se usa de manera despectiva, como un insulto peyorativo. Pero de algún modo estás abrazando toda esa identidad, haciéndote cargo de lo que somos, con ese mestizaje.
Yo soy marrón, el disco es marrón, el color secundario de Argentina es marrón. Latinoamérica es marrón. No me importa cómo usen ahora el término. Nunca le di bola a eso. Pero sí, el concepto de colorimetría y estética es el marrón con el metal. Por eso también me pego los dientes de oro, tengo los tajos en los outfits. Quería que el disco sea marrón oscuro y que refleje la tierra, el metal de la chapa vieja. Por eso el logo del disco vendría a ser un péndulo, que es casi un triángulo, y que tiene el mambo de medir el tiempo también. Un péndulo hecho de voto, que es joyería vieja, que es lo que le dejaban de ofrenda a los santos antes y eso lo hacían todo de plata. Hay toda una cuestión también histórica que tiene la estética del disco.

Recién resaltaste la importancia de la postproducción. ¿Encontraste el disco ahí?
Sí, 100%. Estructuras, momentos, qué componentes tiene cada estrofa… Es todo de la postproducción, de la edición de audio. Grabamos a muchos músicos en Unísono (el estudio de Gustavo Cerati) y después en postproducción tenés que editar, decidir, regrabar, ver en qué parte quedan, cambiar versos para contar mejor la historia. Todo eso lo descubrimos en postproducción.
Ahí afilaste tu aspecto de productor, algo en lo que ya venías trabajando.
Sí. Pero el de la compu es Tatool. Lo hicimos en Ableton en una Mac de Tatool. Pero yo no me callo, no puedo: sé lo que quiero, lo que hay que cambiar, lo que va a quedar bien lo sé y te lo voy a decir. En 2025, 2026 el artista tiene que ser su propio productor: no sólo impronta vocal, también de audio. Es casi obligatorio, te diría. La comunicación no es sólo verbal. La vida era más corta comunica en el audio, también.
¿Cómo llega Soledad a grabar "Lucía"?
A mi generación lo que más le llegó del folklore es la Sole, fija. Ella marca el cruce. Cuando empecé "Lucía" pensé: "Tenemos que meter a la Sole". La compuse pensando en que la iba a cantar ella, con su potencia, con su voz. Fue de las que más predispuestas estuvo para estar en el disco y también fue la que autorizó el feat con Mercedes Sosa para "Jangadero". Lo que canto yo, en realidad lo estaba cantando ella. Lo de la Sole en el disco es imprescindible.
Para esta canción en puntual, el mensaje fue un sueño que tuve, una alucinación de que me perseguía un demonio por un bosque. Quise componer sobre eso en términos de fantasía y de la ilusión que genera el disco. Y de cómo se te da vuelta la imagen que tenés de una mujer. Por eso en vez de "Lucifer" le digo "Lucía". Que viene arraigado a lo que pasa en "Ama de mi sol" y a lo que después pasa en "MmmM" con Paula Prieto.
Sole vino a grabar las voces. Me le puse al lado en la cabina y le dije: "Esto es así, así, así, esto estaría bueno que lo tires así". Y llegamos a un resultado increíble. Yo de música no sé nada, pero no se trata de saber, sino es cómo lo quiero yo. Ella me aconsejó un montón de cosas, sobre todo de cómo afrontó la fama desde muy chica.
¿Cuál fue el mejor consejo en esa línea?
Justo haciendo el disco, ella me aconseja: "Disfrutá el aquí y ahora, lo que te está pasando. Se te va a pasar volando". Tiene razón. Tengo 19 años, no sé qué pingo pasó en los últimos tres.

Hay una canción muy especial: "Luciérnagas", con Silvio Rodríguez. Entiendo que la compusiste el día que falleció tu abuela.
La historia con mi abuela es muy loca porque ella era la secretaria del colegio de mi mamá. Y mi mamá llevaba a mi hermana Ángeles recién nacida… Mi hermana mayor, que hoy tiene 27 años, cuando estaba recién nacida. Entonces, pegaron muy buena onda con la que es mi abuela. Pero ni siquiera eran familia. Y en cierto momento la hospedan en su casa a mi mamá y esa es mi casa de toda la vida. Ahí nos tuvo a nosotros cuatro y nos quiso como nietos. Ella eligió ser nuestra abuela. Es una relación rarísima, pero hasta más fuerte que la de una abuela. Fue una elección que tuvo la mina. Cuando se fue como que no podía creerlo. Ya estábamos acostumbrados a que siempre iba a estar para nosotros.
¿Se fue de manera repentina o tenía una enfermedad prolongada?
Estaba luchando con una enfermedad, pero el día que pasó, fue muy repentino. Ese mismo día fue a comprar. Yo no quise ir al funeral, no fui y la noche que pasó compuse el tema a capela y llegué al estudio y con Alvarado le bajamos la armonía esa hermosa que tiene y lo fuimos armando. Fue afrontarlo de otra manera. Y ella era fan de Silver Rodríguez, el tema terminó siendo con él. Creo que es hermoso, la verdad. Lo hicimos a distancia, muy como se hacen las cosas ahora, irónicamente. Al chabón le gustó la melodía y se quiso sumar, fue completamente genuino.
Hay una canción anterior tuya, "Domingo", que también tiene que ver con una pérdida.
Sí, de un tío. Tenía la melodía y algo de letra, pero la convertí en canción de amor porque no me animé a escribirle a un ser querido. Tenía un bocho muy de música urbana, me daba cringe. Hoy ya me saqué prejuicios para componer. En ese momento, no lo quería hacer. Pero con lo de mi abuela fue: "Basta, necesito hablar de esto". La única forma con la que sé hablar bien es con la música.
Hace poco tu mamá dijo que vos, como típico adolescente, hablás lo justo y necesario, y que ella va a las canciones para entenderte.
Dijo eso para no hacerme quedar mal, pero no hablo nada. Se enteró, literalmente, de muchas cosas por mis canciones. Es algo que tengo que trabajar, con el tiempo. No sé decir las cosas y la música me ayuda, terapéuticamente.
Patria y familia
Hoy tu equipo de trabajo está compuesto por tu familia. ¿Cómo te resulta?
Está buenísimo porque puedo ser sincero, sin prejuicios. A veces nos peleamos con mi mamá, ella capaz que la choca más de madre que de manager. Y viceversa: yo me equivoco más como hijo que como artista. Pero el vínculo familiar se fortalece, los veo mucho más seguido a todos.
Se te percibe cómodo, como si el éxito no te torturara. ¿Cómo lo vivís?
La he pasado mal en lo personal. Vos pensá que me perdí toda mi adolescencia como persona normal. Tuve que dejar el colegio porque me volvían loco los pibes… Pero al final del día son gajes que, comparado a lo que recibís, son mínimos. Hacer música me gusta y yo amo la música, porque si no sería imposible hacerlo.
Mi amor por la música me lleva a recorrer otros países y transmitirle mi mensaje a la gente y que la gente se vea en mí. Creo que al final, por eso, terminas haciendo música, y es lo que realmente vale. Me banco pagar ese costo. No me voy a victimizar. Hay gente que no tiene para comer. Uno no puede estar quejándose de esas cosas. Y la música me salvó la vida, eso también hay que decirlo, porque no tuve adolescencia, pero no la pasaba bien antes de esto.
¿En qué no la pasabas bien?
En lo económico, en lo social, en todo tipo de cosas… No me gusta indagar mucho por ese lado. Lo único que voy a decir es que la música me salvó la vida.

¿Extrañás algo de tu vida anterior al éxito?
Sí… "Qué no extraño" es la pregunta. Recién me estaba sacando unas fotos y se me quedaban viendo, pasó una piba llorando… Ese flash de sentir de que te están mirando no lo quiero tener y antes no lo tenía. Pero uno ya sabe afrontarlos. Quisiera ser anónimo. Ya de por sí soy una persona de perfil bajo. Antes lo era más, nunca me gustó salir, nunca me gustó que me miren, nunca me gustó que me hablen, nunca me gustó la gente… Tampoco elegí el rubro más óptimo, vamos a decir la verdad (se ríe).
En febrero pasado trascendiste las noticias musicales cuando ibas a hacer una presentación en el museo de la Escuela de Mecánica de la Armada y el gobierno, a instancias de la Justicia, lo prohibió. Incluso la policía quiso desalojar el lugar reprimiendo a tu público, que estaba esperando a que ocurriera el show. ¿Cómo lo viviste?
Me sentí muy mal. Quedé con mucho rencor, muy asustado. Fue muy política la secuen. Yo no tengo Twitter, pero todos mis amigos me mandaban: "Milo J tendencia política". Me empezaron a decir de muchas maneras, y yo solamente salí a decir que la gente se vaya del lugar. Yo nunca me partidié. Nunca tiré para ningún lado. Vinieron a reprimir a adolescentes, y eso ya no es partidario. No es "soy de izquierda" o "soy de derecha". Está mal lo que pasó.
Vos no me podés permitir poner un escenario una semana antes y el mismo día decir: "No, no se hace". Es obvio que es a propósito. No sé si es censura o no, pero fue serio lo que pasó y muchos del otro lado me preguntan: "¿Por qué lo querés hacer en la ex ESMA?" ¿Y por qué no lo haría ahí? ¿Por qué no hacerlo la ex ESMA? Eso es lo único que tengo para responder. Quedé muy afectado después de ese día, no te voy a mentir.
¿Volverías a organizar un show ahí?
No te puedo dar ahora la respuesta. Tendría que pensarla un poco más. Porque me siento un poco culpable. No sé si lo haría de vuelta. Amo hacer cosas gratis para que pueda venir todo mi público, financiadas por mí y aportarle todo tipo de comodidad a mi público, que vengan gratis a ver un show mío. Me encanta. Pero ya no sé si lo haría ahí. Quiero sacarme esa cuestión de encima.
¿Te preocupa el país en el que estás viviendo?
Sí, sí, sí. Creo que no estamos atravesando nuestro mejor momento ni como país ni como sociedad. Tengo esperanza, igual, no la perdí para nada. Confío en mi generación, en el pensamiento de mi generación, en lo que tenga para decir, para hacer. Y nosotros, como artistas, tenemos la responsabilidad de cargar con ese mensaje. Y los artistas que van a venir después, también.
La preocupación por la Argentina es colectiva. Es de los chicos, de los grandes, los adultos, los ancianos. Es una preocupación por el futuro. Por eso puedo decir que confío en mi generación y en lo que vaya a hacer, más allá de lo que esté pasando y las decisiones que se estén tomando ahora.
¿Qué sonido de la Argentina te emociona?
Lo que llaman el under, el nuevo trap. En términos de producción, es interesantísimo. Me parece increíble lo que hacen no solo como artistas sino como productores. Los pibes ya traen eso de ser su propio productor, lo que decía antes. Me gustaría que prueben samplear cosas de nuestro folklore, de nuestra cultura. Sonoramente, tienen mucha data, yo los re banco.
¿Te escuchás a vos mismo?
Este disco, sí. Los otros me dan cosa.
¿Y fuera de la música, te escuchás cuando te hablás?
Sí. Pienso en tercera persona, siempre, sin querer. Te escuchás como un otro, pero a vos mismo. Me hace funcionar.
¿Qué te gustaría que diga alguien que te va a ver por primera vez en Cosquín?
Que le gustó el show, boludo. Que le gustó todo el espectáculo. Y un comentario en particular: lo bien que sonamos. Ese es mi objetivo. Estamos trabajando en eso.

CRÉDITOS
Fotos y dirección creativa: Individua
Vestuario: Alma Villarruel
Producción Ejecutiva: Pía Fernández Paz
Producción: Candela Pietragallo
Asistente de Producción: Rafael Patiño
Co-dirección creativa: Manuela Uribe
Asistente de Dirección: Guadalupe Guzmán
Dirección de Fotografía: Vanina Falcone
Gaffer: Quino Styslo
Eléctrica: Meli Kladniew
Asistentes de Fotografía Analógica: Sebastián Ángel
y Ariel Fiminela
Dirección de Arte: Gisela Sosa
DIT y retoque digital: Karen Pérez Vélez
Locación: Café Rivas