
Hace más de diez años, dos chicos de Bridlington decidieron probar suerte con la música. Lo que empezó como un juego terminó convirtiéndose en Seafret, un dúo de indie folk que ya tiene dos discos y que este miércoles 27 de agosto vuelve a Buenos Aires, esta vez en el Teatro Vorterix. Jack Sedman y Harry Draper se conocieron en 2011 durante una noche de karaoke en un bar. Ese primer encuentro bastó para encender algo que hoy suena en todos lados.
En 2014 y 2015 lanzaron sus primer EP, Give Me Something, y de repente, el dúo pasó de la costa de Yorkshire a los estudios y escenarios de Londres. Sin embargo, el fenómeno global llegó por vías inesperadas, canciones como “Oceans» y “Atlantis” explotaron en Tik Tok. “Fue extraño, es raro ver como millones de personas usan tu canción para sus videos, en ese momento nos dimos cuenta de que los temas ya no eran nuestros, sino que le pertenecían al público”, asegura Draper.
La digitalización potenció su alcance, pero también les exigió mantener la autenticidad. Las redes sociales multiplican, sí, pero la intimidad de sus canciones es lo que las hace atravesables. “Es un caos increíble, pero nos gusta. Saber que alguien en la otra punta del mundo conecta con algo que escribiste en tu cuarto… no tiene precio”, suma Harry.
¿Queda algo de ese mar fundacional detrás del nombre, o a esta altura es apenas una marca como cualquier otra?
Sí, seguimos muy ligados. Es el lugar donde crecimos y de donde venimos, y por más que ya no viva allí, cada vez que vuelvo siento que estoy en casa. Cambiarlo ahora sería extraño, hemos construido demasiado alrededor de eso.
Con el tiempo terminó por significar todo: cada canción de Seafret, el hecho de tocar juntos, la sensación de tener un espacio seguro. Es nuestra identidad, lo que hacemos y lo que somos. Para nosotros lo es todo, y me encanta.
Canciones como “Oceans» y “Atlantis» encontraron en la viralidad digital una suerte de impulso. ¿Cómo dialogan hoy con esa fugacidad tan propia de las redes?
Es una sensación increíble, aunque al principio es medio raro de asimilar. Cuando escribís una canción no pensás que la estás regalando al mundo, pero en realidad sí lo estás haciendo. No es fácil adaptarse. Somos bastante old school, así que cuando nos volvimos virales en TikTok, tuvimos que aprender sobre la marcha.
Con el tiempo le fuimos agarrando la mano, y ahora sirve para mostrar nuestra música y, sobre todo, para conectar con la gente que nos escucha. Poder contarles qué hacemos y compartir nuestro trabajo es lo que más importa. Hoy las redes son casi la única forma de difusión. Las necesitás, aunque a veces desearía no depender tanto. Pero también tiene su lado divertido: cada plataforma es un mundo distinto, un laberinto, y aprender a moverse en él se volvió parte del juego. Al final, hasta termina gustándome.
Hablando de “Oceans”, el video con Maisie Williams tiene un enfoque casi cinematográfico y les presentó a un público completamente nuevo. ¿Qué aprendieron de esta experiencia sobre cómo lo visual y la historia que contás puede potenciar la música?
Nos enseñó un montón. La canción ya estaba hecha, y que Maisie aceptara participar en el video fue increíble para nosotros, porque siempre la admiramos. Cuando salió, el video explotó en vistas y eso nos abrió puertas a un público mucho más amplio.
Fue una experiencia increíble y estamos súper agradecidos de que haya querido sumarse. Además, saber que ella es una fan de verdad hace que todo sea todavía más especial; poder compartir eso con ella fue genial.
¿Cómo hicieron para contactarla y lograr que se sumara al video?
Todo surgió a través del director del video. Tenía en mente a varios actores y quería ver si alguno se animaba a participar; nosotros no sabíamos quiénes serían. Entonces, de manera inesperada, Maisie tuiteó sobre la canción, diciendo que le encantaba Seafret. Quedamos en shock. Resulta que el director ya la había contactado, y ella aceptó de inmediato porque realmente le gustó la canción.
Están trabajando en música nueva… ¿Cómo manejan el proceso creativo cuando uno de los dos se siente inspirado y el otro no?
Sí, estamos en pleno proceso de grabación. El último año escribimos un montón y empezamos a estrenar nuevas canciones a principios de este.
Nos motivamos mutuamente, antes era más como subirse al mismo autobús y que uno arrastrara al otro, pero en este disco coincidimos en los momentos de creatividad. Eso hizo que todo el proceso fuera mucho más fácil y emocionante. Nos retroalimentamos constantemente, y cuando a uno le baja el ánimo, el otro lo levanta. Nos gusta tanto lo que hacemos juntos que nunca se siente como trabajo.
Llevan más de una década haciendo música juntos. ¿Cuál es el secreto para no desgastarse en el camino?
Mantenemos las cosas simples. Nos llevamos muy bien, somos como hermanos, y creativamente estamos siempre en sintonía. Nos sentimos afortunados por eso. La honestidad es clave, si algo nos molesta o no nos convence, lo charlamos. Cuanto más abiertos somos, mejor funciona todo. Nos evita malentendidos y peleas innecesarias: hablamos las cosas antes de que crezcan y se vuelvan más grandes de lo que realmente son.
Ahora regresan a Argentina después de tres días. ¿Cuál es la experiencia más extraña o memorable que recuerdan del público argentino?
Recuerdo que el show fue un caos increíble y el público cantaba a todo volumen. No solo “Oceans” y “Atlantis», cantaban todas las canciones, lo cual fue hermoso. La vez pasada estuvimos solo unas 16 horas en el país, desde que llegamos hasta que nos fuimos, así que no pudimos explorar nada. Esta vez sí tendremos tiempo y estoy muy entusiasmado por hacerlo.
¿Qué pueden esperar los fans del show de esta noche?
Vamos a tocar muchas canciones nuevas. Serán temas que nadie escuchó fuera de esta pequeña gira por Latinoamérica. Y, por supuesto, también tocaremos todos los clásicos. Estamos ansiosos de que llegue el momento.