El rock nació con una guitarra en la mano, sí, pero también con una cámara lista para disparar. Desde sus primeros pasos, la fotografía fue parte del relato, jugando un papel central en la construcción de la identidad del género. ¿Cómo imaginar a Charly García sin las tomas de Maximiliano Vernazza? ¿Cómo reconstruir el último show de Luca Prodan sin ese archivo que sobrevive en el documental Fuck you!? ¿Cuántas tapas de discos, remeras y pósters le debemos a quienes supieron apretar el obturador en el instante correcto? Porque, al final, fue ese testimonio el que le dio cuerpo y alma a una música que, sin imagen, nunca habría sido la misma.
En Argentina, pensar la historia cultural sin su archivo visual sería como pretender leer una novela arrancándole las páginas impares. La fotografía no solo acompañó su desarrollo, sino que se convirtió en un componente esencial de su narración. En un país marcado por dictaduras, exilios y cambios sociales, el retrato funcionó como una forma de inscribir rebeldía, deseo y pertenencia en la memoria nacional. Con el regreso de la democracia en 1983, la práctica entró en una nueva etapa de profesionalización. Surgieron medios especializados, se incrementaron los recursos y se posicionaron referentes que marcaron una nueva escuela: Andy Cherniavsky, Gabriel Rocca, Eduardo Martí, Hilda Lizarazu, José Luis Perotta, entre otros.
La cámara dejó de ser un recurso auxiliar y pasó a ser parte del dispositivo de identidad de un grupo, en diálogo con la moda, las influencias estéticas globales y el pulso del mercado. La década del '90 potenció esa era, al calor del crecimiento de la industria musical y la masificación del consumo. Los recitales de Los Redondos, Soda Stereo, La Renga o Divididos empezaron a ser abordados desde lo fotográfico como eventos culturales totales. Aparecieron técnicas, lenguajes y una mirada cada vez más compleja sobre lo que significaba mostrar el rock.
Cada 19 de agosto se celebra el Día Mundial de la Fotografía como una forma de contar lo que no se puede poner en palabras. Para conmemorarlo, elegimos imágenes del rock nacional, acompañadas por las voces de quienes estuvieron del otro lado del lente.
Gustavo Cerati por Nora Lezano

"Un domingo estaba de visita en casa de mis padres, en Tapiales. Sonó el celular, contesté y escuché: 'Hola, Nora. Soy Gustavo Cerati. Mucha gente me habló de vos, quiero hacer fotos con vos'. Ahí nomás pensé que era una broma de un amigo (gran imitador de la voz de Gustavo). Pero no era ningún chiste. Gustavo me explicó que necesitaba hacer las fotos de prensa de 'Bocanada', que las del disco las había hecho Gaby Herbstein.
Mientras él hablaba, yo no podía evitar recordarme a mí misma, con el uniforme y las carpetas abajo del brazo, rateándome del colegio de monjas, esperando a que Cerati entrara a su casa, paradita en la esquina de Heredia y Giribone, en la plaza 14 de Julio, solo para verlo pasar. Cuando cortamos, un llanto largo de emoción asustó a mis padres. Debo decir que soy fan de la primera hora de Soda Stereo.
Hicimos las fotos en un estudio el 23 de junio de 1999. Después de ver las miniaturas en las hojas de contactos (era la época de los rollos de negativo), me dijo: 'Es la primera vez que me reconozco en fotos. Y no hablo de verse lindo o feo, sino de reconocerse'. Y me besó las manos.
Por todo esto, este retrato es tan especial para mí" - Nora Lezano
Luca Prodan por Aspix

"Allá por el demencial 1985, Timmy McKern, histórico mánager de Sumo, me llamó por teléfono para encargarme la realización del afiche de vía pública del show que planeaban hacer en el Teatro Astros.
Nos juntamos una tarde de noviembre en mi estudio, Subway Photo. El caos, como era de esperarse, fue absoluto. No era para nada fácil tenerlos a todos juntos dentro de la galería de tomas por un largo rato. Cada vez que cambiábamos el encuadre, seguro desaparecía alguno.
Por entonces, con 25 años de edad, yo fotografiaba para tres revistas, era mánager de Suéter -con tres shows por fin de semana- y me ocupaba de la programación de Látex Neo Bar, donde tocaban Los Redondos, Sumo, Fricción y muchas otras bandas de la época.
Ser fotógrafo solamente no garantizaba en absoluto el sustento, y había que trabajar en otras cosas.
En más de cuarenta años de carrera en la fotografía de rock hice muchísimas fotos y, por cierto, algunas muy queridas por mí, pero esta fotografía en particular, con su extenso camino recorrido, es sin duda la que encabeza mis preferencias. No se trata de lo estrictamente técnico, ya que el equipamiento con el que contaba era paupérrimo. Esta imagen representa en mí el big bang. El momento en que supe que iba a ser fotógrafo por el resto de mi vida" - Carlos Giustino | Aspix
Charly García por Andy Cherniavsky

"Esta foto es uno de los retratos del disco Peperina de Serú Girán, tomada en 1981. Fue un verdadero lujo para mí participar en el arte interior del álbum. Era uno de mis primeros trabajos profesionales: todavía no tenía estudio, así que armé uno improvisado en el living de mi casa.
Todo era juego y entusiasmo. La química entre los Serú era increíble, y estaban felices con la culminación del disco. Las fotos terminaron transmitiendo exactamente eso: la energía, la confianza y el momento que estaban viviendo.
Para mí significó el inicio de mi relación con la iluminación de estudio. Es un retrato icónico de Charly y también mi debut como fotógrafa en la escena del rock argentino.
Creo que la imagen anticipa lo que sería la banda: su sonido, su estética y la vibra magnética que irradiaba especialmente Charly García" - Andy Cherniavsky
Adrián Dárgelos por Martin Bonetto

"La expuse en varias muestras en Argentina, México, Estados Unidos y España, y también forma parte de mis dos libros: FOTORRAGIA y Babasónicos. Fotografías de Martín Bonetto. Esa imagen fue el punto de partida de una serie que hice con Dárgelos, el cantante de Babasónicos. La idea surgió casi sin planearla. Estábamos en el Festival San Pedro Rock, en 2003. Antes del show, encontré un baño a unos 300 metros del camarín: un lugar impresentable, sucio, como recién dejado por mil borrachos. Fui a buscarlo y le conté mi idea. Él accedió enseguida, pero me advirtió que tenía que ser ya, porque en pocos minutos salía a cantar. La hicimos rapidísimo.
Él estaba impecable, vestido con un traje blanco, como si nada de ese entorno pudiera rozarlo. Levanté la cámara e hice la foto.
A partir de ese momento, cada vez que nos cruzábamos con un baño que valiera la pena -por raro, por feo, por simbólico- hacíamos otra imagen. Así nació una serie espontánea e íntima, entre la mugre y la elegancia del rock.
En el prólogo de FOTORRAGIA, el único texto del libro, Dárgelos escribió:
'Ver perlas en los charcos del under no es común y estar en tres lados a la vez tampoco. Desde hace mucho que Martín está ahí, y nos observa'. Estar ahí, encontrar belleza donde parece que no la hay… creo que eso resume bastante bien lo que busco en mis fotos" - Martin Bonetto